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Discurso del Presidente cubano ante el Partido Internacional - Reunión de los Partidos Comunista y Obrero

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    Mexteki
  • hace 2 horas
  • 14 min de lectura

TML SUPPLEMENT. No 16. Agosto 13 de 2026


TML se publica a continuación del discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel, Secretario Primero del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la ceremonia de clausura de la 24ª Reunión Internacional de Partidos Comunistas y Obreros en el Centro de Convenciones de La Habana, Cuba, 8 de agosto de 2026, "Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz."


"Cuba no tiene que adoctrinar a nadie. No tiene que exportar ideas. La historia nos enseña lecciones"


Camaradas de los partidos comunista y obrero del mundo;

[...]


Es un honor haber celebrado este encuentro en el contexto del Centenario de Fidel Castro, cuyo legado innegable nos llama a afrontar los enormes desafíos de este presente turbulento y amenazante que estamos viviendo.


Cuba, isla de dignidad y resistencia histórica contra el imperialismo, y hoy también contra el fascismo, os recibe con los brazos abiertos y os agradece vuestro valor y determinación al venir aquí, en medio de tanta presión, chantaje y mentiras.


En la reunión anterior en La Habana, en octubre de 2022, representantes de partidos comunistas y obreros de más de 60 países, que se reunieron en ese momento, acordaron advertir sobre la peligrosa situación a la que se enfrentaba la humanidad. Casi cuatro años después, podemos reafirmar, sin duda, que el mundo atraviesa uno de sus periodos más inciertos y peligrosos.


Estamos viviendo un periodo de intensificación extrema de las contradicciones capitalistas: concentración excesiva de riqueza en manos de unos pocos, desigualdades en su distribución, destrucción ambiental y guerras libradas por mercados, recursos y esferas de influencia.


El análisis marxista-leninista sigue siendo plenamente relevante al afirmar que estas crisis no son accidentes, sino el resultado de las leyes que rigen el desarrollo del capitalismo monopolista e imperialista.


El capitalismo, consumido por sus propias contradicciones, ha desatado una tormenta perfecta: guerras de agresión en Europa del Este y Oriente Medio; genocidio abierto en Gaza; una crisis climática que ya no es una advertencia, sino una realidad; hambre estructural que devora a millones; y una deuda externa que los pueblos del Sur Global nunca podrán pagar, porque fue concebida para esclavizarnos, no para desarrollarnos.


En este escenario, el resurgimiento del fascismo nos envía una advertencia contundente. Fidel nos advirtió sobre esto hace años, sobre cómo estaba transformando su apariencia, pero manteniendo su esencia. Hoy denunciamos el restablecimiento de los regímenes fascistas en todo el mundo.


Nacionalismo, hegemonía, supremacía y discriminación racial; xenofobia, desplazamiento y exterminio de la población; guerras de conquista de territorios y recursos naturales; castigos que recaen sobre millones de seres humanos; y la prohibición de ideologías y libertades civiles son rasgos inconfundibles de este fascismo actual y de su predecesor hitleriano.


El genocidio en Gaza y su vergonzosa emisión pública no les bastan; ahora intentan replicarlo en Cuba mediante una política agresiva y criminal, que se declara y niega, tanto refutada como intensificada sin ningún intento de ocultación.


La asfixia total a la que estamos sometidos constituye un castigo colectivo que busca, mediante la privación de los recursos y servicios más básicos necesarios para la supervivencia, fomentar el agotamiento, el desánimo y la división social, con el objetivo de destruir el proyecto socialista cubano.


Quienes sádicamente idean un bloqueo energético contra toda una nación, dejando un precio humanitario alarmante que priva a los niños cubanos de sus vidas al nacer, reduce la esperanza de vida de los pacientes con cáncer y niega a nuestra gente el acceso a medicinas, comida, electricidad, agua, transporte y muchos otros recursos para una vida plena, pueden ser llamados criminales y fascistas.


Voy a daros algunos datos sobre los impactos del bloqueo en la sociedad cubana.


Particularmente en el sector energético: habíamos recuperado, con un esfuerzo enorme, más de 1.400 megavatios de energía para generación eléctrica en un grupo de unidades de generación distribuida. Estas centrales actualmente no generan energía por falta de combustible; funcionan con diésel y fuelóleo. Si tuviéramos esos 1.400 megavatios disponibles cada día, los problemáticos apagones en Cuba durarían solo tres horas, no veinte o más horas como sufre nuestra gente hoy.


