500 años de falsear la Historia

Pablo Moctezuma Barragán

En el actual calendario gregoriano es hoy 23 de agosto el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlan, ya que en 1521 regía el calendario juliano al que se le quitaron 10 días en 1582. A 500 años la defensa del Imperio Español y de su narrativa subsiste para exculparlo de la Invasión del Anáhuac. Hoy se dice que no hubo tal, ni siquiera “Conquista Española”, que fue una guerra interna de los aliados de Cortés contra los mexicas. Los hechos hablan. Se impuso la Corona Española, se nombró al territorio Nueva España, gobernada por virreyes españoles, imponiendo el idioma español y su religión.


Aquí había un sistema de alianzas y Confederaciones y conflictos entre diferentes naciones originarias que Cortés aprovechó introduciendo la división, amenaza, engaño y traición para hacer prevalecer el dominio español. Sus aliados lo hicieron en la lógica del Anáhuac, jamás pensaron que serían traicionados y se impondría el colonialismo español, esclavitud, violaciones, acaparamiento de tierras, saqueo de las riquezas para España.

A 500 años prevalece la narrativa española, que se basa en las Cartas de Relación de Hernán Cortés. Para entender los dichos de Cortés hay que tomar en cuenta que, dado que él huyó de Cuba sin autorización ni del Rey ni del Virrey para Conquistar, él tendría que narrar que él recibió el Reino voluntariamente por parte de Moctezuma, que éste colaboró con él y fue asesinado por su propio pueblo quien lo tachó de cobarde.

Por otro lado, tenía que probar que aplicó las normas de Guerra Justa. Mandato medieval que se caracteriza por defender el que algunas contiendas bélicas tienen justificación y son morales. Su normativa dicta que la guerra de conquista se legítima si se da en defensa del bien público, de la paz, de la seguridad de los habitantes, contra la injusticia, la opresión y la tiranía. Si se desataba una guerra injusta era el Rey el responsable en última instancia. La guerra justa les permitía adueñarse de lo ajeno como reparación y además castigar las injurias y vengar los crímenes. Además, tenían que ajustarse a las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes de Valladolid de 1513 que reglamentaban las guerras de conquista.

De modo que tenían necesariamente que pintar a los mexicas como tiranos, déspotas, que despojaban a los demás y cometían toda clase de crímenes. Habrían de afirmar lo demoníaco de los tenochcas para así tener carta abierta para la invasión, el saqueo y las matanzas que practicaron. Además, que la denuncia de sacrificios humanos y sodomía les daba carta abierta para apoderarse de pueblos y tierras.

Otro elemento por considerar es que los europeos, nacidos en el siglo XV en pleno medievo europeo, aunque quisiesen no podían entender una sociedad totalmente ajena, diferente y hasta opuesta de la suya, La mentalidad de las sociedades del Anáhuac les era incomprensible. Sin omitir que tampoco les interesaba entenderla, lo suyo era acumular oro, poder y fama.

La narrativa de Hernán Cortés fue recuperada y difundida por la Corona, porque le abría la puerta para recibir grandes riquezas en oro y plata, ampliar su imperio, explotar el trabajo indígena y al mismo tiempo presentarse como defensores de la cristiandad. Posteriormente todos los cronistas militares fueron repetidores de Hernán Cortés como cómplices que eran de sus acciones atrabiliarias.

En esos tiempos, en 1521 Carlos V emitió un edicto que oficializaba la censura en España. A partir de entonces el Consejo de Indias sometía todos los escritos a revisión y censura. Nadie se libraba de la vigilancia. La represión a quienes no se ajustaban al sistema oficial era brutal. Inventaron todo un refinado sistema de tortura, que ha sido exhibido en Tacuba 15, y se especializaron en causar sufrimiento de las formas más sofisticadas, que podían llegar hasta la muerte. Recordemos como en 1528, el Inquisidor Juan Zumárraga, obispo de México ordenó quemar vivo a Don Carlos Ometochtli, descendiente de Nezahualcoyotl por seguir con sus costumbres tradicionales. También condenaban a sus víctimas a la vergüenza pública o sambenito, al destierro, multas, trabajos forzados y a la incautación de bienes, además de estigmatizar a su familia por generaciones. Todas las crónicas fueron escritas bajo el dominio español y los códices tutelados y redactados en lo general por religiosos a mediados del siglo XVI y principios del XVII y se redactaban con destino a la Corona y al Virrey de quienes querían obtener prebendas y privilegios. Eso mismo podemos decir de los Lienzos de Tlaxcala, de la obra de Díaz Camargo y los Anales de Tlatelolco que se redactaron para defender sus méritos frente a las autoridades. Supuestamente reflejan el sentir indígena, pero obligadamente tienen que respetar, aunque con matices, la narrativa oficial. Y es bajo esa óptica que en los siglos posteriores se ha estudiado la sociedad del Anáhuac.

