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1810-1910-2010
La Historia sigue
El pueblo decide
 

JULIO 2010
.:: Editor
Pablo Moctezuma
::.
 
 
No.253
noviembre 2009

70 AÑOS DE LA INVASIÓN NAZI CONTRA POLONIA


La traición de seguir falsificando la historia

Este añ0 2009, el 1 de septiembre fue el LXX aniversario de la invasión de Polonia por la Alemania nazi. Para los elementos más reaccionarios de la sociedad, éste y el LXX aniversario del pacto de no agresión germano-soviético del 23 de agosto son la ocasión para repetir las falsedades históricas originalmente difundidas por los nazis y sus aliados de todo el mundo. Si la historia misma ha refutado estas falsificaciones una y otra vez, ¿por qué ahora se vuelven a difundir? Esto sólo puede deberse a los mismos motivos por los que se difundieron hace 70 años: para crear confusión masiva a nivel ideológico a fin de que la gente acepte su dominación y rechace ideales progresistas y democráticos.

Asimismo, el  22 de agosto el periódico The Globe and Mail publicó un artículo, The treachery that won’t stop haunting Europe (La traición que no dejará de perseguir a Europa), escrito por Robert Lawson. El artículo de Lawson se publicó un día antes de que el Consejo de Europa propusiera el "Día europeo de conmemoración de las víctimas del estalinismo y el nazismo". Por medio de mentiras y desinformación, apoyándose en afirmaciones que principalmente provienen de fuentes nazis, el artículo intenta hacer creer que el pacto de no agresión germano-soviético de 1939 "causó" la Segunda Guerra Mundial, concretamente, dando "carta blanca" a los nazis para que invadieran Polonia. Curiosamente, el autor omite mencionar que Polonia había firmado un pacto de no agresión con Alemania en 1934 y que Gran Bretaña y Francia habían emitido una declaración conjunta de no agresión con los alemanes en 1938. ¿Si estaba bien que Polonia, Gran Bretaña y Francia firmaran pactos de no agresión con Alemania, por qué no la Unión Soviética?

El artículo de Lawson no dice nada nuevo. Sólo recita de memoria la vieja propaganda antiestalinista y anticomunista que ha sido difundida a lo largo de decenios. En Causes and Lesson of the Second World War (Causasy lecciones de la Segunda Guerra Mundial) (1990), Hardial Bains señala: "Lo que los comentaristas de diversa índole están tratando de insinuar es que hay que culpar por igual a Hitler y Stalin, a Alemania y la Unión Soviética de la invasión y destrucción de Polonia… No hay nada nuevo acerca de esta propaganda. Se trata de lo mismo que hicieron los nazis durante la guerra misma, los reaccionarios polacos y los apaciguadores ingleses, franceses y estadounidenses de la época que querían pactar con Hitler" (pp. 47-48).

En su artículo, Lawson procura apoyar su argumento citando acontecimientos aislados sin relacionarlos  en una explicación coherente del contexto histórico, como si el pacto de no agresión germano-soviético hubiera caído del cielo, provocando la invasión de Polonia, otro suceso misterioso cuyo motivo no fue otro sino el de que Hitler "asegurara su flanco este". En contraste con este enfoque ahistórico, en Causes and Lesson of the Second World War, Hardial Bains explica: "Los factores que crearon las condiciones para que Hitler atacara Polonia son numerosos. Sus orígenes pueden encontrarse en la conclusión de la Primera Guerra Mundial, que fue una guerra entre magnates imperialistas ladrones por un nuevo reparto del mundo. Con la victoria de las fuerzas anglo-francesas, se impuso a Alemania el Tratado de Versalles, a fin de animar a los imperialistas anglo-franceses a recrudecer su dominación en Europa y las colonias. Las injustas y punitivas reparaciones de guerra impuestas a Alemania causaron el colapso económico y tremendas penurias al pueblo alemán. Hitler explotó el descontento popular en su ascenso al poder" (pp. 55-56).

Después de aclarar cómo los capitalistas monopolistas estadounidenses reconstruyeron en forma sistemática el poder económico y militar de Alemania después del Tratado de Versalles, viendo en la Alemania nazi su "pistola para atemorizar y dominar a toda Europa y destruir a la Unión Soviética socialista", Hardial Bains sigue explicando: "Al atacar a Polonia, Hitler simplemente obedecía la política anglo-estadounidense de seguir hacia el Este (nota: para atacar a la Unión Soviética ) y ponía en práctica su plan, esbozado en Mein Kampf, de aumentar el "espacio vital" de Alemania, apoderándose de Ucrania, como parte de su proyecto para esclavizar el mundo entero. Después de todo, para septiembre de 1939, Alemania era ya un país que tenía una historia de agresión. Ya había ocupado Austria e invadido Checoslovaquia, convirtiéndose en el país más poderoso de Europa. La Unión Soviética hizo un llamamiento a las dos principales potencias no agresivas de Europa, Gran Bretaña y Francia, para que firmaran un pacto colectivo de asistencia mutua que, de haberse firmado, habría podido salvar a Europa de la Segunda Guerra Mundial o, por lo menos, garantizar que la guerra fuera más corta y menos destructiva. No se tenía la intención de que fuera un pacto de no agresión. Sería un tratado que garantizaría la asistencia mutua en caso de que uno de estos países fuera atacado por la Alemania de Hitler. Todos los esfuerzos de la Unión Soviética por establecer, en esos momentos, este pacto de asistencia mutua fracasaron" (pp. 57-58).

