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El imperialismo, su intervencionismo y la clase obrera



OSCAR ALZAGA* | oscaralzaga1@gmail.com

22 de noviembre de 2023


Cuando el Sindicato Minero en 1944 emplazó a huelga con todas sus secciones, para estallar la huelga general minera el 10 de junio, en todas las empresas mineras, metalúrgicas y siderúrgicas, la mayoría ellas aún eran propiedad de ASARCO de Estados Unidos (EUA). Entonces el residente Ávila Camacho, llamó a Palacio Nacional al secretario general, Juan Manuel Elizondo, el 8 de junio para decirle: “México es aliado de EUA y estamos Contra el ‘Eje de Berlín, Tokio y Roma’, y ustedes quieren estallar la huelga cuando EUA e Inglaterra el 6 de junio, acaban de hacer el desembarco militar en Normandía, y México es el primer exportador de minerales a EUA. Eso no puede ser, aplacen la huelga.


La respuesta fue: “Señor, ya no podemos parar la huelga, las minas están lejanas y unas si y otras no alcanzarían a parar”. “Además, la American Smelting (ASARCO) nunca fue a las citas previas conciliatorias a la Secretaría de Trabajo”.


“Señor, las empresas podían suspender la huelga con solo otorgar a sus obreros una pequeña parte de las sobre-utilidades provenientes del aumento de los precios de los metales.” Le explicó al presidente que la segunda guerra mundial había subido los precios de los metales el 300%, que para los patrones gringos la guerra era un gran negocio y que a ellos no les importaban los soldados norteamericanos que morían en la guerra, sino solo sus ganancias. “Lo único que respondió el presidente a esos argumentos fue: -Bueno, pero que no sea muy larga…” La huelga general minera estalló el 10 de junio de 1944, duró 40 días, hasta lograr un buen aumento salarial. Y concluye Juan Manuel Elizondo: “La experiencia de la huelga general fue un estímulo formidable para los mineros del país.” (1)


Aparte de la inteligente defensa de los derechos laborales, el líder sindical retrata muy bien al imperialismo, que así es y ha sido en las guerras: además de imponer sus intereses y fuerza a otras naciones más débiles, la guerra para el imperialismo es también un negocio, participe en ella o no, al vender sus productos bélicos a las naciones en guerra o al sólo financiarlos y endeudarlos, también hace negocios con la guerra.


Esta huelga general minera fue una gran experiencia y un paso adelante en la creatividad del recurso legal de huelga; además de desnudar al imperialismo, abanderó una postura sindical y obrera antiimperialista.

Las primeras huelgas para exigir el cumplimiento de la Constitución de 1917.


En Monterrey en 1918, 1919 y 1920 se dieron las primeras huelgas para exigir el cumplimiento de la Constitución, recién promulgada el 5 de febrero de 1917, porque la patronal de inicio no la cumplía, ni tampoco después. Siendo esta actitud patronal una costumbre permanente de su clase.


Por lo que siempre han tenido que luchar las y los trabajadores para que se cumpla la Constitución y sus leyes reglamentarias. Más aún, para hacer cumplir el principio que rige los contratos colectivos de trabajo (CCT): su mejoría constante, ya que la Ley Federal del Trabajo (LFT) establece los mínimos del salario y prestaciones o máximos de tiempo de la jornada laboral: no así los CCT, que son por naturaleza económica y social para superar a la LFT, ya que ésta con sus mínimos y máximos es obligatoria para los obreros de talleres y empleados de tiendas pequeñas, no para las grandes fábricas, ni grandes tiendas o instituciones, donde son obligatorios los CCT (o en las instituciones de gobiernos, las condiciones generales de trabajo, CGT), que tienen gran producción, ventas y mayores ganancias, en comparación con las pequeñas.


Después de la dictadura porfirista de 34 años, cuya regla de oro de toda dictadura es y ha sido: suspender todo tipo de libertades y tener a los ciudadanos a raya, sin moverse ni protestar, menos organizarse libremente ni con sindicatos y menos con partidos. Por eso los obreros radicales se llamaban a sí mismos: libertarios. Fueran o no anarquistas o socialistas, bastaba que fueran luchadores sociales.


