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LA ALFARERÍA VOTIVA DE LOS TARASCOS
Raúl García García
El autor nace en Michoacán, en pleno régimen cardenista, el 17 octubre 1936, siendo presidente el General Lázaro Cárdenas del Río quien es el mexicano que logro materializar los derechos que habiendo garantizado la constitución del 17 habían sido escamoteados a nuestro pueblo y país por los sucesivos regimenes posrevolucionarios. En su período sexenal, la Revolución Mexicana dio sus mejores frutos. Es evidente que nuestro artista es un fruto de ese proceso social positivo y avanzado que se expreso en un gran desarrollo de nuestro país en todos los niveles incluido el cultural y artístico y que desde la década de los veinte, dio luz a una poderosa corriente pictórica que impacto al mundo entero y que tuvo a sus maestros a Rivera, Orozco y Sequeiros y en Michoacán a Alfredo Zalce.
Raúl García perteneció toda su vida a esta corriente, y mantuvo su congruencia, aún contra la corriente, cuando en los sesentas se desarrolló impulsado desde Washington y las elites reaccionarias un movimiento artístico dirigido a destruir el poderoso impulso a la conciencia popular, el gran alimento a nuestra autoestima colectiva que representaba al arte popular revolucionaria, fomentando “la ruptura” y patrocinando a camadas de artistas que fomentaron el individualismo, la evasión de la realidad, el subjetivismo abstracto y lejano de los intereses y gustos populares. Raúl García, no fue un artista de “moda”, sino uno que abrevó de nuestras profundas raíces, de la cultura y tradiciones populares. Fue alguien que reconoció los frutos de la Revolución Mexicana, uno de ellos fue la creación en 1914 en pleno proceso revolucionario de la Escuela Popular de Bellas Artes, donde él estudio, dio clases desde 1964 y dirigió en 1985-89.
Raúl García, nació en Morelia, y fue un autentico michoacano, un patriota mexicano que nos regalo la estupenda escultura de Lázaro Cárdenas y un gran latinoamericanista, lo que se refleja en las estatua de Zapata que esculpida por él se instalo en La Habana, Cuba, y como contraparte la esfinge de José Martí que creo y hoy se encuentra en Morelia.
En el ámbito cultural, siguiendo la línea de Alfredo Zalce se interesó profundamente tanto en el pueblo indígena como en el pasado precuauhtemico, y las raíces profundas de México. El autor se da la misión de preservar cultura, tradiciones, costumbres, dar continuidad a una tradición pero además tiene el mérito de incluir una nueva mirada al arte Tarasco, lo que hace de éste libro un texto innovador en el que disfrutamos sus estupendas pinturas de un colorido y arte excepcionales y exquisitas.
Este libro nos enlaza con lo nuestro, con la artesanía que se genera en Michoacán y que goza de un presagio a nivel nacional e internacional pues es de lo más bello y refinado que se produce en México y todo se lo debemos a nuestra raíz indígena. Por esa razón Raúl García recorrió museos y colecciones particulares para rescatar del olvido y mostrarnos en todo su esplendor la alfarería votiva de los tarascos. Escultor y pintor, nos presenta en fotografía y en preciosas pinturas de su propia realización la belleza y creatividad de nuestros ancestros plasmada en la cerámica tarasca.
Raúl García estudia las ollas o vasijas que ayudaban al ser humano en la vida y en la muerte, en vida le seria para preparar y conservar sus alimentos, en la muerte la vasija fue la urna funeraria que acogía sus cenizas. En las ollas producidas por la cerámica de Tzintzuntzan se muestra la exquisita sensibilidad artística del pueblo y su cultura singular producto de la unificación de las distintas tradiciones cerámicas provenientes de los diferentes pueblos que se unieron: los uriendetiecha, los zacapuhireti, los uanacase, los eneami y los uacusecha.
Axial “García reivindica a un pueblo que tenía un intuitivo y profundo sentido del equilibrio en la naturaleza y del deber del ser humano en mantenerla constante para el bien de todos” y combatió la segregación de los valores étnicos de nuestros pueblos que han sido condenados por regimenes injustos proponiendo un horizonte al convocarnos a la lucha por un futuro:
Dice García: “No olvidemos que la gran lucha se deberá encaminar contra aquellos impedimentos de orden económico y político de sistemas viciados de origen, que no han permitido el desarrollo de las clases desposeídas y tradicional mente explotadas y esto en nuestra opinión no se podrá lograr nunca con movimientos excluyentes o parcializados sino sumando esfuerzos con las corrientes progresistas del país que lucha por lograr un México en donde todos quepamos con equidad y justicia y que sin perder nuestros orígenes étnicos y regionales sirvan para enriquecer en la pluralidad a la patria mexicana para consolidar algún DIA ni muy lejano la gran patria latinoamericana.
García rescata el concepto de la plurinacionalidad para México, en cuyo espacio desde su origen estuvo habitado por numerosos pueblos de origen diverso. Nuestro territorio, hoy mexicano, estuvo poblado por decenas de naciones indígenas originarias que durante miles de años desarrollaron una notable cultura y un arte original. Las aportaciones de las naciones indígenas a la cultura universal son remarcables y muy diversas, y al rescatar el arte cerámico tarasco, García contribuye al rescate del arte michoacano, y de una de las principales naciones originarias de México.
Desgraciadamente – como lo señala Raúl García García - la óptica unilateral del invasor español se enfocó casi exclusivamente en el pueblo mexica, y en como denominaban ellos a otros pueblos y lugares en lengua nahuatl que era la lengua franca en esa época Así pues Michoacán proviene del nahuatl michin-pez hua-tener can-lugar traduciéndose como Lugar de los pescadores. Hoy es preciso rescatar la gran herencia de cada uno de los pueblo indígenas originarios, como se hace en este libro con el pueblo tarasco, y no solamente del pueblo mexica, y de la visión que ellos tenía de otros pueblos, que se manifiesta claramente en el hecho de que los llamamos como ellos, en su lengua nahuatl los denominaban y no como los pueblos se identificaban a si mismos.