En realidad, aquí teníamos una cultura originaria con su propio sistema político, económico, cultural, espiritual. Vivían decenas de naciones y se configuraban alianzas y confederaciones para defenderse, prevalecer y hegemonizar. Los pueblos dominantes no imponían gobierno, religión, economía, lengua, buscaban extender su red de alianzas y cobraban un tributo. Los enfrentamientos y conflictos se resolvían bajo reglas estrictas y equitativas, se peleaba en buena ley. Desde luego que existían conflictos, contradicciones y divergencias entre tantas naciones originarias y el deseo de prevalecer. Con la llegada de los españoles muchas de ellas vieron la posibilidad de construir una Confederación para imponerse a la triple alianza México, Texcoco y Tacuba. Esa situación fue aprovechada por los invasores europeos que traían la bendición de sus reyes y del Vaticano, ya que el papa Alejandro VI con sus bulas les repartió la mitad de las tierras a España y la mitad a Portugal. Así con engaños, amedrentamientos, promesas y amenazas, los aliados se unieron a los europeos, para luego ser traicionados. El papa y el Rey les habían dado la tierra y sus gentes a los españoles, no a ningún aliado.

La guerra de invasión española introdujo no solo el virus de la viruela, también el de la división, disolución social, la ambición, y el afán de destruir toda civilización preexistente, para imponer la suya. Introdujeron el racismo, la corrupción, la esclavitud y desde luego provocaron 500 años de resistencia indígena, negra y popular.

A lo largo de 500 años hemos sufrido el colonialismo y hoy el neocolonialismo que continúa el proceso de despojo de los pueblos de sus tierras, el agua, de sus recursos, la división de las comunidades, los asesinatos, ruptura generalizada de las formas de vida tradicionales, hoy como ayer las corporaciones y gobiernos extranjeros se llevan nuestra plata, oro y minerales, sigue la esclavitud por deudas tanto personales como la deuda pública, el dominio de extranjeros, la sujeción a un Imperio. Esas son las cadenas a romper hoy por hoy.

Conociendo el modo de vida en el Anáhuac, cae por tierra la versión de Hernán Cortés. En sus cartas de Relación refiere que Moctezuma le dijo que había un señor natural, dueño de estas tierras, que los mexicanos eran extranjeros en sus propias tierras, que eran vasallos de un señor que se había ido, pero que regresaría, que seguramente Cortes venía de parte de ese señor y que por lo tanto lo iban a obedecer y entregarle toda la tierra, y que además podían llevarse todo el oro que quisieren. El cuento de que los confundieron con Quetzalcóatl o que los creyeron dioses y por eso les “cedieron” todo se inventó después.

El mismo relato muestra su falsedad porque aquí no existía la propiedad privada de la tierra, Moctezuma no podía entregar la tierra, aquí no había señores ni vasallos, ni señores dueños naturales dueños de las tierras. No había reinos, ni emperador. El mando supremo lo tenía el Tlahtocan o Consejo de Gobierno, el tlahtoani y el ciuhacoatl dependían de las decisiones del tlahtocan, no mandaban, uno era el vocero y el otro el administrador. Toda la historia de Cortés cae por los suelos. Además, refiere Cortés que Moctezuma con llantos, convoca a los dirigentes de todos los pueblos aliados de la Confederación y les pide que obedezcan a su señor natural. En Europa sí había señoríos, vasallos, reinos, imperios, aquí no.