Vale la pena recodar que la Constitución fue resultado de la Revolución de 1910 a 1917, cuya base principal la puso el programa del Partido Mexicano Liberal (PML) de 1906 magonista, tanto en la interpretación del papel activo de las clases sociales: obrera y campesina, como motores de la lucha política para derrocar a la Dictadura, como porque fijaron los derechos sociales y sindicales más adelantados de su tiempo. Por lo cual, la Constitución además de ser la Ley Suprema del país, fue también un Proyecto Político de Nación, como lo dijera el maestro De La Cueva.


En 1900 surgió la Fundidora de Monterrey y empezó a producir acero en 1903, siendo la primera gran siderúrgica de América Latina, en plena dictadura, aprovechó la materia prima del hierro de las minas del Cerro del Mercado y Hércules y el carbón de las minas de Coahuila; después de la Fundidora, surgieron otras plantas acereras, lo mismo que grandes empresas vidrieras y cervecera, con una inversión en parte del capital de Estados Unidos (EUA).


Junto con la Constitución, surgieron en 1918 las Juntas Locales de Conciliación y Arbitraje. Ya en 1916 ocurrió la protesta de la huelga general en la Ciudad de México y lugares cercanos, fue encabezada por el SME, telefonistas y la Casa del Obrero Mundial. En Nuevo León entonces había crecido la industria siderúrgica y metalúrgica y la clase obrera, por eso las huelgas de mayo a julio de 1918 tuvieron amplia resonancia en la sociedad

de Monterrey, logrando los obreros su apoyo.


La producción de acero creció al ritmo de la Primera Guerra Mundial de 1914 a 1918, creciendo a la vez la exportación a EUA, pero fue mayor cuando EUA en 1917 y 1918 entró a participar en esa guerra mundial, subiendo automáticamente los precios internacionales del acero y las ganancias patronales, no así los salarios. Pero la cercanía de EUA y sus sindicatos con Monterrey y las huelgas influyó, para radicalizar y alargar las huelgas regiomontanas, cuya principal respuesta a ellas–primero- fue la represión y despidos obreros de la burguesía y los gobiernos.


Al bajar la exportación de acero por el fin de la guerra en noviembre de 1918, se intentaron bajar los salarios obreros, agudizando la confrontación obreropatronal, y alargando el conflicto que unas veces avanzaba con

la conciliación de las partes y otras no con la represión de la clase patronal. De 1600 obreros de la Fundidora en 1914 creció a 12 mil, y para julio de 1918 la huelga se había generalizado y era ya una huelga general

de Monterrey. Pero sería hasta noviembre de 1918 que se lograran reconocer las demandas obreras. El acuerdo general fue de 11 puntos: y “el más importante y punto inicial de los convenios, era el reconocimiento por parte de las cuatro compañías de todos los representantes de cada unión sindical, de las que se formen o estén formadas entre los trabajadores, y estas Uniones a su vez, se obligan a no declararse en huelga sin antes dar cuenta a la Junta de Conciliación y Arbitraje, y agotar todos los medios legales para llegar a un advenimiento.


Fue un gran logro de repercusión nacional, y que el séptimo día fuera de descanso, después de 6 días laborados. “Finalmente la Comisión de Huelga publicó un voto de agradecimiento no solo a la Junta de Conciliación y Arbitraje, sino a la solidaridad que mostró la población urbana con respecto al movimiento.” Sin embargo, no todos

los acuerdos los respetaron los patrones. Para mayo de 1919 la patronal de quejó de una crisis de sobreproducción en el mercado nacional e internacional. Se había acabado la guerra. Y el problema salarial se había agravado en Monterrey.


Así, en 1919 hubo huelgas aisladas, pero el 1 de enero de 1920 se generalizó y hasta el 6 de enero se levantó con acuerdos a favor de los obreros. Pactando las partes: “no despedir a ningún trabajador por haber tomado parte activa o pasiva en el movimiento de huelga”; y en caso de separación, “la compañía tendrá la responsabilidad legal de indemnizar al obrero con los tres meses de salario que señala el artículo 123”. Así “La huelga se volvió en un arma indiscutible.” (2)


La represión brutal a los obreros de 1959, fue por la influencia imperialista. El 1 de julio 1958 los ferrocarrileros logran coronar su triunfo histórico, después de organizar y levantar un gran movimiento sindical con Demetrio Vallejo a la cabeza: pactan el aumento salarial reclamado por los ferrocarrileros y no el que querían la empresa y los charros: uno menor.