En el artículo de Lawson se alude, pero sólo como mera digresión, al acuerdo que en realidad selló el destino de los pueblos de Europa. Se dice que: "Una serie de errores garrafales diplomáticos en los años 1930, muy en particular el Acuerdo de Múnich de 1938, no pudo tranquilizar a Hitler". Entonces, el tristemente célebre pacto de Múnich entre Hitler, Mussolini, Gran Bretaña y Francia, qué debía supuestamente traer "la paz para nuestros tiempos", ¿sólo fue un error diplomático garrafal? No, era  una continuación consciente, como lo menciona el propio Lawson en su artículo, de la prolongada política para apaciguar a Hitler que siguieron Gran Bretaña y Francia durante los años que precedieron a la invasión de Polonia. La política anglo-francesa de apaciguamiento contrastaba francamente con los esfuerzos constantes de la Unión Soviética por edificar una seguridad colectiva contra Hitler a través de tratados de asistencia mutua, así como con la rápida formación, en numerosos países, de un frente unido de los pueblos contra el fascismo.

Los imperialistas anglo-franceses rechazaron las propuestas reiteradas de la Unión Soviética de establecer una seguridad colectiva porque esperaban que al reconciliarse con los nazis podrían incitar a Hitler para que atacara a la Unión Soviética. Incluso después de la invasión nazi de Polonia en 1939, el "apoyo" de Gran Bretaña a Polonia nada más se reducía a condenar a Alemania en la radio y a una declaración de guerra; en realidad, el período de los ocho meses que siguieron se conoció como la "guerra falsa". Además, ningún soldado británico puso los pies en suelo polaco durante seis años. En cuanto a la ayuda de Francia a Polonia, debido a la traición interna, en menos de un año Francia se rindió a los nazis, literalmente sin combatir, aunque las tropas de Francia eran cuatro veces más numerosas que las de Alemania.

Los cuatro países, Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña, firmaron en Alemania, el 29 de septiembre de 1938, el infame Acuerdo de Múnich. Con el pacto entre estos cuatro países se continuaba la política anglo-estadounidense de apaciguamiento al conseguir que Gran Bretaña y Francia aprobaran las demandas de Adolfo Hitler. Esto fue denunciado públicamente, incluso por algunos de los propios líderes de Gran Bretaña, incluidos Churchill, que lo calificó de "derrota sin guerra", y Lloyd George. Hardial Bains explica: "Este episodio vergonzoso de la historia de estos países no es objeto de la misma propaganda que ahora se hace contra el pacto de no agresión firmado entre Stalin y Hitler. Es en la traición, consumada por Inglaterra y Francia en Múnich, donde quedó sellado el destino de los pueblos de Europa. La consiguiente anexión del Sudetenland por Hitler destruyó el sistema de defensa de Checoslovaquia e hizo inevitable que Hitler ocupara toda Checoslovaquia. El sacrificio de Checoslovaquia fue, para fines prácticos, la declaración de Inglaterra y Francia de que no se aliarían a la Unión Soviética. La política de Inglaterra y Francia, e incluso la de Canadá en esos momentos -de lo cual dan testimonio los diarios del en aquel entonces Primer Ministro, Mackenzie King-, era empujar a Hitler hacia el este y finalmente hacer que atacara a la Unión Soviética" (p. 58).

En su artículo, Lawson también saca a relucir los así llamados "protocolos secretos" relativos al pacto de no agresión germano-soviético, que supuestamente contenían un acuerdo sobre cómo Hitler y Stalin iban a dividir Polonia y asignar ciertas "esferas de influencia" a cada país. De nuevo, ésta es la vieja propaganda nazi. Si había un "acuerdo" para repartirse Polonia, ¿cómo explicar que la Unión Soviética haya sido el único país que retiró sus fuerzas armadas de todas las regiones que liberó durante la Segunda Guerra Mundial, incluida Polonia? Hardial Bains señala: "Los hitlerianos llevaron un supuesto protocolo a los procesos de Núremberg para justificar su agresión contra Polonia, pero fue rechazado por fraudulento. La firma de Molotov era, con toda evidencia, una falsificación y la Unión Soviética rechazó estos documentos 'secretos' con absoluto desprecio, como lo hicieron otros. Ahora, estos mismos documentos se sacan a relucir como 'auténticos' y como un 'descubrimiento' que, supuestamente, pone al descubierto los 'diabólicos planes de Stalin'" (p. 27).

