Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía propone...

Pablo Moctezuma Barragán


En una entrevista realizada por Fernanda Hernández Orozco, publicada por la Revista Expansión el 6 de mayo de 2020, Joseph Stiglitz, opina sobre la actual coyuntura de crisis y pandemia de Covid-19: "Va a haber necesidad de un apoyo gubernamental fuerte". El estadunidense Premio Nobel de Economía en 2001, y vicepresidente y economista en jefe del Banco Mundial, además jefe del Consejo Asesor en materia económica del presidente de EU, Bill Clinton, se ha ganado admiración y respeto porque ha sido un crítico del FMI y el Banco Mundial e incluso ha informado como en esta institución para que los mandatarios accedan a endeudar a su país reciben miles de millones de dólares de soborno. Su valentía le ha ganado mucho reconocimiento entre quienes buscamos un mundo alternativo.



En la entrevista el economista, asegura que la pandemia ha revelado la enorme desigualdad económica que existe en EU y que los países necesitarán "sistemas de protección de la salud y de seguridad social más robustos". El también profesor de la Universidad de Columbia afirma que la respuesta económica del presidente Donald Trump ha "desperdiciado" la oportunidad de lanzar una economía "más solidaria y más verde", que traería beneficios económicos para todos los estadounidenses, y no sólo para unos pocos.


La entrevistadora dice sobre el Nobel: “Matar al padre. Es lo que lleva toda su carrera proponiendo Joseph Stiglitz, que se ha convertido en uno de los críticos más conocidos de Adam Smith —precursor de los economistas modernos— y de su teoría de la "mano invisible" que autorregularía los mercados y la distribución de la riqueza en las sociedades. Para Stiglitz, esa mano es invisible porque no existe, y por ello, el ex economista jefe del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía defiende la necesidad de la intervención del Estado en la economía, con el objetivo de promover un desarrollo más "justo".


El título de su último libro lo deja claro: Capitalismo progresista, la respuesta a la era del malestar (Taurus, 2020). Stiglitz afirma que sí, que otro capitalismo es posible, y que de hecho la pandemia global de coronavirus ofrece una oportunidad de oro para reformarlo.”

Stiglitz es muy influyente porque ha hecho propuestas audaces como la de que todos los países desarrollados deberían eliminar aranceles a los países subdesarrollados y se ha mostrado partidario de la condonación de la deuda a naciones pobres. Ha criticado que la entrada de capitales foráneos que sólo buscaron un rápido incremento de las tasas de beneficio financiero, dejó a sus espaldas una seria situación de crisis en los países donde invirtieron. También señala lo nocivo de los rescates de grandes corporaciones en épocas de crisis, y se opone a lo que él llama la “dictadura del sistema financiero internacional” y a que los países reciban “el abrazo del oso” lo que lleva a que pierdan su soberanía. 


Tiene frases muy fuertes como: “Lo que preocupa es que la globalización esté produciendo países ricos con población pobre.” y otras como ““Hemos permitido que los mercados modelasen ciegamente nuestra economía, y al hacerlo, también nos han modelado a nosotros y a nuestra sociedad. Ahora tenemos la oportunidad de preguntarnos si la forma como nos han modelado es lo que queremos.” Todas sus posturas audaces le han dado gran autoridad moral y mucha gente lo escucha. 


Pero si analizamos a fondo sus ideas y propuestas veremos que son ilusas y muy apegadas al sistema imperante, al que solo quiere salvar. Defiende una “globalización benéfica”, “con rostro humano”, propone que se le dé un rol rector al Banco Mundial por encima del FMI y el Tesoro de EU (la FED) a quien les achaca todos los problemas. Propone cambios en los mercados financieros sin transformarlos y asegurar cadenas de suministro no vulnerables por parte de las corporaciones.


El capitalismo neoliberal, es producido por el capitalismo en esta etapa de su desarrollo. El capitalismo no dejará nunca su esencia por más reformas que se le hagan. Es causante de explotación, saqueo, guerras, fascismo, miseria y muerte. La globalización es producto de la actual etapa del capitalismo, no puede ser “benéfica” porque vuelve vulnerables y dependientes a las naciones, destruye la soberanía nacional, alimentaria, energética, provoca migración y caos.


Querer reformar al capitalismo para que sea benéfico es ir contra su propia naturaleza, es como tratar de volver al león vegetariano, al tigre un gato doméstico, al águila un gorrión enjaulado. El problema radica en las leyes del desarrollo del capitalismo que tan bien estudiaron Carlos Marx y Federico Engels.


El capitalismo tiende a la polarización y concentración de la riqueza, conduce a la cada vez mayor monopolización, la explotación y saqueo se vuelven cada día más duras por necesidad, ya que existe la ley a la disminución de las tasas de ganancia que lleva a la absoluta necesidad de aumentar sin cesar la masa de productos. La contradicción entre la producción social y la apropiación privada lleva a las crisis recurrentes y cada vez más devastadora. La competencia – de vida o muerte entre las corporaciones – conduce a la guerra y al saqueo de los recursos, así como a la sobreexplotación del trabajo. Las guerras son necesarias para que en el capitalismo se recupere el ciclo de la producción. Y en todo momento se impone la dictadura de las grandes corporaciones y de sus gobiernos imperialistas, escudados en las "leyes del mercado" por encima de la voluntad de los pueblos y naciones.


Estos males son de raíz y la única alternativa es la de establecer otro sistema económico, político, social, cultural que elimine las contradicciones del sistema capitalista con la socialización de los medios de producción, poniendo al Estado al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, desarrollando la solidaridad y amistad entre las naciones, construyendo un mundo de paz y justicia. Una democracia en el que las decisiones sean las de la voluntad mayoritaria y no la de las corporaciones y sus gobiernos imperialistas, en la que todo el pueblo participe en la construcción de su destino a nivel de cada país, región, localidad. Un modo de vida que convierta al ser humano en el centro del interés de la sociedad.


Se reconoce a Stiglitz el que haya dado información muy confidencial sobre cómo funciona el sistema, pero su ilusión de “reformarlo” es peligrosa. Las corporaciones y sus gobiernos no se van a transformar como desea el Premio Nobel de Economía. Todo lo contrario, es hora de la transformación profunda y definitiva en beneficio de la sociedad.


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