Concentración del capital bajo la pandemia

- Sandy E. Ramírez Gutiérrez - TMLWeekly No 33. 5 de septiembre 2020

La pandemia causada por el virus SARS-Cov-2 y las medidas para contener su propagación parecen haber empujado al capitalismo a una nueva crisis desde el colapso financiero de 2008. Las estimaciones de los organismos internacionales indican que el mundo está atravesando la peor recesión desde la década de 1930: el Fondo Monetario Internacional estimó que el Gran Confinamiento reducirá el PIB mundial en un 3 por ciento en 2020, el Banco Mundial es más pesimista y predijo una caída del 5,2 por ciento, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos estimó una disminución del 6 por ciento, si no hay resurgimiento de la pandemia. Para estas organizaciones y muchos analistas, el estancamiento económico y la desigualdad que resultarán de esta crisis no pueden resolverse sin la intervención activa de los Estados, que deben favorecer el aumento del gasto público para ampliar los sistemas de salud, garantizar los programas sociales y promover la actividad económica a través de créditos y subsidios a las empresas, en una especie de refundación del capitalismo o, como algunos economistas lo llaman, una suspensión de las leyes del capitalismo. [1]


Sin embargo, los signos de la recesión ya estaban apareciendo antes de la pandemia, mientras Francisco Chesnais analiza sobre la base del crecimiento de la capacidad productiva utilizada. [2] Así pues, las medidas impuestas por la contingencia sanitaria, lejos de ser el origen de la crisis, pueden estar impulsando rápidamente una reestructuración de la economía mundial que no "suspenda" el capitalismo, sino que lo refuerce a través de una nueva ola de centralización y concentración de capital basada en la capacidad de aprovecharse de los cambios resultantes de la pandemia.


Por lo que se refiere a los flujos mundiales de capital, los datos sobre la inversión extranjera directa (IED) muestran una fuerte caída, pero con resultados heterogéneos. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha estimado una reducción de alrededor del 40 por ciento de la IED en 2020 en comparación con el nivel de 2019, y entre el 45 y el 50 por ciento en 2021, como resultado de las medidas de confinamiento aplicadas prácticamente en todo el mundo. Esta situación implica un choque de demanda y oferta para las empresas transnacionales, particularmente para las industrias más intensivas en las cadenas de suministro globales, como la manufactura y el sector extractivo. Según el informe de la UNCTAD, las 100 mayores empresas transnacionales revisaron sus beneficios previstos a la baja en 2020, pero el sector de la automoción y las empresas extractivas (principalmente la minería y el petróleo) son los más afectados, a pesar de que las empresas farmacéuticas y grandes tecnológicas ajustaron sus previsiones al alza.

También son las empresas tecnológicas las que se han internacionalizado y concentrado más. El informe indica que entre 2017 y 2019, las corporaciones tecnológicas disminuyeron en número al tiempo que aumentaron su participación en las ventas al exterior en el top 100, gracias a dos estrategias. En primer lugar, a través de la compra de start-ups (empresas relativamente pequeñas, con un alto componente tecnológico y fuerte potencial de crecimiento) para acceder a innovaciones y, en segundo lugar, a través de la integración vertical, la ampliación del contenido para sus plataformas o la introducción de segmentos del mercado. Ambas tendencias se han intensificado durante la pandemia. Por ejemplo, en mayo de 2020, las grandes corporaciones tecnológicas anunciaron 15 adquisiciones, seis más que en el mismo mes de 2019. La segunda estrategia se ilustra por el aumento del gasto de Apple y Alphabet para proporcionar servicios de radiodifusión, desarrollar videojuegos y producir programas de televisión y películas. [3]

Mientras tanto, las fusiones y adquisiciones transfronterizas cayeron más del 50 por ciento en los primeros meses de 2020 en comparación con el año anterior, ya que muchas transacciones se retrasaron o cancelaron. Esta caída puede reflejar no sólo la incertidumbre del panorama económico, sino la reducción de la financiación de los proyectos a largo plazo en estos sectores. El sector más afectado fueron los combustibles fósiles, con una contracción del 80 por ciento, seguidos del transporte con el 70 por ciento; el sector con el menor número de cancelaciones fueron las energías renovables. Algunos acuerdos emblemáticos fueron cancelados, como la adquisición de Deliveroo (Reino Unido) por Amazon (Estados Unidos) y la de la compañía aeronáutica estatal Embraer (Brasil) por Boeing (Estados Unidos). [4]

