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Educación superior, mitos y realidad

Mouris Salloum George. Voces del Periodista. 28 julio, 2023


Los exámenes de admisión se han convertido en una pesadilla para los aspirantes a ingresar a la educación superior pública de México. Para el ciclo escolar 2023-2024, en su convocatoria reciente, la UNAM dejó fuera en un primer intento a 180 mil 166 aspirantes. Solo admitió a 21,346 -el 10.5% de los 201 mil 512 que presentaron la prueba-.


Cada año, el temor de quedar fuera lleva a los y las estudiantes y a sus padres de familia a estados de alta tensión y a una profunda depresión cuando ven los resultados y quedan fuera.


Para muchos excluidos es el fin de un sueño. Tendrán que buscar opciones o encontrarle otro giro a sus vidas; y no es fácil, ni para los jóvenes ni para sus padres.


Una parte importante de los interesados en convertirse en “pumas” también se inscribe a los exámenes para la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y para el Instituto Politécnico Nacional (IPN), las otras dos instituciones más demandadas.


Hay que señalar que una mayoría de estudiantes elige a las tres mencionadas, por su “prestigio” y desde luego por su condición de gratuidad o de bajo costo. Respecto de las privadas, aunque hay de todo, una limitante para muchos aspirantes son sus elevadas colegiaturas.


La educación superior en México está plagada de mitos: que si unas son mejores o gratuitas y que otras son más caras; o que tienen instalaciones atractivas y planes de estudio modernos. Sin duda, la institución académica es una plataforma muy valiosa, pero lo más importante lo ponen las y los estudiantes: empeño y ganas de triunfar.



Hay que considerar que México suma alrededor de cinco millones de estudiantes del nivel superior, público y privado. El país tiene un sistema muy rico de opciones, con miles de instituciones públicas y privadas, en todas las ramas del conocimiento.


Desde hace muchos años, alrededor de 200 mil estudiantes quedan fuera de las mencionadas instituciones. El mismo problema se da en las entidades federativas.


El caso de los rechazados generó un Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (MAES). Ellos exigen que desaparezcan los exámenes estandarizados como métodos de admisión, más presupuesto y más universidades.


Un tanto para responder a ese reclamo este gobierno estableció el sistema de “Universidades del Bienestar Benito Juárez”. Sin embargo, el proyecto adolece de requerimientos necesarios para ser competitivo y de alta calidad.


La realidad es que no hacen falta más instituciones, sino mejor personal docente, equipamiento de vanguardia, más becas, nuevos planes de estudio y mejor orientación vocacional.


No obstante, persiste la actitud de los gobernantes de preocuparse por los estudiantes y por la educación superior de calidad solo en el discurso; en los hechos politizan la enseñanza y reducen los presupuestos.


Los gobiernos neoliberales dejaron de mejorar la educación pública, por privilegiar la privada. Este gobierno de alternancia, “antineoliberal”, en los hechos prosigue la política empobrecedora de la educación superior.


Parece que los funcionarios no entienden los enormes desafíos presentes y futuros del país y el definitorio papel de los jóvenes.

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