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Corrupción kievita en medio de la inalcanzable paz

Arnaldo Musa. Cuba Sí. 30 de agosto 2023


El centro de exposiciones Patriot, ubicado en la localidad de Kúbinka, en las afueras de Moscú, acoge una muestra de armamento capturado en Ucrania durante la operación militar especial. Foto PL


El conflicto ruso-ucraniano en curso ha seguido alimentando la ola de corrupción existente en Ucrania, indicado con hechos demostradas de trasiego de órganos de soldados muertos en combate a ilegales lugares de recepción europeos.


Ahora se suma el escándalo de los centros de reclutamiento, en los que casi el ciento por ciento de los responsables aceptan dinero de personas que no quieren ir a combatir contra los rusos. En este contexto, fuentes occidentales reportan que centenares de soldados ucranianos se niegan a participar en combate, con el fin de preservar sus vidas.


Ello contradice mucho la propaganda de la prensa occidental acerca de que los ucranianos étnicos luchan a muerte para conservar cada palmo de su territorio, donde aún se mantienen centros creados por Estados Unidos para utilizar armas biológicas contra las tropas de Moscú.


A pesar de estos reportes sobre la situación de algunas de las fuerzas de Kiev, muchos soldados siguen siendo entrenados en países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte para entrar en combate, en tanto más y más armas son enviadas por Estados Unidos y sus aliados, muchas de las cuales ya han sido destruidas por Rusia o capturadas para su exhibición pública, como ha estado sucediendo.


Pese a ello, el odio hacia Rusia ha mantenido a Occidente y Kiev para tratar de debilitar a Moscú, algo que, aparentemente, pudieron conseguir a mediados del pasado año, lo que hizo cambiar de táctica a los estrategas rusos, que han estado logrando grandes resultados en batallas de desgaste en los que ha sido primordial la artillería moscovita.


Algunos expertos consideran que el conflicto en Ucrania está obstaculizando la cada vez mayor política de hostilidad de Estados Unidos contra China, en la cual está utilizando cada vez más a la OTAN.


Y es que el conflicto ha acercado aún más a Beijing y Moscú, proporcionando a China un poderoso incentivo para asegurarse de que Rusia no sea derrotada y de que EE.UU. siga atascado en Europa, obstaculizando sus esfuerzos por redirigir su atención hacia Asia Oriental.


DESASTRE PROVOCADO POR WASHINGTON


A estas alturas debería ser obvio que la guerra en Ucrania es un enorme desastre que es poco probable que termine pronto y, cuando lo haga, será a favor de Rusia.


La propaganda occidental fue la que dio pábulo a la mentira de que Putin lanzó un ataque no provocado contra Ucrania, con el fin de crear una Gran Rusia, para lo cual invadiría otros estados.


No hay pruebas que respalden esto, pero sí muchas que la contradicen directamente, y es que, aunque no hay duda de que Rusia invadió Ucrania para proteger a la población del Donbass atacada durante ocho años por el gobierno kievita infiltrado por los nazis, la razón más importante fue la decisión de Occidente (léase Estados Unidos) de convertir a Ucrania en su bastión en la frontera con Rusia. El elemento clave de esta estrategia fue la entrada de Ucrania en la OTAN, una medida que no sólo Putin, sino toda la clase dirigente de la política exterior rusa, consideraba una amenaza existencial que había que eliminar.


A menudo se olvida que numerosos políticos y estrategas estadounidenses y europeos se opusieron a la expansión de la OTAN desde el principio, porque comprendían que los rusos la verían como una amenaza y que esta política conduciría al desastre. La lista de opositores incluye a George Kennan, el secretario de Defensa del presidente Clinton, William Perry, y su Jefe de Estado Mayor, el General John Shalikashvili; Paul Nitze, Robert Gates, Robert McNamara, Richard Pipes y Jack Matlock, por nombrar sólo a algunos.



En la cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest en abril del 2008, tanto el presidente francés, Nicolas Sarkozy, como la Canciller alemana, Angela Merkel, se opusieron al plan del presidente George W. Bush de incorporar a Ucrania a la alianza. Merkel declaró posteriormente que su oposición se basaba en la creencia de que Putin lo interpretaría como una “declaración de guerra”.


Por supuesto, los opositores a la expansión de la OTAN tenían razón, pero perdieron la batalla y la OTAN avanzó hacia el este, provocando finalmente una guerra preventiva de los rusos. Si Estados Unidos y sus aliados no hubieran actuado para incorporar a Ucrania a la OTAN en abril del 2008, o si hubieran estado dispuestos a dar cabida a las preocupaciones de Moscú en materia de seguridad tras el estallido de la crisis ucraniana en febrero del 2014, probablemente hoy no habría guerra en Ucrania. Occidente cometió un error colosal, por el que, junto con muchos otros, aún no ha terminado de pagar.


LÓGICA DESCONFIANZA


Hay otra razón por la que no es factible un acuerdo de paz duradero. Los dirigentes rusos no confían ni en Ucrania ni en Occidente para negociar de buena fe, lo que no significa que los dirigentes ucranianos y occidentales confíen en sus homólogos rusos. La falta de confianza es evidente en todas las


partes, pero es especialmente aguda en el lado de Moscú debido a una serie de revelaciones recientes.


El origen del problema es lo sucedido durante las negociaciones del acuerdo Minsk II del 2015, marco para el cierre del conflicto en el Donbass. El presidente francés, Francois Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, desempeñaron un papel central en el establecimiento de ese marco, aunque consultaron ampliamente tanto con Putin como con el presidente ucraniano, Petro Poroshenko.


Estas cuatro personas fueron también actores clave en las negociaciones posteriores. No cabe duda de que Putin se comprometió a hacer que Minsk funcionara. Pero Hollande, Merkel y Poroshenko -así como Zelensky- dejaron claro que no estaban interesados en la aplicación de Minsk, sino que lo veían como una oportunidad para ganar tiempo con el fin de que Ucrania reforzara sus fuerzas armadas y pudiera hacer frente a la insurgencia en el Donbass.


Según declaró Merkel a Die Zeit, se trataba de “un intento de dar tiempo a Ucrania… para que se hiciera más fuerte”. Del mismo modo, Poroshenko afirmó: “Nuestro objetivo era detener la amenaza, o al menos retrasar la guerra: asegurarnos ocho años para restablecer el crecimiento económico y crear unas fuerzas armadas poderosas”.


Poco después de la admisión de Merkel en diciembre del 2022, Putin declaró en rueda de prensa: “Pensaba que los demás participantes en este acuerdo eran al menos honestos, pero no, resultó que ellos también nos mentían y sólo querían suministrar armas a Ucrania y prepararla para un conflicto militar”.


Añadió que el engaño de Occidente le había hecho perder la oportunidad de resolver el problema ucraniano en circunstancias más favorables para Rusia:


“Al parecer, nos orientamos demasiado tarde, para ser sinceros. Quizá deberíamos haber empezado antes (la operación militar), pero esperábamos poder resolverlo en el marco de los acuerdos de Minsk”. A continuación, aclaró que la duplicidad de Occidente complicará las futuras negociaciones: “La confianza ya está casi a cero, pero después de estas declaraciones, ¿cómo podemos negociar? ¿Sobre qué? ¿Podemos hacer tratos con cualquiera y dónde están las garantías?”.


En resumen, casi no hay posibilidades de que la guerra en Ucrania termine con un acuerdo de paz significativo.

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