• Mexteki

Indígenas mexicanos en Nueva York, cercados por el coronavirus

Zosímo Camacho . Revista Contralínea 25 de abril 2020


Maclovio tuvo que cambiar el cielo mixteco por el asfalto neoyorkino. Salió de la región más depauperada de México, la Montaña de Guerrero, hace 19 años. Dejó los acantilados agrestes y las laderas escarpadas de San José Laguna y adoptó las luces de la ciudad que nunca duerme.



Habla cuatro idiomas: nahua, la lengua de su madre; t’un saavi (o mixteco), la de su padre; español, la que le impuso su patria, e inglés, la que le impusieron los patrones.

El contraste entre su lugar de origen y el lugar en el que hoy trabaja no podía ser mayor: labora en un hotel en la Times Square, 42th Street, una populosa calle de aparadores de modas cercana a la más concurrida estación del legendario Metro neoyorquino. Ahí hace labores de mantenimiento y limpieza. Comparte la sal y las tortillas con paisanos de Guerrero, Puebla y Morelos, indígenas y mestizos.


“Ahorita está grave la situación porque no hay trabajo. Todos los negocios están cerrados, empezando por el hotel, pero también los restaurantes, bares… No hay trabajo para nadie… Sólo algunos pocos que tienen suerte están trabajando en un supermercado…”

Ha cumplido 5 semanas sin poder trabajar, como sus demás familiares. “Vamos a batallar para pagar la renta”, dice. Los “ahorritos” casi se acaban en los alimentos que consume con su familia: esposa y tres hijos.


Aunque en cuarentena –como toda la ciudad de Nueva York– se mantiene al tanto de sus familiares que también se encuentran allá. Tantos son los llegados desde Tlapa de Comonfort, Guerrero, que entre ellos se refieren jocosamente a su ciudad adoptiva como Tlapayork.


Le preocupa no poder reunir los 1 mil 300 dólares (unos 33 mil pesos al tipo de cambio actual) que debe pagar a finales de este mes de abril. Y se dice afortunado de haber arrendado un apartamento pequeño. Otras familias indígenas mexicanas deben reunir de 2 mil a 2 mil 500 dólares (50 mil y 63 mil pesos, respectivamente). “Más aparte los gastos de lo que es luz, gas”, agrega con preocupación.


Al menos, se consuela, él y su familia no han enfermado. Sabe que los casos de Covid-19 se multiplican entre los migrantes mexicanos. “Sé que las cosas están graves; no es un juego, pues”.


Lamenta la muerte, por el virus SARS-CoV-2, de “paisanos que aquí nos topábamos; unos que son de Puebla, un señor y una señora, que fallecieron la semana pasada. Y también falleció el esposo de mi prima, que se encuentra en la [calle] 16. Y hay otros casos, de los que nos vamos avisando por medio del teléfono, porque no podemos salir. No podemos ni ir a dar condolencias ni estar un poco con la familia. Estamos encerrados”.


Explica que incluso no pudo visitar a su hermana –también migrante en Nueva York– que enfermó en días pasados pero que ya se recuperó. No sabe si ella padeció el virus; pero se muestra aliviado porque logró recuperarse “con remedios caseros”.


Ante la condición indocumentada de la mayoría de los migrantes, entre ellos se auxilian con consejos de cuáles “r