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.:: Editor
Pablo Moctezuma
::.
 
 

No.303

agosto 2011

LA FALSA RETRACTACIÓN DE HIDALGO.

Pablo Moctezuma Barragán

Se cumplieron 200 años de la muerte de Miguel Hidalgo, luego de ser fusilado hubo una campaña para desprestigiar a Hidalgo, misma que continúa hasta la actualidad. Una de las calumnias que se inventó y se sigue repitiendo por los historiadores oficiales es la supuesta retractación y arrepentimiento de Hidalgo. Cuestión que es completamente falsa, lo que se puede comprobar como lo ha hecho José Herrera  Peña en su texto “La retractación …¿de Hidalgo?”.

Para destruir el movimiento insurgente, una vez que su iniciador estaba preso, el poder colonial tenía que liquidar a Miguel Hidalgo, física y moralmente. Su ejemplo tan poderoso, su llamado a la lucha sin cuartel por la independencia era muy peligrosa para el dominio extranjero. Él nunca se retractó de sus ideas y afrontó el juicio militar y el eclesiástico con gran dignidad y entereza. De modo que era necesario para el poder colonial presentar públicamente un documento en el que llamara a los insurgentes a rendirse y se “arrepintiera” de sus errores.

El 11 de julio de 1811, en Guadalajara, el brigadier del ejército realista y encargado de la intendencia y el gobierno da a conocer un documento que supuestamente había sido escrito por Hidalgo el 28 de mayo y ratificado el 7 de junio. De ese documento se presentó una copia simple, nunca se conoció el original, ni estaba certificada la copia. Además no se presentó en Chihuahua, donde había estado preso, sino en Guadalajara.

El supuesto escrito de Hidalgo, como lo podemos constatar es totalmente ajeno al sentir y pensamiento de Hidalgo, además tiene distintos estilos de redacción lo que deja claro que fue escrito por una comisión de frailes o militares. Vamos a analizar lo que dice ese documento en algunos de sus párrafos:

“Quien dará agua a mi cabeza y fuentes de lágrimas a mis ojos; quien pudiera verter por todos los poros de mi cuerpo la sangre que circula por sus venas; no solo para llorar día y noche los que han fallecido de mi pueblo, sino para bendecir las interminables misericordias del Señor…”

“Oh América, ¡querida patria mía! Ay, americanos, mis compatriotas; europeos, mis progenitores, y sobre todo, insurgentes, mis secuaces, compadeceos de mí.  Veo la destrucción que he ocasionado, la ruina de los caudales que se han perdido, la infinidad de viudas y huérfanos que he dejado, la sangre que se ha vertido y lo que no puedo dejar de decir, sin desfallecer, la multitud de almas que, por seguirme, estarán en los abismos…”.

“Honrad al rey, porque su poder es dimanado del de Dios; sabed que el que resiste sus potestades legítimas resiste las órdenes del Señor. Dejad, pues las armas; echaos a los pies del trono; no temáis las prisiones ni la muerte: temed, sí al que tiene poder, después que quita la vida al cuerpo, de arrojar el alma a los infiernos…”.

¿Pudo Hidalgo haber escrito esto?. Como dice el historiador José Herrera Peña, el texto es ridículo y  no fue escrito por Hidalgo. (Herrera; 2003,87) y esto está claro, puesto que el juicio militar a Hidalgo se efectuó el 7,8 y 9 de mayo en una sala del Real Hospital de Chihuahua y se suspendió el 9 de mayo. Se reabrió un mes después el 17 de junio y concluyó definitivamente el 17 de julio. “La supuesta retractación no pudo haberse producido el 18 de mayo porque en esos momentos  la instrucción estaba provisionalmente cerrada y suspendidas las actuaciones públicas”(Herrera, 2003:92) El 7 de junio día de la supuesta ratificación ante dos testigos, la causa aún no se reabría.

