Hace aguas la campaña reeleccionista de Trump.

Mouris Salloum George. 4 de mayo 2020. Voces del Periodista.


Parece suficientemente evidente que la campaña de Donald Trump por un segundo mandato, a seis meses de las elecciones presidenciales del primer martes de noviembre, hace aguas.

El ciego y arrogante inquilino de la Casa Blanca se ha topado con un acontecimiento inédito en los Estados Unidos. Desde La Guerra de Secesión, todos los conflictos bélicos en que han participado las Fuerzas Armadas norteamericanas se han dado en territorios allende sus fronteras.



El Covid-19 le ha impuesto a la sociedad estadunidense una nueva y espantosa realidad: Sin dispararse un misil, la pandemia le ha ocasionado al imperio un millón 200 mil infestados y le ha causado en tres meses 70 mil bajas mortales y contando; casi 30 por ciento más que las que computó El Pentágono en la Guerra de Vietnam, que se prolongó durante una década.

Los trumpianos no buscan quién se las hizo, sino quien se las pague.


Frente a la crisis de la candidatura de Trump, su gabinete no lograr cuadrar el círculo para encontrar una salida políticamente menos costosa: Sigue culpando a China y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la catástrofe doméstica.


Hace unas horas el jefe del Departamento de Estado, Mike Pompeo retomó lo que ha sido lugar común en los diarios mensajes del inquilino de la Casa Blanca, pretendiendo encontrar al culpable en el Estado chino. Para ello, el responsable de la Política Exterior se envuelve en un discurso jesuítico, apelando a insinuaciones sin asumir una acusación irrebatible.


La rueda de molino se hace girar no obstante que, durante la semana pasada, la Dirección Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos declaró que no cuenta con elementos verificables de que la pandemia fue originada y propagada intencionalmente.


La insidia se sostiene no obstante que desde septiembre de 2019 el Banco Mundial y la OMS previnieron sobre epidemias estacionales en todo el planeta que eventualmente pudieran provocar estragos indeseables.


A mayor abundamiento, entre diciembre y enero agencias de Inteligencia gubernamentales dieron a Washington avisos de alerta sobre las dimensiones que estaba alcanzando el Covid-19. No se atendieron a tiempo esas advertencias.


En los últimos días, en los Estados Unidos se detectó un potencial de contagio no tomado en cuenta oportunamente por los estrategas que tienen a su cargo el plan de contingencia contra la peste: El sistema penitenciario, administrado por una concesionaria privada, que tiene entre rejas a más de dos millones 100 mil reos y empieza a aportar su cuota de infestados y fallecidos.


En noviembre tendremos un cuerpo a cuerpo: Trump-Biden


Por lo demás, la pandemia puso a flote las mortales consecuencias que eran previsibles desde que el magnate republicano decidió echar por la borda la política de Salud diseñada y puesta en marcha por el ex presidente demócrata Barack Obama: Se han visibilizado la insuficiencia de personal médico y de enfermería, de capacidad hospitalaria y la escasez de medicamentos e instrumental para atajar la crisis.


En próximas semanas, en medio del caos, los partidos Republicano y Demócrata habrán de realizar sus convenciones nacionales de nominación de candidatos presidenciales. Todo indica que el cuerpo a cuerpo será en noviembre entre Trump y el ex vicepresidente Joe Biden.


Si El Calígula anaranjado se libró del desafuero en la Cámara alta de El Capitolio, la pandemia lo ha colocado en la tesitura aquella que habla de la apuesta en una carrera parejera de caballos: No te arriendo las ganancias. En estas trágicas semanas, los dados dejaron de estar cargados. Suele ocurrir.


(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.


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