El pacto de no agresión germano-soviético estipulaba simplemente que Alemania no atacaría a la Unión Soviética y la Unión Soviética no atacaría a Alemania. La Unión Soviética no se hacía ilusiones acerca de las intenciones de los nazis y firmar el pacto le daba 22 meses más para desarrollar su defensa. Cuando Alemania atacó a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, el pacto fue anulado inmediatamente y, como la historia lo muestra, la Unión Soviética desempeñó, así, un papel principal en terminar con los perversos sueños nazis de conquistar el mundo.

En el artículo de Lawson salta a la vista, además, la finalidad de omitir el crudo hecho de que la invasión nazi mató a seis millones de ciudadanos polacos. Éste, aparentemente, es un hecho sin consecuencias, del que no vale la pena hablar. En cambio, se recita de memoria la bien conocida mentira de que los soviéticos ejecutaron a 15 000 oficiales polacos (¡a los que en el artículo de Lawson se les llama "intelectuales"!) en el bosque de Katyn. Esta historia se ha repetido una y otra vez exactamente como Goebbels dijo que debían decirse las "grandes mentiras". Como lo señala Hardial Bains: "Toda la historia acerca de que los soviéticos fusilaron a los oficiales polacos y los enterraron en fosas comunes en el bosque de Katyn fue presentada al mundo a mediados de abril de 1943 por la máquina propagandística de Goebbels… Durante la guerra, los aliados reconocieron que fueron los nazis quienes habían cometido este crimen. En 1944, el embajador estadounidense Harriman envió a su hija Kathie Harriman a Katyn, durante una investigación soviética de estas ejecuciones. Ella avaló las conclusiones de los soviéticos. La evidencia circunstancial, por sí misma, culpaba a los nazis. El método de exterminio era la práctica usual de los nazis. Las víctimas cavaban las fosas comunes y luego venían los fusilamientos masivos. A los polacos los mataron con balas alemanas. Nadie pudo explicar por qué los soviéticos matarían a estos hombres en 1940 cuando la Unión Soviética estaba en paz" (pp. 31-32).

Los imperialistas y la burguesía reaccionaria tienen varias razones para seguir falsificando la historia e intentar culpabilizar a Stalin. Primero, están desesperados por preservar el statu quo y aterrorizados por la idea de su derrota. El comunismo moderno es su mayor temor y éste es tan grande que incluso les da miedo que alguien hable del comunismo moderno. Segundo, procuran desorientar a los trabajadores y a la juventud e impedirles que conciban la posibilidad de un futuro prometedor y los medios para lograrlo. Quieren asustar a los ingenuos, justificar la reacción y hacer la promoción de reformas reaccionarias en nombre del cambio. Tienen la esperanza de poder mantener al pueblo atemorizado para que renuncie a su deseo de lograr un cambio revolucionario. Tercero, esto forma parte de su ofensiva antisocial mundial contra el cambio y lo nuevo. Esto comprende el establecimiento de una alianza atroz con quien quiera unírseles, incluso con los elementos más reaccionarios del pasado y del presente. Cuarto, es un intento por desviar la atención de sus propios crímenes cometidos en nombre de la "democracia", así como un pretexto para cometer otros crímenes contra el pueblo. Quinto, es un intento por volver a colocar el anticomunismo en el pedestal de donde fue derribado durante la Segunda Guerra Mundial gracias a la enorme contribución de la Unión Soviética a la derrota del fascismo. Quieren usar a J. V. Stalin, la Unión Soviética y el comunismo como chivos expiatorios de los problemas del mundo que ellos mismos ocasionaron.

Al aclarar los hechos históricos, Hardial Bains hace un ajuste de cuentas a los intentos de quienes tratan de falsificar la historia con sus diatribas anticomunistas: "Ahora, los así llamados gobiernos democráticos en Canadá, los Estados Unidos y otros países repiten todas las acusaciones fascistas contra el comunismo, contra la gente respetada del mundo que en realidad luchó contra el flagelo del fascismo, esa gente que ha sido amada por todo el pueblo explotado y oprimido del mundo, que sirvió de bastión contra el azote nazi, sobre todo J. V. Stalin. A pesar de eso, los pueblos de los países que vieron el flagelo del nazismo recuerdan con gran respeto el nombre de J. V. Stalin. Se acuerdan de las hazañas del Ejército Rojo y las fuerzas antifascistas. Vieron lo que el Ejército Rojo y las fuerzas antifascistas hicieron para proteger a los pueblos" (p. 29).

(Bains, Hardial. Causes and Lesson of the Second World War. Marx, Engels, Lenin, Stalin Institute, Toronto, 1990)

 

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