• Mexteki

Las mujeres trabajadoras y las mineras de vanguardia

Óscar Alzaga. julio 16, 2021 La Jornada de Zacatecas

Nunca como a tu lado fui de piedra. / Y yo que solo me soñaba nube, agua, aire sobre la hoja, / fuego de mil cambiantes llamaradas, / sólo supe yacer, / pesar, que es lo que sabe hacer la piedra / alrededor del cuello del ahogado.

Rosario Castellanos. Elegía. 1972.

Aquella pareja ideal romántica resultó desigual y cruel en la sociedad; obra del patriarcado, la religión (la costilla de Adán) y los conservadores, hoy neoliberales. La discriminación de género se hizo tradición e historia de la civilización y de la cultura y parte del eurocentrismo y supremacista del primer mundo. Siempre estamos prestos a señalar la discriminación musulmana sin ver “la viga en el ojo propio”: la discriminación de todo tipo y de genero más brutal en la historia de la humanidad radicó en el colonialismo y la esclavitud impuestos en 5 siglos por las potencias de Europa y luego por el imperialismo yanqui, extendidos por el mundo. Los ingredientes locales como el machismo tienen más hondas raíces hispanas, del conquistador, él trajo el derecho de pernada y otras bestialidades.


A esa tradición que por 5 siglos estuvo sometido México, se rechazó hasta hace poco tiempo, con voluntad de muchas mujeres, pero es necesario cobrar conciencia y la participación de todas y todos. Pues en el ámbito laboral la discriminación y los prejuicios de género se expresan en el empleo, ya que pasó de ser del 80% de hombres y 20% de mujeres en 1970, a 60% hombres y 40% mujeres en 2005 y, en el salario, del 78% el de hombres y el 22% de mujeres en 1970, a 60.5% el de hombres y 39.5% de mujeres en 2005. Debemos alcanzar la igualdad lo antes posible, como lo propuso el senador Napoleón Gómez Urrutia en su iniciativa “a trabajo igual salario igual”, pero mujeres y hombres ganan los mismo.

La discriminación laboral en los países en mayor o menor medida es un fenómeno universal. En Estados Unidos es doble: en el trabajo, la estadística oficial la miden por “razas” y dividen a la población en anglos, asiáticos, afroamericanos e hispanos, marcando la primera diferencia salarial entre las “razas” y la segunda por género en cada “raza” es menor el salario de la mujer, ellos a su manera se sienten científicos, un mundo libre y democrático, pero lo anterior lo desmiente.

El siglo XXI apunta que será, por fin, el de la mujer igualitaria y plena en derechos en todos los ámbitos, empezando por el trabajo, el ingreso económico, la estabilidad en el empleo (para tener un proyecto de vida familiar) y cultural, para que sea similar en la escuela, la calle y la sociedad, sobre todo en la vida familiar.

La participación de la mujer en la historia y desarrollo del mundo ha sido esencial, pero no reconocida; por eso ellas exigen que se transparente su aporte en la vida, la lucha social, laboral y cultural. Sin el aporte de la mujer la historia y la vida diaria serían inexplicables, pero la costumbre lo omite. En la revista Trabajo y Democracia Hoy, núm. 41 de 1997 se hizo un recuento de “Las luchas de la mujer trabajadora” del siglo XX, con 124 casos de luchas laborales, escritos por 67 autoras y autores. Hasta ahora es el mejor intento que se ha hecho al respecto. Comprobando que no ha sido menor ni ajena a toda la sociedad la que emprende las luchas de la mujer, al contrario: han sido el complemento indispensable en las luchas de los hombres, en varias, ellas han ido adelante, episodios de la historia así lo acreditan.

Para empezar ninguna lucha social, sindical o política en que predomina el género masculino ha sido realizada sin el apoyo decisivo de las mujeres, más aún, sin ellas en la retaguardia y al lado, hubieran sido improbables y sus triunfos: la guerra de independencia, la guerra contra la intervención francesa y la reforma de Juárez; la revolución para acabar con la dictadura de Porfirio, con su ejército y seguidores, las enormes luchas sindicales, campesinas, de cooperativas y del magisterio que precedieron las grandes obras cardenistas, las luchas obreras de 1958-59, la estudiantil del 68, en el terremoto del 85 y las electorales de 88, 94, 97, 2000, 06, 12 y 18. En todas ha sido esencial la mujer, pero no se reconoce así, aun.

En donde ellas han sido vanguardia es en las luchas de obreras del tabaco, textil y costura de fin del siglo XIX; a principio del siglo XX en las huelgas de telefonistas y electricistas, en Río Blanco en 1907 con heroicas combatientes, en el magisterio de todo el siglo XX y el XXI, las enfermeras del IMSS, ISSSTE y hospitales de salud y de la iniciativa privada como el Hospital Español y otros en 1986, 1997, 2006 y 2012, las telefonistas del paro del 22 de abril de 1976 que incomunicaron al país del mundo e internamente, y las 4 huelgas nacionales siguientes, la del 11 de marzo de 1979 del departamento de operadoras de tráfico nacional e internacional, la única huelga nacional de mujeres, detrás de ellas los hombres telefonistas.