En la sanidad, un tema tan delicado, y uno en el que todos sois conscientes del potencial completo de nuestro sistema sanitario universal y gratuito, con oportunidades para todos, con cosas que sabemos hacer: hay 98.500 pacientes en lista de espera quirúrgica, incluidos 12.000 niños. Son cirugías que podemos realizar en Cuba, pero carecemos de recursos; nos falta energía para alimentar nuestras quirófanos.


Hay 34.000 mujeres embarazadas que no pueden recibir suficientes ecografías prenatales durante sus embarazos.


En los últimos meses han nacido 67.000 niños menores de un año sin calendarios de vacunación actualizados, a pesar de que las vacunas en Cuba y nuestro sistema de inmunización siempre estuvieron al día.


Hay 117.000 adultos y 1.200 niños con cáncer que no reciben tratamientos adecuados, y tenemos que recurrir a terapias secundarias o terciarias.


Hay 16.000 pacientes que tienen dificultades para acceder a los servicios que necesitan para la radioterapia, 12.400 para quimioterapia y 3.000 para hemodiálisis. Solo el 30 por ciento de los medicamentos esenciales están disponibles, aunque somos capaces de producir todos los nuestros.


La tasa de disponibilidad de ambulancias es solo del 22 por ciento. El transporte médico está saturado.


No podemos comprar fuentes de cobalto-60 para tratamientos contra el cáncer, y hay retrasos en la obtención de licencias para liberar suministros médicos en puertos, también debido a la negativa de las navieras internacionales, que han sido presionadas por el imperialismo estadounidense a no llevar los productos necesarios a Cuba.


Y como si esto no fuera suficiente, siempre habíamos mantenido tasas de mortalidad infantil entre 4 y 5, que son tasas de mortalidad infantil del primer mundo; sin embargo, en los últimos años, nuestra tasa se ha duplicado y actualmente supera el 9,8.


Dondequiera que aparezca o encuentre alivio algún genocidio meticulosamente calculado, los secuaces de esta ignominiosa política estarán allí, listos para apretar la soga de la asfixia, si eso fuera siquiera posible.


Sus planes conciben al pueblo cubano solo como una herramienta, una sociedad moribunda, para volverse contra el gobierno y lograr sus siniestros objetivos de derrocar la Revolución. Esta no es nuestra propia interpretación; ha sido escrita y concebida así durante más de sesenta años por el Departamento de Estado.


Todo esto que he descrito constituye flagrantes violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos, condenadas por la gran mayoría de la comunidad internacional, como ocurrió recientemente en las Naciones Unidas, donde 136 naciones apoyaron a Cuba en su justa denuncia.


Sin embargo, el mundo basado en leyes y normas para la convivencia pacífica y civilizada entre los Estados ha desaparecido, reemplazado por la voluntad de los más fuertes y poderosos, en detrimento de las naciones más pobres.


Estamos viviendo el momento más peligroso desde la Crisis de los Misiles en Cuba. Junto a la guerra económica, Cuba está siendo sometida a una guerra no convencional de alta intensidad mediante subversión digital, la financiación de mercenarios internos, campañas de difamación mediática y redes de influencia que intentan disfrazar la intervención flagrante como "ayuda humanitaria".


En este sentido, no nos sorprenden en absoluto las recientes revelaciones en los principales medios estadounidenses sobre un aumento de las operaciones de la CIA en Cuba para subvertir el orden interno. No se trata de filtraciones aleatorias, tal como se presentan, sino parte del plan deliberado del régimen estadounidense para librar una guerra psicológica contra Cuba.


En el apogeo del cinismo y la perversidad, el Secretario de Estado declaró recientemente que las sanciones estadounidenses contra el régimen cubano solo se endurecerán. "Lo que intentamos enseñarles", dijo, "es que no hay válvulas de escape."


Esta es una admisión sin tapujos de que existe una situación difícil en Cuba como consecuencia de una guerra económica sin precedentes. Esta declaración constituye una amenaza abierta de exterminio contra todo un pueblo si no se someten a los dictados del imperio.


El gobierno de Estados Unidos ha intensificado sus amenazas militares y ha actualizado su doctrina de "cambio de régimen", mantiene a Cuba en la lista espuria de estados patrocinadores del terrorismo y, para colmo, ha inventado la ridícula acusación de "poder espionaje" o foco de subversión de la llamada izquierda terrorista radical, de la que parece que todos aquí formamos parte, un nombre patético y fantasioso, solo creíble en sus mentes psicóticas, pero que usan para confundir, justificar más castigos y legitimar sus agresiones.


