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TERREMOTO
Pablo Moctezuma
El texto que presentamos es el guión del folleto “Terremoto” editado hace 25 años a un año del terremoto por la CONAMUP, la CUD, la UV y D y Pueblo Unido.
El 19 de septiembre de 1985 fue un día trágico para México y su pueblo. A las 7:19 am un terremoto sacudió las entrañas de la tierra, provocando la peor catástrofe de la historia moderna de México. Este golpe de la naturaleza se sumó a los problemas sociales y económicos que sufre nuestro pueblo: la crisis, la deuda, la devaluación del peso, la caída de los precios de las materias primas debido a la manipulación del mercado por parte de las grandes potencias. La magnitud del desastre se acrecentó debido a que en la ciudad de México se concentran más de 18 millones de habitantes. Porque el desarrollo del capitalismo ha conducido al abandono del campo y obligado a millones de campesinos a emigrar a la ciudad en busca de trabajo por lo que las ciudades como la de México han crecido desproporcionada y peligrosamente.
Los terremotos son fenómenos naturales, pero la sociedad debe estar lista para enfrentarlos. Así lo demostró el pueblo de México y en particular su juventud que se volcó en auxilio de los sobrevivientes y para ayudar a los damnificados, arriesgando heroicamente su vida para rescatar a los atrapados, organizando la asistencia de los desamparados, recuperando cadáveres, dirigiendo el transito, etc. El pueblo espontáneamente se organizó y supo salvar la situación, no se dejó doblegar ni se cruzó de brazos. Y enfrentó este tremendo golpe, que cubrió de luto a millones de hogares, muriendo más de 45,000 personas.
Cientos de miles de mexicanos se quedaron sin vivienda, se destruyeron escuelas, hospitales, edificios públicos y privados. Cientos de niños murieron en sus escuelas. Decenas de fábricas se derrumbaron quedando centenares de obreros atrapados en muchas de ellas. Decenas de miles de trabajadores perdieron su empleo al destruirse su centro de trabajo. Muchos patrones se desaparecieron sin darles un centavo a los obreros.
La tragedia se apoderó de la Ciudad de México, la sangre derramada aquí, solo se compara a la de los miles de heroicos mexicas que defendieron Tenochtitlan de los brutales conquistadores españoles, tiñendo en sangre este suelo.
A diferencia del pueblo que reaccionó con prontitud y heroísmo y se lanzó a las calles, el gobierno lejano del pueblo y de sus obligaciones quedó paralizado, confundido, atrofiado. En esos momentos fue el pueblo el que organizó todo, los voluntarios controlaron la situación con sabiduría y eficacia, desde la atención medica, las labores de rescate, la ayuda a las víctimas, hasta la conducción del tráfico.
Miles de jóvenes arriesgaron su vida generosamente para salvar a los atrapados, miles de obreros faltaron a sus trabajos y se dedicaron de lleno a las labores de rescate. Mientras que la televisión y los medios masivos de comunicación, en lugar de llamar a la ayuda organizada llamó a “no salir de sus casas” temerosos de la movilización del pueblo.
Pero este terremoto no solo nos mostró a un pueblo unido y solidario, también quedó al denudo la corrupción del PRI-Gobierno que permitió por medio del fraude y mordidas que se construyeran cientos de edificios de pésima calidad, con malos materiales de construcción, mal calculados, etc. El gobierno en nada ayudó a los damnificados. Mientras el pueblo rescataba a los sobrevivientes, a veces rascando entre los escombros hasta con las uñas, el gobierno mandó a miles de soldados y policías a acordonar las zonas de desastre, iban armados no con picos y palas para trabajar, sino con ametralladoras. El ejército intervino no para ayudar, llevaban ordenes de acordonar las zonas de desastre. En los más de los casos impidieron que los voluntarios se integraran a las labores de rescate. Estaban ahí para supuestamente cuidar las pertenencias de los damnificados, pero en muchas ocasiones fueron ellos los que robaron y saquearon a las víctimas. Así actuaron los generales del ejército.
Mientras que a los ricos patrones les dieron acceso libre para sacar sus cosas. El caso de las trabajadoras de la costura fue dramático. Cientos de ellas quedaron atrapadas en las fábricas que se derrumbaron y solo 18 días después empezaron a meter maquinaria para agilizar las labores de rescate.
Así, mientras que las costureras morían, los voraces patrones que solo se preocupan por sus ganancias, obtuvieron del ejército que los ayudaran a rescatar…sus cajas fuertes, maquinaria, tela, y valores de las empresas. Los obreros morían, era urgente su rescate y los patrones solo se preocupaban por su dinero y sus papeles. Mientras miles de atrapados veían pasar las horas y los días sin ser rescatados, la mayoría de las grandes constructoras mantenían su maquinaria parada. Sin uso. Miles de grandes empresas y comercios mantenían llenas sus bodegas de alimentos, vestidos, materiales de construcción, mientras cientos de miles de damnificados estaban en la calle, con hambre y frío. Pero la solidaridad del pueblo de México fue inmensa. Toneladas de alimentos, ropa, medicina fueron donados a pesar de que la mayoría de las familias mexicanas pasan grandes penurias por la crisis y los bajos salarios. También otros pueblos del mundo se solidarizaron de inmediato.