Bancarrota

Otro indicador que sirve como indicador del movimiento de capitales son las declaraciones de bancarrota. Durante el mes de mayo, 722 empresas en los Estados Unidos se declararon en bancarrota en el Capítulo 11, un 48% más que en 2019. [[5]]  Además de las cadenas minoristas, hay una lista creciente de productores de petróleo y gas de esquisto que, además de hacer frente a la caída de la demanda, no pudieron soportar la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita en el primer trimestre del año. Empresas como Extraction Oil & Gas, Whiting Petroleum, Chesapeake Energy y otras 16 empresas estadounidenses acumularon más de 10.500 millones de dólares en deuda y tuvieron que solicitar la reestructuración mediante la aplicación del Capítulo 11. [6]

Los productores no convencionales de petróleo y gas no sólo están sufriendo las consecuencias de la caída de los precios y la demanda, las grandes compañías petroleras en la parte superior de la escala corporativa internacional han anunciado recortes en el empleo o dividendos: Royal Dutch Shell, la tercera corporación más grande del mundo según Fortune, redujo los pagos de dividendos a sus accionistas en un 66 por ciento por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y sus beneficios cayeron un 46 por ciento en el primer trimestre; BP de Gran Bretaña anunció el despido de 10.000 empleados en todo el mundo en 2020, el 15% de su personal total; y ExxonMobil registró una pérdida de $610 millones en el primer trimestre del año, o un 25% menos que en 2019. A pesar de estos resultados y de los desplomes de los precios del petróleo, las grandes corporaciones petroleras están lejos de desaparecer. Chevron, por ejemplo, anunció una reducción de su presupuesto para este año de 20.000 millones de dólares a 14.000 millones de dólares para salvaguardar los dividendos de los accionistas; ExxonMobil y BP también indicaron que mantendrían dividendos durante el primer trimestre.

En cambio, la pandemia ha acelerado la caída de las grandes corporaciones tecnológicas en el centro de la dinámica económica. El índice S&P 500 muestra el dinamismo bursátil de las empresas más importantes de los Estados Unidos. Los datos a 16 de junio indican que más del 20% de la capitalización total se explica por cinco corporaciones: Microsoft, Apple, Amazon, Facebook y Alphabet. Amazon, el gigante del comercio electrónico, aumentó sus ingresos un 26,4 por ciento en el primer trimestre del año gracias al aumento de las ventas minoristas y sus servicios de procesamiento y almacenamiento en la nube (Amazon Web Services), a pesar del crecimiento de los gastos operativos y los salarios. Microsoft, Alphabet y Facebook también registraron mayores ingresos en el primer trimestre de 2020 debido al aumento de la demanda de servicios digitales (almacenamiento en la nube, entretenimiento y videoconferencia y videollamadas). [7] Sin duda, el riesgo de un resurgimiento de la pandemia podría fortalecer la posición dominante de la tecnología y las empresas digitales a medida que los consumidores globales adoptan soluciones de comercio electrónico.

Claramente, la crisis atribuida a COVID-19 no es general: hay claros ganadores, como las grandes corporaciones tecnológicas; y claros perdedores, como los sectores de la energía, el transporte y las pequeñas empresas. Pero también está claro que hay ganadores entre los perdedores, como las grandes compañías petroleras que, a pesar del revés, pueden beneficiarse de la quiebra de sus competidores más pequeños. Como señala The Economist[8],  los grandes campeones de la pandemia podrán, gracias a su liquidez y altos márgenes de beneficio, aumentar sus inversiones o absorber a sus competidores, lo que configurará una economía con corporaciones más grandes, tecnológicas y más internacionalizadas.

Sandy E. Ramírez Gutiérrez es miembro del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica (OLAG) del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Nota 

1. Varoufakis, 2020.2. Francois Chesnais, 2020.3. UNCTAD, 2020, págs. 24-25.4. UNCTAD, 2020, p. 3.5. Brooks, 2020.6. Haynes y Boone, 2020.7. Veiga, 2020.8.  The Economist, 2020.

(América Latina en Movimiento, 22 de julio de 2020. Traducido del español original por TML.)

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