Discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador en su Segundo Informe Trimestral 2021

Amigas y amigos,

En los tres meses que corresponden a este informe se han presentado signos alentadores de recuperación de las crisis sanitaria y económica. De abril a junio se redujo considerablemente el número de contagios y, lo más importante, en este periodo se han registrado menos fallecimientos por Covid.

Aunque se trata de un comportamiento mundial y ya empieza a hacer efecto la aplicación de nuevos medicamentos, especialmente la vacuna, no debemos dejar de reconocer el esfuerzo conjunto hecho por el pueblo y el gobierno para ir recuperando poco a poco la normalidad.


Que no se olvide la actitud responsable de muchos mexicanos que se han cuidado, ya sea en sus domicilios, o quienes tienen la necesidad imperiosa de salir a buscar el sustento diario en la calle; que no se borre de la memoria la forma en que se cuidó en la familia a los adultos mayores y a quienes padecen de enfermedades crónicas.

Agradezcamos a los que cerraron un negocio, pero no dejaron de pagar a sus trabajadores; expresemos nuestra gratitud a los médicos, enfermeras y trabajadores de la salud que arriesgaron sus vidas para salvar a otros; todos estos gestos de amor y solidaridad verdadera han ayudado a sobrellevar los sacrificios y el sufrimiento; la fraternidad se ha hecho presente también para quienes perdieron a sus seres queridos a causa de la terrible pandemia del Covid.

En cuanto a nuestra actuación, hemos hecho todo lo humanamente posible para enfrentar la pandemia y salvar vidas. Es público y notorio que informamos y respondimos a tiempo, que levantamos con oportunidad el sistema de salud pública, que estaba en ruinas.

No titubeamos en destinar recursos a la atención de la pandemia. En 15 meses, el presupuesto de salud se ha incrementado en 70 mil millones de pesos. Se terminaron, reconvirtieron y equiparon hospitales; se contrató y capacitó a más de 70 mil trabajadores de la salud; en fin, se logró que ningún enfermo se quedara sin una cama, equipo de respiración o personal de salud que lo atendiera; aun cuando en estos sensibles y tristes acontecimientos no es correcto hacer comparaciones, me limito a decir que nuestro país no está colocado, ni en América ni en el resto del mundo, en los primeros lugares en mortalidad por Covid.

El Programa Nacional de Vacunación ha funcionado con eficacia. Hasta hoy hemos recibido 57 millones 336 mil 595 dosis de vacunas Pfizer, Sinovac, Sputnik, AstraZeneca, Johnson & Johnson y Cansino; de farmacéuticas y gobiernos extranjeros que han demostrado, con hechos, su solidaridad con México. Destaco el apoyo de Cuba, Argentina, Estados Unidos, Rusia, China e India. Llevamos el 35 por ciento de toda la población mayor de 18 años vacunada; ya concluimos esta importante labor preventiva en Baja California y reitero el compromiso de vacunar aun con una dosis a todos los mayores de 18 años del país, para el mes de octubre, con el propósito de que lleguemos al invierno más protegidos.

El tener en la actualidad 19 estados con semáforo verde, 8 en amarillo, 5 naranja, y ninguno en rojo, es también un buen indicador para la normalización de la actividad productiva, educativa y social del país. En el campo se está produciendo sin limitaciones; el año pasado la producción agropecuaria aumentó 2 por ciento, y lo ha hecho otro tanto en lo que va de este año; el sector industrial está en franca recuperación y lo mismo el comercio, el turismo, los restaurantes, la aviación y otros servicios.