Y una vez más afloró la corrupción del gobierno capitalista y de la cúpula del ejército que descaradamente se robaron lo mejor de la ayuda, especulando con la miseria de los damnificados. Contrastando con la gran ayuda de los pueblos del mundo, los Estados Unidos y demás países imperialistas a través del Fondo Monetario Internacional y de otros medios redoblaron sus presiones y su saqueo sobre México, exigiendo petróleo barato y altos intereses por el pago de la deuda, sin perdonar un solo centavo.
La corrupción del PRI-Gobierno quedó a la vista cuando al caer edificios recién construidos se pudo observar la pésima calidad de los materiales con que fueron construidos. Varios de los principales hospitales construidos por el gobierno se derrumbaron o se vieron seriamente dañados como es el caso del Hospital Juárez, el Hospital General, el Centro Médico, etc. Así al desastre natural vino a sumarse el desastre social que significa el que el gobierno año con año reduzca el presupuesto destinado a la salud del pueblo.
Después de los sismos Guillermo Soberón, Secretario de Salud, pretendió demoler todo el Hospital General a pesar de que solo se cayó uno de sus edificios. De esta forma el gobierno pretendía acabar con el único hospital que da servicio a mexicanos que no tienen recursos, ni seguro médico y que suman millones. Pero los médicos se organizaron e hicieron un movimiento que obligó al Doctor Soberón a dar marcha atrás.
Los edificios que se cayeron fueron en su mayoría construidos por el gobierno. Pero los responsables siguen libres y ricos. Tal es el caso del Secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, Guillermo Carrillo Arenas. El fue quien autorizó el dictamen que permitió edificar el edificio Nuevo León que se derrumbó matando a cientos de personas. También Carrillo Arenas aprobó y supervisó los proyectos del Hospital General y el del Hospital Juárez, que se cayeron matando a médicos, enfermeras y cientos de pacientes entro los que había recién nacidos y sus madres. El pueblo esta exigiendo cárcel a los funcionarios y constructores responsables de tantas muertes, pero el gobierno los protege y les otorga impunidad. Lejos de encarcelar a Castillo Arenas, el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado lo nombró responsable como secretario de la SEDUE de la atención a los damnificados. A los que trató despóticamente.
En algunos casos como el del edificio Nuevo León de Tlatelolco, los vecinos conscientes del mal estado del inmueble llevaban años protestando ante las autoridades, pero nunca les hicieron casos.
Luego del terremoto se crearon albergues para los damnificados, pero en la mayoría de ellos a pesar de tener los almacenes llenos, se carecía de los alimentos suficientes y no les daban ni las mantas que necesitaban las familias. Además, cuanto antes comenzaron a cerrar albergues y prácticamente a correr a los damnificados lo más rápidamente posible, orillándolos a que cada quien resolviese sus problemas como pudiera, mientras bodegas repletas de ayuda eran saqueadas por los funcionarios priistas y su gente. En lugar de inaugurar viviendas, el gobierno se apresuro a inaugurar jardines y a crear la apariencia de que todo volvía a la normalidad. Trató de minimizar el desastre para que no se echara a perder el mundial de futbol.
Para todo el pueblo ha quedado claro que el gobierno de De la Madrid ocultó los verdaderos datos de la tragedia, las razones de esta actitud poco a poco han quedado claras.
A las víctimas del sismo que perdieron la vida, a los más de 45,000 muertos, se trató de desaparecerlos, de reducir su número o de retrasar su rescate, para que avanzara su estado de descomposición y evitar su reconocimiento por sus familiares para no pagar indemnizaciones. Así pues de las zonas acordonadas por el ejército salían cientos de cadáveres en camiones que sigilosamente los hacían desaparecer para librar de responsabilidad al gobierno los patrones obligados a indemnizar. A los familiares les exigían toda una serie de papeles y documentos para indemnizarlos cuando la mayoría había perdido todo entre toneladas de escombros.
Más en esos momentos de caos no todo lograron esconder. Entre los escombros de la Procuraduría de Justicia encontraron cadáveres torturados y asesinados. Al abogado Saúl Ocampo lo encontraron muerto en la cajuela de su auto. Amordazado, amarrado, esposado. Pero a la procuradora Victoria de Adato, en lugar de exigirle cuentas, la premiaron promoviéndola poco después dándole el nombramiento de Ministro de la Suprema Corte de Justicia. ¡Que injusticia!