El magisterio requiere un capítulo aparte, desde la revolución ellas participaron en las principales luchas sociales, en 1936 en la Comarca Lagunera fueron centrales en la reforma agraria, igual que en las haciendas henequeneras, ni que decir de 1956 a 1968 y recientemente en la CNTE de 1980 hasta hoy. En las maquiladoras de la frontera norte y ya de casi todo el país, es fundamental la mano de obra femenina, en particular en las labores manuales de alta precisión, siendo ya más de un millón de trabajadoras, pero con derechos afectados por la subcontratación.

Las mineras rompen el mito de que su trabajo sea solo para hombres.

La minería viene desde la era de los metales y en México desde la prehispánica, pero una vieja creencia y luego costumbre en el mundo hizo creer que la minería y la pesca en alta mar eran labores exclusivas del hombre. Hasta recientemente se ha roto ese mito y en el país, el senador Gómez Urrutia impulsa esa política con los empresarios mineros, metalúrgicos, siderúrgicos, autopartes y en otras actividades de la industria. Hoy en el Sindicato Minero hay 782 obreras en 25 empresas mineras y de ellas 18 laboran en 2 minas subterráneas: Roca Fosfórica Mexicana II, SA de CV y en Minera Thesalia SA de CV. Cientos de ellas manejan enormes camiones de carga y grúas de alto tonelaje a cielo abierto. Así como en varias plantas de autopartes y metal mecánica de moderna tecnología hay obreras.

Todas son sindicalistas activas que participan en asambleas con derecho a votar y ser votadas para ocupar puestos, actualmente 23 compañeras ocupan cargos de dirección sindical en las secciones y 2 más ocupan cargos en el Comité Ejecutivo Nacional: Carla Judith Álvarez Medina en la cartera de Seguridad Social e Imelda Jiménez, delegada del CEN. La mayoría ya participó en huelgas y luchas por sus prestaciones, derechos y autonomía sindical. Pues como afirma su dirigente: los empresarios pueden tener los mejores obreros del país, siempre y cuando respeten la libertad sindical y no se metan con los asuntos sindicales y respeten y cumplan con los contratos colectivos de trabajo de cada sección y fracciones.

La plantilla de mujeres mineras ha crecido mucho en el presente siglo XXI, su participación fortalece la militancia, unidad y solidaridad sindical; de modo similar en las luchas por los recuentos por voto secreto, libre y personal en Tecksid Coahuila, Tayahua y Camino Rojo, empresas en Zacatecas, en Cosalá, Sinaloa, entre otras. A nivel internacional, el mejor ejemplo es la dirigente de la mayor organización del mundo, la Confederación Sindical Internacional (CSI), Sharan Burrow.

Los tiempos, por suerte, cambian a favor de la igualdad de géneros. En la 4T el gobierno de AMLO ha tenido en su gabinete un alto número de mujeres en cargos de gran responsabilidad y recientemente como gobernadoras.

Recordemos la lucha histórica de Nueva Rosita de 1951: “Las mujeres de Rosita organizaron la Alianza Femenil Coahuilense; la encabezaban Lupe Rocha, Adela Ochoa, Juana Salas; Blanca de Santos, Consuelo Bonales de Solís, Juana Jasso, Amalia Mata y otras valientes luchadoras. La Alianza se enfrentó a las bayonetas de los soldados; desfiló por Rosita y se presentó ante el jefe Militar a reclamar garantías. Provistas de la enseña patria, las mujeres obligaron a cuadrarse a las soldados y dejarles libre el paso.” Manuel J. Santos, La huelga de Nueva Rosita.

José Revueltas, de la misma lucha, escribió:

“Viene a mi memoria, palpable y trágica, el doloroso silencio que se apoderó de Saltillo cuando la ciudad entera salió de las casas para contemplar el paso de la caravana. Oigo aún el sollozo trémulo de la enorme multitud en la plaza de armas, cuando uno de los oradores, desde la ventana, recordó que en Nueva Rosita los hijos aguardaban el triunfo de los padres. “Veo en la memoria todo eso y pienso. Pienso en aquellos que sin darse cuenta de lo que dicen, afirman que los mineros están manejados por fuerzas ocultas. Pienso en ellos y creo que tienen razón: los mineros se mueven bajo el impulso de las implacables y poderosas fuerzas ocultas que laten en su corazón. Esas fuerzas invisibles, que cuando se hacen conscientes en el alma del pueblo, son capaces de destruir y construir un mundo.”