SOR JUANA, MUJER DE SU ÉPOCA

Ana Arenas


Nació en San Miguel Nepantla, cobijada por el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl el 12 de noviembre de 1651 en el Anáhuac sometido, mal llamada “Nueva España “por los invasores y murió muy joven a los 43 años de edad un 17 de abril de 1695. Es la primera gran poeta y excelente dramaturga quien dejó gran huella, no solo en su época, sino hasta la actualidad. Se le llamó a esta extraordinaria mujer: “El Fénix de América” y la “Décima musa”.


Sor Juana Inés de la Cruz

Cuando nació Juana, nuestras tierras estaban avasalladas por el rey de España Felipe IV quien se mantuvo 44 años en el poder dedicándose a someter al pueblo catalán, a librar la guerra contra protestantes, independentistas portugueses de los países bajos y a guerrear en países como Francia. Décadas después cuando ella murió estaba en el poder al frente de la Monarquía Hispana Carlos II “El hechizado” que fue nombrado Rey a los 3 años y quien se mantuvo 35 años en el poder.


Vivió Sor Juana Inés de la Cruz, mientras aquí en sus tierras seguían las invasiones a los territorios de los pueblos originarios en 1681 invadieron California, sometieron a los indígenas y colonizaron la región, luego bajaron hasta Baja California Sur hasta La Paz, también ocuparon Sonora y Arizona. Había grandes rebeliones de las poblaciones originarias de tobosos en lo que hoy es Sonora, rarámuris o tarahumaras.


En “Nueva Vizcaya” hoy Chihuahua, luchaban los indios conchos, sobos y pimas en todo el norte, hubo levantamientos en Oaxaca, en particular en Tehuantepec, 1660 los rebeldes armados con piedras y palos para enfrentar las armas realistas. También luchaban y los indios de Nuevo México que controlaron su territorio desde 1680 a 1692 cuando 25.000 indios de 24 pueblos de Nuevo México se levantaron contra los españoles y lanzaron un ataque sorpresa sobre Santa Fe, capital de la provincia. Nunca hubo paz en estas tierras sometidas a sangre y fuego.


Juana vivió la época del saqueo de nuestras tierras, no solo por el robo de nuestras riquezas por parte de los españoles, sino también el robo de piratas ingleses y holandeses, como “Lorencillo” pirata holandés llamado Laurent Graf que asaltaba Veracruz en mayo de 1683, posteriormente Campeche en 1865. Las ciudades se amurallaron y también el pensamiento cerrado y conservador.


En la Ciudad de México en 1692 se dio una gran rebelión. Y existieron terribles sequías, inundaciones y epidemias en la Ciudad de México como las de 1648 y 1678. También en esos años llegaron decenas de miles esclavos africanos que habían sido secuestrados en sus tierras por los europeos para traerlos acá a sustituir los millones de indígenas que murieron por millones. En el año 1652 solo quedaba un millón doscientos mil de indígenas, cuando al inicio de la invasión eran de 25 a 30 millones pobladores.


Nació Sor Juana en plena época del dominio colonial, en el que la mujer fue encerrada en el hogar, conventos, cárceles o prostíbulos.


En medio de esta situación, vivió y murió la más grande poeta mexicana de todos los tiempos. Considerada como un gran exponente del Siglo de Oro de la literatura en español.

Juana Inés fue la segunda de las tres hijas de Pedro de Asuaje y Vargas. Su padre decía que era español, aunque nunca lo probó documentalmente, pero era tal la discriminación que todos se decían españoles. Su papá no estaba casado con su mamá, se sabe que los padres nunca se unieron en matrimonio eclesiástico. Su madre, al poco tiempo, se separó de Pedro y se unió con una nueva pareja Diego Ruiz Lozano en unión libre. Tampoco se casaron Diego y su madre. Juana tuvo dos hermanas y tres medio hermanos. Siempre escondió el hecho de que fue hija “ilegítima”, porque la exclusión de los así llamados “bastardos” era muy grande y se consideraba una “gran vergüenza”.


De niña vivió en Amecameca, también estuvo en Yecapixtla, Nepantla y en Panoaya donde su abuelo tenía tierras, allí Juana aprendió náhuatl con los indios de la región que en las tierras del abuelo sembraban trigo y maíz.


A los 3 años aprendió a leer y escribir, tras que su hermana mayor le enseñó a escondidas de su mamá quien como todas las mujeres de su época no sabía leer y escribir. Se enamoró de la lectura y devoró toda la biblioteca de su abuelo Pedro Ramírez. Al mismo tiempo convivió con esclavos negros, peones indígenas, campesinos mestizos y de dio cuenta de la discriminación existente, que siempre repudió. De muy niña asistió a la modesta escuela rural “La Amiga” y pronto se distinguió por su aplicación.


En 1660 se traslada a la ciudad a vivir con unos parientes. Aprendió todo cuanto era conocido en su época, es decir, leyó a los clásicos griegos y romanos, así como, teología del momento. Su afán por saber era tal que intentó convencer a su madre de que la enviase a la Universidad disfrazada de hombre, puesto que las mujeres no podían acceder a esta. Ella contaba que, al estudiar una lección, cortaba un pedazo de su propio cabello si no la había aprendido correctamente, pues no le parecía bien que la cabeza estuviese cubierta de hermosuras si carecía de ideas.


Empezó a escribir poemas y a ganar concursos. En las ceremonias religiosas siempre triunfaba en los certámenes y comenzó a hacerse famosa. A los ocho años, entre 1657 y 1659, ganó un libro por una loa compuesta en honor al Santísimo Sacramento, según cuenta su biógrafo y amigo Diego Calleja.


La ciudad todavía tenía canales que llegaban hasta el centro y la conectaban a los lagos de Texcoco y Xochimilco. Le llamaban “La Ciudad de los Palacios” y estaba dividida en zonas para los españoles y zonas para los indígenas, la división de clases y castas era abrumadora. Y aquí tuvo Juana, oportunidad de desarrollar sus enormes talentos a pesar de todos los obstáculos que enfrentó en la opresiva sociedad de su época.


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