Cuando el clamor popular creció, el gobierno se vio obligado a decretar la expropiación de 5,000 predios casi un mes después del sismo. Pero muchos predios no fueron afectados, además miles de dueños se ampararon y el poder judicial los ayudó a que conservaran sus propiedades por medio de las cuales durante años explotaron a los inquilinos. En lugar de ofrecerles una vivienda a los damnificados con los miles de millones de pesos de ayuda que se recogieron, el gobierno dedicó ese dinero para reconstruir principalmente escuelas y hospitales, que son su responsabilidad. La mayoría de los 200,000 damnificados que se quedaron sin vivienda, siguen en la calle a un año del sismo. A los que les han proporcionado vivienda a sido en venta, a precios que muchos no podrán nunca pagar. Siendo que muchos ya habían pagado su vivienda al gobierno, como es el caso de Tlatelolco y del multifamiliar Juárez y muchos otros llevaban decenas de años pagando rentas en edificios del gobierno o vecindarios de casa tenientes.
A causa del sismo quedaron desempleados más de 180 mil trabajadores que se suman a los millones de desempleados que hay en México. Pero el PRI-Gobierno, en lugar de generar empleos aprovechó el sismo para impulsar su famosa “descentralización” de la que se valió para mandar a miles de trabajadores a otras ciudades, obligando a muchos a renunciar por no poder trasladarse con su familia. Además de que esas ciudades no cuentan con suficiente vivienda, escuelas y servicios. Muchos se trasladaron a lejanas ciudades para encontrarse con que allá no tenían plaza y luego descubrieron que en el DF ya les habían quitado su base.
Es claro que el gobierno tiene la capacidad de generar suficientes casas, escuelas, hospitales, empleos que necesitan los mexicanos, pues para eso nos quitan tantos impuestos y además reciben ingresos por la venta de petróleo, plata, plomo y tantas riquezas que vende México. Pero esa riqueza la utiliza para pagar la deuda externa.
Al día siguiente del terremoto, cuando nuestro pueblo necesitaba más que nunca utilizar todos los recursos para sanar las heridas, Miguel de la Madrid Hurtado, en vez de suspender los pagos de la deuda y dedicar esos recursos para el país, lo primero que hizo fue asegurar a los extranjeros que seguiríamos pagando puntualmente. Prefirió quedar bien con la usura internacional que cumplir su obligación para con su pueblo. En lugar de gastar en México y su pueblo, que tanto lo necesita, el gobierno manda todo el dinero disponible para pagar intereses de la deuda, enriqueciendo mas a los extranjeros, mientras nuestra Patria y nuestro pueblo sufre.
Por eso la reconstrucción avanzó tan lento, porque el grueso de los recursos de México siguió engordando a los tiburones de las finanzas en vez de cumplir con el pueblo que tanto lo necesita.
Los imperialistas gringos, lejos de ayudarnos nos saquean cada vez más bárbaramente. Vino la señora Reagan en los días del sismo y sonriente nos da una miserable ayuda de ¡un millón de dólares! Cuando nosotros les damos a ellos, diariamente veinte millones de dólares para pagar los intereses usureros de la deuda con sus instituciones y bancos usureros. Y para colmo, esa burla nos la pasan por la televisión y el radio, como si el gobierno explotador de EU nos estuviera ayudando mucho. Pero mientras EU gasta no un millón, sino más de mil millones de dólares diarios en su carrera armamentista con la que quieren dominar a los pueblos y ponen en peligro la existencia misma dela humanidad.
En los terremotos de septiembre de 1985, quedó muy clara la grandeza de nuestro heroico pueblo que siempre ha sabido salir delante de las peores crisis y nunca se ha dejado someter por el destino adverso. Así como mostró más claramente que nunca la bajeza de los enemigos de nuestro pueblo y nuestro México. Los Estados Unidos y todos los imperialistas del mundo, los grandes burgueses y su gobierno del PRI que solo sirven a los ricos y oprimen al pueblo.
A un año del terremoto, decenas de miles de damnificados, trabajadores, colonos, estudiantes, marcharon al Zócalo convocados por la Coordinación Única de Damnificados, para protestar, exigir castigo a los culpables de tantas muertes. Para exigir vivienda, ya que Renovación Habitacional Popular que es el organismo encargado del Plan de Vivienda gubernamental construyó en un año, sólo 1,767 viviendas.
Año con año la unidad y organización ha de crecer y forjarse en honor de tanta sangre derramada aquel 19 de septiembre a causa de un terremoto y de la corrupción del gobierno y de los grandes patrones. Solo participando activamente en las acciones y movilizaciones de las organizaciones de damnificados, solo forjando la unidad en la lucha de éstos, el pueblo afectado por los terremotos hará valer plenamente sus derechos. De ésta situación, el pueblo resurgirá, se organizará, se unirá, como ya lo ha comenzado a hacer para luchar hasta lograr la completa reconstrucción de nuestro país. No solo de los efectos del terremoto, sino también de la destrucción que ha causado el capitalismo y la dependencia externa, la opresión y la explotación.
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