En este asunto, expertos de las Naciones Unidas subrayaron que las medidas coercitivas unilaterales ilegales impuestas por Estados Unidos contra Cuba violan el Artículo 2 de la Carta de la ONU y forman parte de una estrategia más amplia de cambio de régimen que abarca décadas de embargo contra Cuba.


"El gobierno de Estados Unidos debe poner fin a todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocar todas las medidas que haya impuesto al país y que sean contrarias al derecho internacional", dijeron los expertos.


Añadieron: "El Consejo de Seguridad y la Asamblea General deben abordar con urgencia estas amenazas como cuestión de paz y seguridad internacionales."


No puede haber mayor acto de cinismo que el perpetrador intente presentarse como víctima, cuando sus malas acciones han sido públicas y notorias durante décadas. Estados Unidos no tiene autoridad moral ni derecho a señalar a Cuba, que probablemente ha sido la nación más espiada por ellos y con los mayores fondos para la subversión económica e ideológica.


Cuba no tiene que adoctrinar a nadie. No tiene que exportar ideas. La historia nos enseña lecciones, mostrando hasta dónde pueden caer los imperios para satisfacer su insaciable apetito de dominación y posesión de los recursos materiales y humanos de otras naciones.


En esta reunión, y ante ustedes, denunciamos la política criminal de Estados Unidos contra Cuba, y también a quienes guardan silencio y toleran los excesos de la envalentonada extrema derecha fascista estadounidense, que miente, roba, mata y finge ser el árbitro de todos los destinos.


El bloqueo de Estados Unidos solo funciona gracias a la complicidad de quienes temen más el poder de Washington que el juicio de la historia. El mundo no puede convertirse en cómplice de otro genocidio.


Cada vez que una parte del mundo permanece en silencio ante la agresión contra Cuba, el derecho internacional se debilita. Cada vez que un gobierno acepta las sanciones ilegítimas de Estados Unidos, se erosiona el principio de no intervención. Cada vez que una empresa se ve presionada para abandonar sus inversiones en Cuba y otras no deciden hacerlo por miedo a represalias, se fortalece la dictadura económica de una sola potencia.


Ante esta realidad probada e innegable, Cuba se ha defendido, dentro de sus derechos legítimos, como cualquier país del mundo. El pueblo cubano también ha contado con la solidaridad de hombres y mujeres con un fuerte sentido de la justicia y la moralidad, conscientes de que la razón y la verdad están de nuestro lado, muchos de los cuales ahora son perseguidos o amenazados por su activismo solidario.


El resurgimiento del macartismo en su peor forma y con alcance transnacional, que sitúa a Cuba en el centro de su cruzada irracional, intenta no solo criminalizar la solidaridad con Cuba o crear un nuevo falso pretexto para su agresión, sino también silenciar las voces disidentes contra el orden mundial que quieren imponer.


¿Qué causa común une a los movimientos de izquierda y progresistas en todo el mundo? Sin duda, la justicia social; los derechos laborales y de los niños; la defensa de causas feministas, de género y raciales; el cuidado y la preservación del medio ambiente; la participación popular; la memoria histórica y el respeto a los pueblos indígenas; la paz y armonía mundial entre naciones; la solidaridad internacional, entre muchas otras cosas que generalmente se proyectan en términos de dignidad humana.


¿Puede alguien con una mente racional creer que la izquierda o las fuerzas progresistas son por tanto un peligro para la humanidad? La respuesta obvia es no.


Solo el fascismo puede ver tal peligro en la izquierda, porque busca imponer por la fuerza una ideología y un sistema de valores completamente contrarios a él; por eso, en su ascenso actual, busca desesperadamente criminalizarla, neutralizarla y silenciarla.


El exterminio de los palestinos en Gaza, el golpe en Venezuela, el castigo colectivo al pueblo cubano son eventos lo suficientemente graves como para no permanecer pasivos. Mañana, cualquier nación podría acabar como Gaza o Cuba si no se enfrenta al fascismo. La clave está en el pueblo, en su conciencia, su movilización y su unidad internacional.


Ante esta asfixia, Cuba no ha cedido. Tenemos respuestas que lo demuestran: las vacunas contra la COVID-19, la producción de alimentos mediante técnicas agroecológicas en medio de la escasez, el avance de la energía limpia, la participación popular en los barrios y la defensa de todo el territorio por un pueblo transformado en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y soberanía.