Pero el 22 de agosto de 1958, llegaba un triunfo mayor: en las elecciones sindicales democráticas y por voto secreto a favor de Demetrio Vallejo con un resultado único en el mundo y la historia: 59,759 votos a favor de Vallejo y 9 en contra para el charro, de un total de casi 75 mil obreros. El tercer triunfo fue por la negociación del CCT el 26 de febrero de 1959.


Con los ferroviarios a la cabeza también se levantaron en la lucha, los telegrafistas de 1958 y 59, los Maestros de 1956 a 1960, algunas secciones de petroleros, los telefonistas de 1958 a 1962, entre otros. Se trataba de un movimiento nacional renovador auténtico. Después de los charrazos alemanista de 1946 a 1952 que acabaron con los sindicatos nacionales de industria, en verdad democráticos.


Sin embargo, la represión fue tan brutal del 25 al 30 de marzo de 1959, que rebasó el cálculo de todo el mundo, parecía increíble, fuera de todo pronóstico: más de 10 mil ferroviarios fueron despedidos y más de 3 mil encarcelados, 14 muertos, por decir lo menos. Otros cálculos fueron mayores. No hubo cifras oficiales.


Después de la represión hubo muchas interpretaciones, no antes. Pese a que el 1 de enero de 1959 hubiera triunfado la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro, que sin declararse socialista entonces, era claro para EUA que era una lucha nacional independiente, que había tirado un dictador pro-yanqui: Batista.


Y de que el 19 y 20 de febrero de 1959 en Acapulco se hubieran entrevistado en secreto y en un barco de guerra, los presidentes de EUA y de México. Entonces subió como nunca la histeria y paranoia anticomunista del gobierno de EUA.


Muy superior que en la guerra fría de 1945 a 1958. Porque entonces había llegado el comunismo a Cuba a casi 90 millas de EUA. Era insoportable e increíble para el gobierno de EUA y sus aparatos, para la OTAN, la OEA, etc. El avance socialista en el Caribe. México no fue el único país en que hubo represión contra todo lo que pareciera comunista o cercano al comunismo. La represión se generalizo en toda la América Nuestra. Las represiones fueron medidas preventivas y bestiales, para evitar ser engañados como lo logró Cuba.


¿Porque no hubo alarma desde el 19 y 20 de febrero de 1959, cuando hablaron los presidentes de EUA y México en ese contexto? Porque en México no se conocía a fondo al imperialismo, por los partidos de izquierda ni menos por los sindicatos.


A pesar de que tres partidos de izquierda –PP, PMC y POCM- se pegaron a la dirección ferrocarrilera, como un comité paralelo. Sería después de la represión de marzo, cuando salieran varias interpretaciones del intervencionismo imperialista en México.


El, 30 de marzo de 1959 la Procuraduría General de la República (PGR) declara: que los presos eran alrededor de 800 en todo el país y que “figuran entre ellos 150 fichados como comunistas, incluso algunos ocupaban puestos de dirección sindical, lo que es sencillamente intolerable y no se puede permitir en México.” Y el 31 de mazo declara la PGR: “No fue un simple movimiento de carácter obrerista, fue el principio de un movimiento político de grandes proporciones que habrían de secundar otras organizaciones obreras para lograr el derrocamiento del gobierno de la República.”


¿Se pudo evitar la represión brutal o al menos disminuirla? Si, sin duda De haberse denunciado a tiempo el carácter secreto de la entrevista presidencial; de haberse denunciado la intromisión imperialista en la política de México y denunciarse que el gobierno de EUA rompía la soberanía nacional y popular. Así como acreditar y publicitar que era una gran mentira la acusación al sindicato del riel: “lograr el derrocamiento del gobierno de la República”. (3)


Porque entonces se supo y ahora más: que fue una gran mentira mal intencionada, que exhibía también la debilidad del gobierno mexicano, que tampoco conocía de fondo al imperialismo yanqui. Como si lo conoció el general Lázaro Cárdenas en su gobierno y actuó consecuentemente, fue un presidente antimperialista y antifascista que defendió la soberanía nacional y popular.


Notas


1. Ensayo de Juan Manuel Elizondo, en el libro Cuatro sindicatos nacionales de industria de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 1988. Coordinador Javier Aguilar.


2. Libro<. Burguesía, Militares y Movimiento Obrero en Monterrey, 1909-1923. De Oscar Flores Torres. 1991.


Obras de Demetrio Vallejo tomo I y II. Compiladores Guadalupe Cortés y Oscar Alzaga. Ed. Cooperativa de Trabajadores Pascual. 2009.

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