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El Mexe y el adiós a las normales rurales

Noviembre 27, 2020

ZÓSIMO CAMACHO @ZOSIMO_CONTRA

Las normales rurales del país se enfrentan al mayor reto de su historia. En el sexenio que más apoyo esperaban recibir –luego de décadas de estrangulamiento económico, acoso y ataques– podrían desaparecer. El discurso desde el gobierno federal reza que a estas escuelas no les faltará nada y que con la “cuarta transformación” saldrán fortalecidas. ¿Cómo es que están al punto del adiós si desde el Poder Ejecutivo se les aplaude por su contribución al país?

Todo radica en lo que entiende el presidente, Andrés Manuel López Obrador, por normalismo rural. El modelo que se ensaya para las 16 escuelas normales rurales es el que se aplicará en la Escuela Normal Rural Luis Villarreal de El Mexe, Hidalgo, institución de próxima “reapertura”.


El Mexe fue uno de los pilares de la educación en México. En 82 años (1926-2008), formó miles de maestros que contribuyeron a transformar cientos de comunidades campesinas e indígenas del estado y de otras entidades de la República. Hasta el día de su cierre, tenía una vida académica vibrante y un sólido reconocimiento social. La vinculación de la escuela con las comunidades aledañas a su sede era tan estrecha que los pueblos consideraban a esta normal como suya y a sus estudiantes, como sus hijos. Y en muchos casos, la filiación era literal, pues la matrícula estudiantil se nutría cada generación con alumnos y alumnas provenientes de esas localidades.

También está normal era uno de los motores más potentes que animaban la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM). Los otros eran ­–y siguen siendo– Tenería, Estado de México (Lázaro Cárdenas); Ayotzinapa, Guerrero (Raúl Isidro Burgos), y Tiripetío, Michoacán (Vasco de Quiroga).

El Mexe fue cerrada en un operativo ejecutado por los gobiernos federal (Felipe Calderón) y estatal (Miguel Ángel Osorio Chong), con el apoyo de las cámaras empresariales y los grandes medios de comunicación. El cierre significó un duro golpe para el normalismo rural y para la FECSM que, hasta la fecha, no ha podido superar.

El presidente, vehemente lector de la historia de México, tiene conocimiento de lo que significó El Mexe para el normalismo y para las luchas por la transformación del país. Sabe del poderoso mensaje que significa ser el presidente que “reabrió” la normal Luis Villarreal. Podrá decir: “Miren, mientras los neoliberales cerraron este pilar del magisterio, nosotros, la 4T, la estamos reabriendo”.

Pero que le endilguen el apelativo de “normal rural” a cualquier escuela no la convierte en auténtica normal rural. Para ello debe contar con determinadas características tanto materiales como programáticas que la distingan de las otras instituciones de educación superior y, aún, de las otras normales que no son rurales.

De entrada, las normales rurales son escuelas para pobres. El primer requisito que deben cumplir los aspirantes es provenir de familias campesinas u obreras que no tienen recursos para enviar a sus hijos a escuelas públicas (mucho menos, privadas). De hecho, representan la única opción real de acceso a educación superior para familias de la Montaña de Guerrero, la Sierra Tarahumara o la Sierra Mixe, por poner sólo tres ejemplos de un país donde un cuarto de la población vive en pobreza extrema y casi tres cuartas partes en pobreza a secas.

El sistema del normalismo rural está diseñado para estas familias. Por ello, las normales rurales se caracterizan por ser internados. Los alumnos viven en la escuela y no tienen que estarse trasladando todos los días desde sus hogares. Algo que además sería imposible, pues provienen de comunidades apartadas, incluso de estados distintos a donde ubican los planteles. También tienen comedores que sirven tres comidas al día.

Los alumnos no tienen que pagar cuotas o colegiaturas. Por el contrario, reciben una beca para sus necesidades académicas. Se les apoya, pues, para que se formen como maestros rurales. Ese es el modelo. De ahí el escándalo generado entre los gobiernos neoliberales, para quienes la educación no es un derecho sino un “servicio” que los “usuarios” deben pagar.

Además, el normalismo rural consta de cinco ejes formativos: el académico, por el que cumplen la currícula exigida por las autoridades educativas; el político, mediante el cual se preparan en materialismo dialéctico (marxismo) y se organizan para la defensa del normalismo rural; productivo, por el que se instruyen en técnicas de producción agropecuaria (milpas, huertas y granjas) y aprenden oficios (carpintería, herrería, serigrafía); el deportivo, consistente en el aprendizaje de las bases de la activación física y la práctica de deportes (como atletismo, natación, fútbol o voleibol), y el cultural (con clubes de danza, música, teatro, payasística).

Nada de esto tendrá El Mexe. Ni siquiera se les regresan sus instalaciones. Se podrá llamar Luis Villarreal y se le endilgará el apellido “normal rural”. Pero se trata de una escuela más. Ante las demandas de los egresados y los aspirantes para que se considere el internado, el presidente ha dicho que “no se puede todo; era becas o internado. Y se decidió que becas”. Las becas son similares a las que su gobierno de por sí ya destina a los estudiantes de educación media superior.

En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2021 se prevé una disminución de recursos en 95 por ciento para las escuelas normales rurales. Probablemente es un error y no es de esa magnitud el tamaño del recorte. Pero cualquier disminución a sus presupuestos será un atentado contra estas escuelas que ya de por sí trabajan en raquíticas condiciones.

Si la anunciada reforma al normalismo rural implica que las 16 escuelas se transformen en lo que ahora se proyecta para El Mexe, estaremos ante la andanada más fuerte contra estas escuelas desde 1968, cuando las Fuerzas Armadas cerraron la mitad de los planteles.

La FECSM está hoy debilitada por la división en su interior. La llegada de la 4T causó confusión en sus filas y un sector creyó que la continuidad del normalismo rural estaba garantizada.

Los tecnócratas intentaron por todos los medios, incluida la violencia, cancelar este paradigma educativo. No pudieron. Hoy calculan mal desde el gobierno federal si piensan que no habrá resistencia activa de los estudiantes campesinos socialistas. Nunca ha sido pacífico el cierre de una normal rural.