Casi todos los pronósticos para este año coinciden en que la economía crecerá alrededor del 6 por ciento; no hemos contratado deuda pública adicional; como no sucedía en tres décadas, el peso no se ha devaluado durante los primeros dos años y medio de nuestro gobierno, y el salario mínimo ha aumentado en 44 por ciento en términos reales, como no se veía en 36 años; no hemos aumentado en términos reales los precios de las gasolinas, el diésel, la luz; el gas ha aumentado por encima de la inflación, vamos a corregir pronto; desde que llegamos al gobierno hasta la fecha, el índice de la Bolsa de Valores ha crecido en 20 por ciento; la inflación se mantiene estable; la tasa de interés que fija el

Banco de México se han reducido durante nuestro gobierno en 3.75 por ciento; las reservas del Banco de México a finales de la administración pasada, el 30 de noviembre de 2018 eran de 173 mil 775 millones de dólares, el día de hoy son de 192 mil 886 millones de dólares; es decir, han aumentado 11 por ciento; también es satisfactorio informar que de los 20 millones 613 mil 536 trabajadores inscritos en el Seguro Social, antes de la pandemia, se perdieron un millón 395 mil 404 empleos, pero ya hemos recuperado 957 mil 248, el 69 por ciento, de modo que solo nos faltan 438 mil 156, el 31 por ciento, para estar como antes de la crisis sanitaria.

Lo más importante es que la pandemia no desembocó en una crisis de consumo; gracias a las remesas y a los apoyos de los programas de bienestar que llegan y se aplican de abajo hacia arriba, de los más pobres hacia la cúpula de la pirámide poblacional, se ha podido evitar la falta de alimentos y otros bienes de primera necesidad. (Hoy, precisamente, anuncia el Banco de México que las remesas que llegaron al país en mayo alcanzaron la cifra récord de 4 mil 514 millones de dólares. Gracias paisanas y paisanos).

No ha habido asaltos a comercios ni actos de vandalismo o desesperación por hambre o desatención a las necesidades básicas de la gente. En materia de seguridad pública también hemos avanzado; aun con la complejidad del problema que heredamos, la incidencia delictiva sigue bajando. En el tiempo que llevamos en el gobierno, los homicidios han disminuido 2 por ciento; el robo de vehículo en 40 por ciento; el secuestro en 41 por ciento; el robo a casa habitación en 26 por ciento; aunque todavía tenemos aumentos del 14 por ciento en feminicidio; en 9 por ciento en robo en transporte público individual; y en 26 por ciento en extorsión.

Agradezco como siempre el apoyo del Gabinete de Seguridad que todos los días, de lunes a viernes, desde las 6 de la mañana, se reúnen y reciben los reportes diarios de todo el país y toma medidas para conseguir la paz. Aquí aprovecho también para agradecer el respaldo de todos los miembros del gabinete y de las instituciones que se han comportado a la altura de las circunstancias, es un equipo de mujeres, de hombres, que han demostrado ser auténticos servidores públicos, trabajadores, honestos y, algo que es muy importante, con profundas convicciones sociales.

Aun con la crisis de la pandemia y de la economía pudimos celebrar una de las más numerosas y competidas elecciones de la historia de México, sin problemas mayores y consolidando el sistema y el método democrático. Guiados por el ideal maderista y por nuestras convicciones a favor de la causa de la democracia y en contra del fraude electoral, nos comprometimos a que el gobierno federal y el presupuesto no se utilizarían para beneficiar a ningún candidato o partido; y cumplimos; es decir, que, como pocas veces, en esta ocasión no se llevaron a cabo elecciones de Estado.

No dejó de haber la vergonzosa compra de voto con dinero, tarjetas o entrega de despensas, pero no hubo masacres ni se desató la violencia contra ciudadanos inocentes para infundir miedo. En Guerrero, por ejemplo, ningún candidato sufrió agresiones, y casi lo mismo aconteció en la mayoría de los estados.

El día 6 de junio se abrieron 162 mil 538 casillas, el 99.98 por ciento de lo programado, y sólo 32 casillas no fueron instaladas por el ambiente de violencia en algunos lugares de 7 municipios del país. La participación ciudadana para una elección intermedia no estuvo mal, votó el 52 por ciento de los 93 millones de empadronados. Y algo muy importante: a pesar de que como en todas las elecciones se calientan los ánimos, en esta ocasión, no hubo protestas poselectorales por acusaciones de fraude.