Aunque actualmente se ha generalizado el gentilicio “purepecha” Para titular su libro La Alfarería Votiva el maestro García llama a los habitantes de Michoacán Tarascos y no Puerpechas. Para denominar a los antiguos habitantes de Michoacán, García rescata el término Tarasco, que aparece en el titulo de la obra que hoy presentamos. Raúl García investigo que el nombre Tarasco proviene de la referencia de Sahagún que reportó que “su dios que tenían le llamaban Taras y Tarasques a los habitantes. Sin embargo el autor sostiene que los habitantes de Michoacán no se identificaron a sí mismos como Tarasques, y que se conocen como Tarasques por ser ésta forma en que los reconocían los informadores aztecas, aún antes de la invasión española.
También menciona que Taras no era la única deidad ya que los diferentes clanes tenían deidades patronales diferentes y que pudo ser una imposición de los traductores mexicas.
A finales del siglo XIX el antropólogo y explorador danés Carl Lumholtz – expone García – escribió que los Tarascos nunca se aplican ese nombre, sino el de purepechas e indica a diferencia del fraile Sahagun, que Tares significa anciano venerable mientras que Tarasco significa yerno.
Cita Raúl al doctor Nicolás León: quien indica que según Fray Juan Bautista de Lagunas; Tarascue significa mi suegro o suegra o yerno y en cuanto a Purepecha su significado es dado por Gilberti y se traduce como Macehual, plebeyo o con mas propiedad vasallo por lo que no se puede convenir en que éste haya sido el nombre gentilicio de los antiguos michoacanos y si tal lo conservan y admiten los actuales, es porque la raza noble y elevada ha terminado del todo y sólo los plebeyos o Macehuales restan”. García García reconoce que el nombre del dios “Taras” no aparece en ningún documento que hable de los tarescos, pero constata que aún en la actualidad a todo ídolo de piedra antiguo que se encuentre en algún cerro, o se tenga en casa se le denomina “Tares”(anciano venerable).
Por otra parte “tarascue” se usa para denominar un parentesco cercano y afectivo producto de una unión familiar. Según José Corona Núñez- refiere el autor- se aplica a los que son cabeza de familia y está tomado del dios Tares, deidad procreadora engendradora. Tarascue son los engendradores, suegro y suegra, yerno y nuera y esta denominación equivale a respetable señor, En resumen Tarascue significa procreador, pero el gentilicio que se ha impuesto el mismo pueblo es el de “purepecha” y García nos explica la razón.
Narra como a la derrota de Tanganxuan II, ultimo gobernante indígena, los invasores hacen desaparecer sus viejas costumbres, las ofrendas a los muertos, y desaparece la alfarería votiva. Que hoy casi 500 años después rescata García. Entonces, al pueblo lo vuelven siervo o purepecha, destruyendo el concepto de “servicio” que en el mundo indígena no es denigrante, sino de responsabilidad propia del ser humano, para servir a la comunidad o a la naturaleza. Los invasores lo transformaron en “servicio” sometido, se convirtieron en purepechas, avasallados, transcultarizados, obligados a desprenderse de su memoria histórica y de su orgulloso pasado. Usaron la misma lengua para culturizarlos. Los frailes como Matutino Gilberti, Diego de Basalenque, Fray Ángel Sierra, el padre Botello Mobellan se ganaron su confianza y se encargaron de borrar todo vestigio de orgullo de estirpe en el pueblo volviéndolo “purepecha” gente sometida, sin derecho a conservar su cultura y tradiciones por no ser cristiana, así el autorreconocerse como purepechas se asumían como “siervos del señor invasor”, y en tres siglos purepechizaron a toda la etnia, convirtiéndola en el gentilicio aceptado por las comunidades indígenas tarascas, gentilicio que ya para el siglo XIX habían adoptado como propio. Los invasores usaron la religión para conformar una nueva memoria histórica con dándole a cada pueblo su santo patrón y fomentando la rivalidad entre ellos, compitiendo con sus milagros y rivalizando con la opulencia de sus capillas, y compitiendo entre ellos así se les imponía tributos laborales, diezmos y primicias, además aislando a los pueblos entre sí, arrancándoles su conciencia y culturándolos, lograron su dominio colonial. Como fruto de la Revolución Mexicana, a partir de la tercera década del siglo XX con la educaron laica se forjaron nuevas generaciones producto del avance social del país y muchos profesionistas regresaron a sus comunidades para influir en la población y hacer conciencia de sus propios valores y aportaciones de su cultura. Surgió un movimiento interno para reivindicar historia, tradiciones y cultura, lengua e identidad. Para buscar la unidad que tantos frutos dio en el pasado con la unión de los pueblos, los enaani, los zacapuireti, los urendetiecha, los uacusecha, linajes que conformaron todos la nación tarasca, la nación de los michiaques, pueblo de pescadores y de artistas, de bravos guerreros que supieron mantener su soberanía y que solo cuando esta fue destruida lograron su sometimiento.
Estamos en el siglo XXI, en el que los pueblos originarios y todas las naciones han de recuperar su soberanía y dignidad, en el que sus derechos han de ser reconocidos y su cultura revalorada, y esto es precisamente lo que logra el gran artista, gran mexicano, gran michoacano Raúl García García.
Gracias al gobierno de Michoacán y a su Secretaria de Cultura podemos disfrutar hoy de éste importante texto. Disfruten este libro.
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