Aquí existían pueblos, cuyos calpullis se hermanaban en icniuyotls, se respetaba la autonomía a todos los niveles, se hacían alianzas en las que se buscaba el beneficio mutuo, subsistían comunidades fuertes y la propiedad común, y gobiernos colectivos, en el altépetl se combinaba lo urbano y lo rural. Todavía no era una sociedad mercantil y predominaba el trueque, el oro no era el dinero universal y se usaba para lucirlo y atuendarse, no existía el afán de atesorar oro, que valía tanto como un hermoso arreglo de plumas. La Confederación dominante no imponía gobierno, lengua, religión, economía, sólo un tributo para mantener la red comercial y política. No había monarquía como la europea, había un calpulli especializado en el gobierno y de ahí se elegía por méritos al tlahtoani que estaba sujeto al tlahtocan. Además, cada aliado mantenía su autonomía y todo se decidía en asambleas, sí que había luchas por la hegemonía y el predominio, tensiones, contradicciones, pero se resolvían con sus propias reglas. Nadie entregaba nada súbitamente, entre pueblos mandaban embajadas, tenían tres pláticas, negociaban, se hacían regalos, el fuerte le daba al débil alimentos y armas, si no había acuerdo el enfrentamiento se daba al mes que era de 20 días, se enfrentaban en equidad de circunstancias, y siendo un pueblo derrotado, aceptaba convertirse en tributario. Por cierto, en esos enfrentamientos no había destrucción de la ciudad enemiga, ni tierra arrasada, ni masacres de población civil, y si ocupaba un espacio el vencedor era junto al vencido, no sobre sus tierras. De modo que es ridículo que Moctezuma hubiese convocado a todos a sujetarse a su señor natural. Y que, así como así, súbitamente, como de rayo, todos se fueran a inclinar ante un embajador extranjero sin chistar ni dar pelea. Todo el cuento de Cortés es ridículo, pero prevalece 500 años después. Esa era la historia que tenía que escribirle al Rey para fingir inocencia, al mismo tiempo que le enviaba mucho oro para sobornarlo.

La técnica de dominio que empleaban los españoles y que habían practicado una y otra vez en las Antillas, en cada lugar al que llegaban en Cuba, en la española, en Perú, en Guatemala, en Venezuela era acercarse al principal, secuestrarlo, mantenerlo como rehén y luego hacer masacres para paralizar a la población. Eso mismo hicieron aquí, Moctezuma salió a recibirlos como embajada, por acuerdo del Tlahtocan porque era su costumbre, los alojó en el Palacio de Axayacatl y los españoles sorpresivamente lo apresaron y lo mantuvieron como rehén. Todo el cuento de que permaneció “voluntariamente” con ellos es falso y más aún que siguió gobernando. Son cuentos de Cortés y sus militares para mantener la historia de que todo fue voluntario. La matanza de la fiesta de Toxkatl tenía el objetivo de sellar su victoria ante un pueblo aterrorizado, pero aquí a diferencia de las Antillas el pueblo se rebeló, los cercó en el Palacio de Axayacatl y les dejó de enviar alimentos. Luego de que Moctezuma preso y encadenado les había dado un ultimátum, declarándoles la guerra, aprovechó la oportunidad del sitio para lograr que saliera Cuitláhuac, pero salió con la orden de dar guerra a muerte y así lo hizo. Cuando Moctezuma no les sirvió como rehén, lo mataron. Fueron Cuitláhuac y Cuauhtémoc quienes continuaron la guerra contra el invasor y aliados.

Los españoles y aliados no formaron una “coalición antimexica”, no hubo una “sublevación general contra la tiranía mexica”. Los invasores luchaban contra la Triple Alianza y confederaciones y pueblos aliados. Tenayuca, Otumba, Cuautitlán, Tlalnepantla, Xaltocan, Iztapalapa, Cuautlalpan, Mixcuic, Cuitlahuac y los tlatelolcas, tepanecas. matlaltzincas, malinalcas y cohuixcas, xochimilcas, lucharon a favor de la triple alianza.

Finalmente, los defensores del Anáhuac fueron diezmados, por caballos, las armas de acero, los perros de presa entrenados para matar, su guerra sucia, desconocida hasta entonces, sus ataques por sorpresa y a traición, su guerra bacteriológica que mató de la viruela a tantos, el estar Tenochtitlan en una isla que pudo ser totalmente sitiada, sus bergantines. Derrotados también porque los invasores españoles supieron trabajar las divisiones internas, las rivalidades y pleitos y supieron engañaron con promesas, amenazar, asesinar a quien se les oponía como fue el caso de Xicotencatl el Joven.

Múltiples factores llevaron a la victoria de los invasores españoles que luego traicionaron a sus aliados. No fue una “guerra interna”, sino una invasión en la que se logró atraer a aliados locales, como sucede en toda invasión, para lograr imperar. Divide y vencerás ha sido siempre la divisa imperial. Finalmente, todos los pueblos del Anáhuac, incluyendo los tlaxcaltecas, cholultecas, huejotzincas, totonacas fueron sometidos. Todas las ciudades destruidas, todos gobernados por autoridades civiles y eclesiásticas españolas. Todo el territorio saqueado y los indígenas sujetos a repartimientos y encomiendas. Encerrados en Repúblicas Indias que fue el antecedente del Apartheid. Al vencer la invasión española, hasta se bautizó nuestra tierra como la Nueva España.