Ese documento no lo escribió Hidalgo, su forma y fondo no corresponden con sus ideas. Nunca se dio a conocer el original y solo se manejaron copias y no certificadas. En esa época estaba prohibido que los presos contasen con tinta, pluma y papel, si lo solicitaba tenía que contar con el aval del fiscal y con el dictamen del juez. Luego de usar los “avíos para escribir” quedaba constancia de los pliegos que devolvía y éstos se integraban al expediente para ser ratificado por el reo y certificado el contenido ante el tribunal e integrado al expediente. Hidalgo no contó con lo necesario para escribir, no lo solicitó ni lo obtuvo, no lo ratificó  ni fue certificado ni se guardó en el expediente.

Los supuestos testigos ni estaban comisionados ni tenían autorización de nadie para actuar, ni levantaron acta ni constancia de ratificación. Actuaron como fantasmas y nada quedó en el expediente. Eran personas ajenas al proceso que vivían muy lejos José Ignacio Irurribarria, canónigo de Durango y José Mariano Urrutia, cura de Cosiguriachi. De hecho, no aparecen para nada los clérigos que estaban comisionados para juzgar a Hidalgo y sí tenían autorización para acceder a él. Podía dar fe Francisco Fernández Valentín juez eclesiástico de la causo o José Mateo Sánchez Álvarez, fray José Térraga, Jean Francisco García y fray José María Rojas quienes firmaron la sentencia de degradación sacerdotal (Herrera: 94). Mientras que Iturribarria estaba en el momento en que supuestamente fue testigo de la ratificación  a 40 leguas de Chihuahua, donde estaba Hidalgo, por lo tanto ni debía ni podía ser testigo.

El 27 de junio, al hacer sus declaraciones oficiales frente al juez comisionado Ángel Avella, Hidalgo argumento que las ejecuciones que él ordenó habían sido “no solo legales sino legítimas” y que los excesos no los había ordenado él sino que fueron producto del “antojo y los caprichos de la canalla”. El 29 de julio, luego de que se le notificó que había sido condenado a muerte el juez eclesiástico le preguntó “porque razón se rebeló contra el rey y la patria” e Hidalgo contestó que “ya había dado sus razones al juez militar y que no contestaba más” así ratificó sus declaraciones judiciales que contradicen por completo la retractación y arrepentimiento que inventaron los españoles, ya que entre otras cosas defendió su derecho a rebelarse al decir  que “ese es un derecho que tiene todo ciudadano cuando cree que la Patria está en riesgo de perderse”. Esa fue la declaración que el reconoció y firmó.

La retractación y arrepentimiento de Hidalgo es un documento falso fabricado en la oficina del comandante Salcedo, quien lo envió a Durango, Monterrey, Sonora, Coahuila, Nuevo México y Texas, donde no se publicó por ser una copia, no certificada y a todas luces falsa y solo se publicó dos meses después en Guadalajara. ¿Por qué no se dio a conocer inmediatamente después del 18 de mayo en Chihuahua? Tuvo que pasar  m as de un año de la ejecución de Hidalgo para que dicho documento fuese “legalizado” el 27 de octubre de 1812 por el secretario Francisco Velasco quien hizo constar que sacó copia del documento “original” y que el “original” se lo devolvió al comandante Salcedo, quien no tenía que guardar – si hubiese existido- un documento de esa naturaleza. El original jamás se ha presentado públicamente…porque no existe. De existir lo hubiesen exhibido de inmediato y con gran escándalo. Pero eso es imposible, Miguel Hidalgo y Costilla fue un hombre de una sola pieza que actuó conscientemente y fue fiel hasta la muerte a sus convicciones.

Hidalgo. Tres Ensayos de José Fabián Ruíz, Fernando López Alanís, José Herrera Peña. Frente de Afirmación Hispanista, AC, Frente Cultural Morelos, AC, Morelia, Michoacán. 2003

 

 

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