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OSIEL, VIDA Y TRAGEDIA DE UN CAPO, DE RICARDO RAVELO
tihui gutiérrez
Diría que apasionante el trabajo de investigación periodística de Ricardo Ravelo si no fuera porque se podría escuchar un poco perverso por lo escalofriante del tema: el narcotráfico, profesión adoptada por el capo del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén. Pero, cómo se define la sensación que trasmite Ricardo Ravelo a medida que nos descubre pormenorizadamente cómo surge, de la nada, un hombre que empieza como sicario y termina construyendo un imperio que llegó a ganar cerca de 10 millones de dólares mensuales, que dependían de él cerca de 200 personas, (y dependían no solamente sus ingresos sino hasta su integridad porque éste hombre temerario discernía sobre la vida de las personas), cruel, frío, sanguinario, que llegaron las autoridades norteamericanas a ofrecer dos millones de dólares por su cabeza.
Un hombre que vivió en vilo años y años temiendo que lo delataran, asesinaran, durmiendo en diferentes sitios muchas noches, enloquecido con su poder, sus mujeres y la coca que él mismo revisaba y mientras se aficionaba, a las dos. Un hombre que traicionó, a sus más entrañables y no, que lloraba por el desamor de una mujer enfrente de la gente, mientras escogía a varias como si fuesen un pedazo de carne cualquiera con cierta temperatura, un hombre que rompió el inamovible código entre narcos de no desaparecer la familia de un enemigo, un hombre violento, cruel, execrable. Un tipo que supo aprovechar que Ernesto Zedillo, en su desesperación -¿o colusión?, sugiere Ravelo- por la lucha contra el narco delegara en el ejército labores propias de la policía, delegando la estructura, organización y estrategia y como dice: “el narco paga más” fácil determinar en dónde acabaron los cuadros.
“ Nadie sabe si en el origen de Los Zetas el propósito consistió en implicar de lleno al ejército en el narcotráfico como un proyecto articulado por el Estado, de manera que sólo la Presidencia de la República manejara los hilos del narco. Lo cierto es que el proyecto de Ernesto Zedillo de involucrar a los militares en la lucha antidrogas da pie a ese paramilitarismo asociado con el narcotráfico y con la más tortuosa pesadilla que jamás haya vivido el país, cuya democracia flaquea porque sigue atada a una vieja dictadura: la del narco”.
Sí, el narcotráfico es la radiografía del país, Osiel Cárdenas Guillén es el skanner de su sistema de justicia, especialmente de sus estructuras policíacas y sus agencias de seguridad. Si no hubiera esa enorme corrupción, -narco impune-, no habría ese negocio redondo –dinero y sangre-, y además imbatible.
Ha sido una lucha infructuosa, ha sido una escenografía para legitimar un gobierno de facto, ha sido una mascarada para encubrir negocios, especialmente entre el gobierno mexicano y el crimen organizado, ha sido una farsa sangrienta que ha costado más de 19 mil muertes.
Varios expertos han sugerido que se negocie, que se llegue a un trato, por muy repugnante que suene, pero es una guerra perdida, una descomposición dolorosa que no conduce más que a un deterioro aún más brutal. Hay quien se rebela porque es un pretexto para más planes Mérida, cuando la demanda inconmensurable es por parte de Estados Unidos y los mexicanos ponemos la sangre y que siga viviendo la simulación mientras perdemos más soberanía.
Hay quienes pensamos que la guerra tendría que ser contra la pobreza, contra el desempleo, contra la desolación del campo, presupuesto para educación y no helicópteros y armas: farsa ante un verdadero fracaso de antemano. Si no legalizar, por lo menos regular, si no congelar las cuentas del cártel de Sinaloa, o el del Golfo, Cártel de Juárez, o el de Tijuana, o el de los Hermanos Amezcua, producto de sus utilidades y la corrupción, por lo menos delimitar quién puede producir, bajo qué controles, “limitar zonas de actividad de los cárteles, no operar en escuelas, no extender sus actividades como son el secuestro y la trata de personas, limitar su violencia”, como sugiere Lorenzo Meyer.
La demanda es infinita y es norteamericana, parte de la ruta es Colombia y algún arreglo hizo que no hay tanta desolación y violencia y sus estándares de producción no se han movido un ápice ¿y México?
La guerra contra el narco es una escenografía tiene los más abyectos fines políticos. Como dice Ricardo Ravelo: “la guerra contra el narco opera con protección política, de otra manera no se explica su poderío”.
La verdad es que el crimen organizado está muy bien organizado, es muy profesional y aunque pierdan a algún cuadro importante, bastante remoto, siempre son peces flacos, tiene una habilidad para reacomodarse y un infinito talento para nuevas alianzas.
“En Guerrero se estaba gestando una alianza entre el narcotráfico y fuerzas del gobierno para desaparecer líderes sociales, -declararon Jacobo y Gloria, ex dirigentes del ERPI, recién salidos de la cárcel después de casi una década-, el objetivo limpiar la zona de aquellos personajes que obstaculizan el gran negocio de la siembra de mariguana, de donde extraen la goma de opio y la transforman en heroína”.
El ERPI y el Ejército Popular Revolucionario (EPR) en Guerrero, lo mismo que el EZLN en Chiapas han declarado que “no están de acuerdo con que en sus zonas de influencia se produzcan enervantes, y han establecido duras políticas para expulsar de sus organizaciones a quienes incurran en el narcotráfico.
Nada más incómodo para los diferentes grupos de narcotraficantes que estén lidiando con la guerrilla, por eso, según el ERPI, se han aliado con las fuerzas gubernamentales y han contratado a sicarios para eliminarlos”.
Y mientras la doble moral impera satanizando además a bandas gruperas (Los Tucanes de Tijuana, Los Huracanes del Norte, El Coyote y su banda, Los Cardenales, Los primos de Durango, Las águilas del Norte, El potro de Sinaloa) por hacer apología del crimen y no un retrato fiel de nuestra realidad.
De paso: hay una novela a las 10 y media de la noche toda la semana, colombiana, por gala isión canal 9, que se llama Sin senos no hay paraíso, debiéndose llamar: Sin tetas no hay paraíso, pero ya sabemos sobre el puritanismo de la mustia televisión, en fin…es una producción cuidadosa, bien recreada sobre adolescentes colombianos que al no tener escuela o trabajo, no tienen más futuro que volverse sicarios o prostitutas al servicio del narcotráfico.
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