Sí, tenemos muchas carencias. Estamos cargados de apagones, escasez de agua, inflación y largas colas. Pero ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad, en la que Fidel nos crió, ni hemos renunciado al principio de Martí de que "la patria es la humanidad" (Aplausos).


Un hecho que lo confirma es que, en estos últimos días del curso escolar, tensos y difíciles como ningún otro, 30.185 jóvenes profesionales se han graduado en universidades cubanas, 735 de ellos de 62 países formados en Cuba. Y una estadística que nos honra compartir: 23 nuevos médicos palestinos y cinco médicos estadounidenses (Aplausos).


La respuesta del pueblo, bajo el liderazgo del Partido Comunista de Cuba, ha sido una resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus logros y la actualización de su modelo económico y social, sin renunciar nunca a los principios del socialismo y sin ceder a la presión o el chantaje. Esta capacidad de resistir y transformar tiene sus raíces, más firmes que nunca, en el pensamiento y la acción del comandante en jefe Fidel Castro Ruz (Aplausos).


Fidel entendía, como pocos otros, la necesidad de combinar firmeza ideológica con flexibilidad táctica. Nos enseñó que "el marxismo-leninismo no es una doctrina muerta, ni un catecismo, sino un método, una guía, un instrumento para resolver concretamente los problemas de la vida."


Cuba trabaja bajo esta concepción en el camino inexplorado de la construcción del socialismo, como también afirmó una vez el general del ejército Raúl Castro Ruz. Ni siquiera los marxistas clásicos podrían haber imaginado cómo hacerlo en una isla pequeña, amenazada por el mayor imperio de la historia de la humanidad y completamente bloqueada, con un estado aislado de toda fuente de recursos, financiación y comercio.


Ante este dilema, es necesario producir y generar riqueza para redistribuirla con la mayor justicia social posible y preservar los logros históricos y esenciales de la Revolución en áreas estratégicas como la salud, la educación, la cultura, la ciencia, la energía y las comunicaciones.


Hacerlo será tarea de todos, desde empresas estatales como no estatales, junto con otras formas de gestión económica que juntas conforman la red empresarial cubana, todas centradas en un único objetivo: construir el socialismo próspero y sostenible que merece el heroico pueblo cubano.


Sé que el tema de las transformaciones económicas y sociales ha sido objeto de mucha cobertura y debate. Sin embargo, quiero enfatizar algunos conceptos clave: este es un proceso para revitalizar la economía, no para establecer el capitalismo; no habrá privatizaciones desenfrenadas, los medios fundamentales de producción permanecerán en manos del pueblo y, sobre todo, se preservarán la soberanía nacional y la independencia.


Para un proceso tan complejo, el Partido Comunista de Cuba, como fuerza máxima dirigente del Estado y la sociedad, se erige como la autoridad principal responsable de su dirección, coordinación y control.


El Partido seguirá siendo el vigilante guardián de los intereses del pueblo, la clase trabajadora, las ganancias sociales y la justicia social que ha impulsado la Revolución desde sus inicios. No es, ni será jamás, un partido de élites o lobbies. Su papel como único partido requiere que sea cada vez más democrático y representativo, como Raúl nos ha llamado en tantas ocasiones, sin perder nunca de vista al pueblo, la Revolución y el socialismo. (Aplausos)


En un mundo donde se intenta convencernos de que no hay alternativas, nuestra tarea común es demostrar con hechos que existen alternativas, que el socialismo sigue siendo la única salida realista y humana de la barbarie capitalista, como enseñó el marxismo científico.

Queridos compañeros de lucha:


Hoy, en el centenario de su nacimiento, Fidel no está presente físicamente, pero su presencia es más fuerte que nunca. ¿Qué nos legó el Comandante en Jefe? Nos legó la certeza de que los sueños se ganan defendiendo ideas; nos dejó la lección de que el internacionalismo no es solo una frase, sino una actitud que debe distinguirnos; nos enseñó la convicción de que el socialismo es la única forma de salvar a la humanidad del abismo.


Fidel fue el primero en denunciar la globalización neoliberal como el imperio de la muerte, y también el primero en alzar la voz por un mundo mejor para todos.


Nos enseñó que la lucha por la preservación del medio ambiente y de la especie humana es también una batalla socialista, que la ciencia debe estar al servicio del pueblo y que la unidad de los revolucionarios es más importante que cualquier diferencia táctica.


