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EL ATENTADO, DE YASMINA KHADRA
tihui gutiérrez
Este libro le pertenece al ex oficial superior del estado mayor argelino: Mohamed Moulessehoul, quien adopta el seudónimo de Yasmina Khadra, porque “al escribir con mi propio nombre me autocensuraba y no me atrevía a abordar los temas de la verdad. Lo que era vital para mí era escribir, pero hasta que no adopté el seudónimo no descubrí mí verdadera dimensión de escritor. En 1989 el ejército me impuso un comité de censura y como no quise someterme a ello opté por utilizar un seudónimo y femenino, ya que la mujer fue la primera en denunciar el integrismo en Argelia, ella ha sido la primera víctima, ha sido objeto de violencia, secuestro y asesinatos en mayor grado. Yo confío en mí mismo y en mi consciencia. Creo que el hombre que es capaz de ser amigo de su consciencia es un hombre que tiene en sus manos su propia salvación”.
Y ya lo creo, en El Atentado, nos somete a un vertiginoso, profundo y perturbador examen de consciencia.
La trama versa sobre una pareja de origen palestino que vive en Tel Aviv. Tienen diez años de casados, sin hijos, él, Amín, un médico cirujano notable, ella, Sihem, una joven, enamorada sin ataduras religiosas.
Un atentado terrorista hace que el doctor Amín descubra, entre los múltiples muertos y sobrevivientes que llegan a su hospital, a su mujer materialmente desbaratada. Sihem, su joven esposa ha sido quien se inmoló, abrazada de explosivos, como kamikaze suicida.
Dolor, espanto, desconcierto y mil sensaciones invaden a Amín ante un hecho tan atroz. No lo puede admitir, se resiste a reconocer que su mujer haya sido la autora de la masacre. Una carta de despedida escrita el día anterior por propia mano lo hace descender hasta el infierno de esas escenas dantescas, dudar de su historia con su compañera de siempre, de desconocer hasta sus vivencias, todo le es inverosímil, aterrador, abyecto. Obscuro.
La primera reacción del médico es pensar que a su mujer le lavaron el cerebro los fanáticos de la causa palestina, todo es demasiado duro y cruel para aceptar incluso, pese a revelar sus intenciones a través de la carta de despedida, que ella verdaderamente haya sido auténtica dueña de sus convicciones.
A partir de ahí se le viene encima al doctor Amín toda su vida: todo le es irracional: es repudiado por sus compañeros, su historia personal es inaprehensible, la culpabilidad se le instala como una segunda piel, su profesión, salvar vidas, antagoniza con el odio y la destrucción que efectuó su mujer, la violencia, la deshumanización en su entorno, el integrismo, la soledad, el desarraigo. Un calvario.
El Atentado, es un viaje muy perturbador. El autor hace hablar a los pacifistas y a los desesperados suicidas, y a nosotros lectores nos estruja situándonos en todos los puntos de vista, profundiza en las razones que conducen que alguien llegue a perpetrar algo tan extremo, como autoinmolarse, denuncia la simulación, “que la gente conecte con lo que está pasando y recupere la lucidez, dice Khadra, para quien sus novelas no hablan de terrorismo sino de la fragilidad humana, y cómo poder salir de la trampa del odio y la intolerancia”.
El final del libro, después de la vorágine emocional que sufre el personaje hay un cambio radical en él: ya no tiene miedo y reproduce la historia de la humanidad en su persona, violencia y confrontación.
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