No se registró ninguna manifestación significativa en las calles o plazas de la república, se han garantizado libertades plenas, sin la represión política, mediática o policiaca de otros tiempos. En cuanto a los resultados, considero necesario analizar el hecho de que, a causa de la transformación que estamos aplicando, se terminó de integrar un bloque conservador abiertamente opuesto al gobierno que represento y a las políticas públicas que llevamos a la práctica.

En primer término, señalo que este grupo reaccionario siempre será respetado y tendrá libertad para ejercer su derecho a disentir. Son adversarios, no enemigos. No los tratamos como ellos lo hicieron cuando nosotros estábamos en la oposición, no los vemos como enemigos a destruir sino como adversarios a vencer. Sencillamente, defendemos y representamos proyectos de nación distintos y contrapuestos.

En ese bloque se unieron de manera legítima empresarios, dueños de medios de información, periodistas e intelectuales de derecha, líderes partidistas, dirigentes de la llamada sociedad civil y políticos del antiguo régimen, entre otros, para enfrentar el proyecto de transformación que estamos aplicando para acabar con la corrupción y la desigualdad.

Como era de esperarse, nuestros adversarios enfocaron sus baterías básicamente a impedir que obtuviéramos la mayoría en la Cámara de Diputados, cuya facultad exclusiva es la de aprobar el presupuesto; hicieron todo, recurrieron hasta a la guerra sucia, pero afortunadamente no lograron su propósito. La alianza “Juntos hacemos historia”, que defiende nuestro proyecto de transformación, triunfó en 186 de los 300 distritos en disputa, en tanto que el bloque conservador obtuvo 107 y el partido Movimiento Ciudadano, siete; si a ello se suma el reparto de plurinominales, la bancada a nuestro favor tendrá una cómoda mayoría.

En otras palabras, ya se cuenta con la seguridad de que será aprobado el presupuesto destinado al desarrollo del país y al bienestar del pueblo; se les ganó en buena lid, porque el pueblo es sabio. No podrán detener las ayudas destinadas a los pobres; no podrán desaparecer como lo querían, la pensión a los adultos mayores, a las niñas y niños con discapacidad, las becas para estudiantes de familias pobres, ni la atención médica y los medicamentos gratuitos.

Tampoco podrán frenar el programa Sembrando Vida ni el de Jóvenes Construyendo del futuro ni el aeropuerto Felipe Ángeles; ni el Tren Maya ni el Banco del Bienestar ni el Internet para Todos ni el proyecto del Istmo de Tehuantepec ni nada, nada, que vaya destinado a los pobres a los que aborrecen porque, con honrosas excepciones, los conservadores son clasistas, racistas e hipócritas, como bien dijo en una de las pocas veces que trató el tema, el presidente Juárez.

Lo cito textualmente: “Los ricos y los poderosos ni sienten, ni menos procuran remediar las desgracias de los pobres… podrá suceder que alguna vez los poderosos se convengan en levantar la mano sobre un pueblo pobre, oprimido, pero eso lo harán por su interés y conveniencia. Eso será una eventualidad que nunca debe servir de esperanza segura al débil.” Sin embargo, no poseo ni aspiro a tener el monopolio de la verdad absoluta, por eso reitero: nuestros adversarios siempre recibirán del gobierno que represento, el respeto y la libertad, al que tienen derecho, para manifestarse sin límites, represión o censura. Amigas y amigos:

Hoy cumplimos tres años del triunfo histórico de nuestro movimiento y aún recuerdo cuando el primero de diciembre de 2018, en el camino a la Cámara de Diputados para tomar posesión de la Presidencia de la República, se nos acercó al automóvil un joven en bicicleta y me grito “no nos vayas a fallar”.

Creo, pasado el tiempo, no haber defraudado la esperanza de ese joven ni de quienes votaron por mí hace tres años. Posiblemente haya quienes imaginaron que sería de otra forma o que han llegado a la conclusión, en ejercicio de su libertad y su criterio, que no comparten mis ideas y que no les gusta mi estilo de gobernar; pero nadie, en honor a la verdad, podrá decir que no he cumplido con mi compromiso de desterrar la corrupción y destinar mi imaginación, experiencia y trabajo en beneficio del pueblo y de la nación.