En Fidel encontramos no solo a un líder histórico, sino una escuela de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, anticipar, escuchar al pueblo y actuar con audacia y honestidad. Como declaró en medio de las peores amenazas: "Si lo que los imperialistas quieren para la paz es que dejemos de ser revolucionarios, no dejaremos de serlo, ¡nunca bajaremos nuestra bandera!" (Aplausos.)


Hermanos y hermanas:


Que esta reunión en La Habana, en la patria de Fidel, sirva para renovar nuestro compromiso, coordinar nuestras acciones y fortalecer nuestra convicción de que la clase trabajadora organizada, guiada por sus partidos de vanguardia, puede cambiar la historia. El momento exige más que declaraciones de principios. Exige un salto cualitativo en nuestra articulación y coordinación internacional. Nosotros, los partidos comunista y obrero, tenemos el deber histórico de tejer una red de solidaridad efectiva, una que no se limite a declaraciones sino que se traduzca en acciones concretas:


Romper el bloqueo mediático fascista, utilizando plataformas para difundir la verdad sobre Cuba, Palestina y todos los pueblos bajo agresión.


Apoyar al pueblo cubano en su justa lucha por el levantamiento del bloqueo criminal contra Cuba, movilizando parlamentos, sindicatos y movimientos sociales.


Fortalecer los mecanismos de cooperación económica y tecnológica entre nuestros países y organizaciones.


Y, fundamentalmente, avanzar en el debate teórico sobre el socialismo del siglo XXI, adaptando los principios marxista-leninistas a las nuevas condiciones de la revolución digital, la comunicación y la crisis ecológica, sin abandonar nunca el objetivo central: la plena dignidad de la humanidad.


Además, pido autocrítica. No basta con condenar al imperio; debemos construir el poder popular a nivel de base, ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas. La unidad de los comunistas debe ser sólida, pero tan flexible como la inteligencia de Fidel para dialogar con todos los sectores progresistas. La unidad no es uniformidad; ¡la unidad es la voluntad de luchar y de ganar juntos! (Aplausos.)


Ante la ofensiva imperialista y la crisis estructural del capitalismo, los partidos comunistas y obreros son llamados a desempeñar un papel de vanguardia, no solo en el ámbito electoral o institucional, sino —y sobre todo— en la organización, politización y movilización de la clase trabajadora bajo las complejas condiciones impuestas por el capitalismo contemporáneo.


Es nuestra responsabilidad fortalecer la unidad del movimiento comunista internacional, respetando la diversidad de experiencias, pero con claridad estratégica frente al enemigo común: el imperialismo, el fascismo y el capital monopolista.


Debemos profundizar en nuestro trabajo político e ideológico, desafiar la hegemonía cultural y enfrentarnos a la maquinaria de desinformación que busca presentar el capitalismo como el único futuro posible.


Debemos organizar a la clase trabajadora y a los sectores populares en las nuevas realidades del trabajo, donde la digitalización, la automatización y la economía de plataformas cambian las formas de explotación, pero no su esencia.


Hermanos y hermanas de armas:


A pesar del poderío militar de Estados Unidos, el movimiento comunista internacional no se rinde; resiste y se mantiene firme (Aplausos).


Es imposible predecir cuánto durará esta ofensiva imperial. Puede que veamos aún más agresión y más bloqueos, pero tenemos la certeza, heredada de nuestra propia historia, de que el futuro pertenece a quienes sueñan y construyen, no a quienes destruyen y mienten.


Defender Cuba con fuerza y urgencia significa detener el avance de ideas supremacistas, racistas, xenófobas, elitistas y excluyentes, enemigas de la verdadera libertad y la emancipación humana.


Defender Cuba significa luchar contra el colonialismo del siglo XXI, contra la hegemonía, contra la pretensión de que un solo país debe decidir el destino de todos. Camaradas, en vísperas del centenario de Fidel, os llamo a redoblar sus esfuerzos.


No nos conformemos con la mera supervivencia; aspiremos a construir juntos un mundo donde la palabra "solidaridad" no sea solo un adorno, sino la fuerza motriz detrás de todo. Donde los niños no mueran de hambre mientras la comida se tira al mar. Donde la ciencia sana, no beneficia. Donde la política sea, como dijo Che, el arte de servir a los demás.


¡Siempre hacia la victoria, siempre! (Exclamaciones de: "¡Siempre!")


¡Viva Fidel en su centenario y para siempre! (Exclamaciones de: "¡Viva!")


¡Viva la unidad de los comunistas! (Exclamaciones de: "¡Viva!")


¡Viva la lucha de nuestros pueblos! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

(Aplausos.)


(Oficina del Presidente, Gobierno de Cuba)

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