Los logros están a la vista, a pesar de la pandemia y del sufrimiento que acarreó; la gente no ha perdido la fe en un mejor porvenir, existen libertades plenas y poco a poco vamos pacificando al país sin violar derechos humanos y sin reprimir al pueblo. Me alegra que así lo entiendan la mayoría de los mexicanos; hace tres días se terminó de levantar una encuesta telefónica nacional aplicada por nosotros y comparto con ustedes algunas preguntas y respuestas: •

Con respecto al año pasado, ¿cómo es su situación económica actual? Mejor 15.3 por ciento Igual 42.9 por ciento Peor 40.0 por ciento No sabe/no contestó 1.9 por ciento • ¿Cómo cree que será su situación económica el siguiente año? Mejor 38.4 por ciento Igual 26.8 por ciento Peor 23.2 por ciento No sabe/no contestó 11.6 por ciento • ¿Cómo cree que será la situación del país al término de este sexenio? Mejor 41.4 por ciento Igual 23.9 por ciento Peor 26.9 por ciento No sabe/no contestó 7.8 por ciento • En su opinión, ¿cómo es la corrupción en el país en este sexenio comparado con el anterior? Mayor 19.7 por ciento Igual 33.3 por ciento Menor 43.0 por ciento No sabe/no contestó 4.0 por ciento • ¿Piensa usted que el gobierno actual representa un cambio importante? Sí 64.7 por ciento No 31.1 por ciento No sabe 2.5 por ciento No contestó 1.6 por ciento • ¿Está usted de acuerdo en ese cambio? Sí 87.4 por ciento No 9.6 por ciento No sabe 1.6 por ciento No contestó 1.4 por ciento • En una escala del 0 al 10, donde 0 significa que lo hace muy mal y 10 muy bien, ¿qué calificación le daría al presidente de la república? 6. 7 promedio •

La revocación de mandato propone que, si el pueblo no está satisfecho con la forma de gobierno del presidente en turno, se puede votar para que renuncie antes de terminar su sexenio. ¿Si hoy fuera la consulta para valorar el trabajo del presidente, usted votaría porque renuncie o que termine su sexenio? Porque continúe 72.4, por ciento Porque renuncie 22.7, por ciento No le importa/le da igual, 1.1 por ciento No sabe o no contestó, 3.8 por ciento, en fin, estamos bien calificados, pero aspiramos a convencer a más gente que lo mejor para todos es elevar a rango supremo la honestidad y hacer gala, sentirnos orgullosos, de la gran reserva de valores culturales, morales y espirituales que heredamos de nuestros antepasados.

Esa es la grandeza de México. La fraternidad, como se afirma en la Guía Ética para la Transformación de México, es hacer propios los problemas de los demás. La fraternidad es el compromiso activo y afectivo, pero respetuoso, en la búsqueda de soluciones a problemas de los demás. Idealmente, debe ser la guía de la acción social de estados, gobiernos, instituciones, sociedades e individuos a fin de superar o aliviar el sufrimiento, la carencia y la indefensión de millones de personas.

Es un deber colectivo de las naciones ofrecer a cada una de sus hijas e hijos una cuna para nacer, un pupitre para aprender, herramientas para trabajar, una cama para dormir, una mesa para comer, un techo para guarecerse, un lugar en el hospital para curarse y una tumba para descansar. ¿Y cuál es la recompensa que obtendremos por dedicar el tiempo, todo el tiempo que sea posible a esta noble tarea? Será el de estar bien con nuestra consciencia y con el prójimo, y gozar de la inmensa felicidad que produce el ayudar a vivir, a todas y todos, en un país más libre, más justo, más seguro, más pacífico y más próspero. Termino, amigas y amigos, mexicanas, mexicanos, enviando este breve mensaje al pueblo de México: gracias por refrendarme su confianza; repito, yo siempre estaré a la altura de ustedes y nunca, jamás los traicionaré. Gracias de todo corazón, gracias, muchas gracias.