Financiamiento a los partidos e instituciones antidemocráticas

MEXTEKI

En México en 2021 se destinarán 7,315 millones a los partidos políticos. Al PAN le dimos, 1,243 millones de pesos, al PRI 1,169, al PRD 1,076 millones, al PT 508 millones, al Verde 554 millones, a Movimiento Ciudadano 534 millones, a Morena 2,243 (renunció a la mitad), al PES 161 millones, 161 millones, a Fuerza Social por México 161 millones. Al INE se le va a dar la enorme cantidad de 19, 593 millones de pesos en un año de crisis y pandemia, y aun así Lorenzo Córdova, Consejero Presidente se quejó amargamente “por el mayor recorte presupuestal de la historia del INE”.

Que bien que cada quien pueda apoyar activamente al partido de su preferencia u organizarse en partidos con nuevas opciones. Que se destinen recursos para la organización, la educación, la movilización para alcanzar el bienestar general.

¿Porqué del dinero del contribuyente se sostienen a los partidos, siendo que la mayoría de la población no está de acuerdo, o está en contra de uno, dos o la mayoría de estos partidos? Las cantidades que se les dan a los partidos son descomunales y solo las usan para campañas de escándalos e insultos, para comprar militantes, oficinas, vehículos, contratos para los compadres y amigos. Además, les garantiza el predominio en el proceso político. No es para eso que deben existir los partidos.

Los partidos son organizaciones muy necesarias para la agrupación y organización de las personas con el fin de impulsar sus programas, proyectos y alternativas para el país. Un partido es la unión de voluntades que coinciden en ideas y aspiraciones. A un partido lo unen sólidas convicciones y perspectivas comunes. Sus miembros militan por voluntad, de manera sincera y convencidas. En los partidos que buscan un cambio los militantes ponen su trabajo gratuito y sus recursos en aras de ese colectivo. Sólo se acercan los que están de acuerdo con las ideas, el programa, la estrategia, táctica y métodos de trabajo del partido en el que se toman las decisiones democráticamente, siempre que se pueda por consenso para determinar el futuro de su proyecto.

En la actualidad los partidos son financiados y esto prostituye todo el proyecto. Se unen personas, en la mayoría de los casos, por una paga, recursos, viáticos, el dinero. Se pelean no por ideales o por afinar su proyecto, presentar un programa a la sociedad, sino por los puestos que dan acceso al manejo del dinero. Si se dejara de financiar a los partidos, quedarían los que están convencidos y no trabajan por dinero. Por los que quieren un cambio positivo y una transformación profunda para el país. Quedarían aquellos que pueden trabajar desinteresadamente por el bien común. A quien en primera instancia perjudica el que se financie a los partidos es a los mismos partidos. A la vez, como los partidos tienen el monopolio de las candidaturas, muchas personas se pasan al partido que les ofrece una candidatura y no les importa la doctrina de esos partidos y saltan como chapulines a uno y otro yendo por las candidaturas, yendo por el dinero. La toma interna de decisiones por las bases también se ven marcadas por el interés de una candidatura, un puesto, una paga. Para que se pueda dar la renovación democrática es necesario dejar de financiar a los partidos.

Con ese financiamiento no solo compran militantes, también compran propaganda, imagen, compran votos, y además se enriquece la dirigencia y sus socios. De modo que todo el proceso de elección de representantes se vuelve un gran negocio y no tiene nada que ver con la voluntad del pueblo, el alcanzar su bienestar y sus aspiraciones.

En el sistema de partidos, dominante en el mundo, ellos tienen el poder del Estado. Seleccionan candidatos a las elecciones federales, estatales y locales, además en México proponen y eligen a los Magistrados del poder Judicial, a los consejeros de los organismos electorales, a los dirigentes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de la Auditoría Federal de la Federación y de otras muchas instituciones. Así tienen el control del poder ejecutivo, legislativo y judicial. Y cuentan con todos los mecanismos para mantener y defender los intereses de las grandes corporaciones que dominan la vida política, económica y social en la actualidad.

Los partidos, aunque tengan una amplia membresía son controlados por una cúpula, que es la que decide, reparte puestos y posiciones. Las cúpulas son fácilmente cooptadas por las corporaciones y son convencidos mediante sobornos y/o amenazas de tomar las medidas que les impone la agenda de la oligarquía financiera mundial. Los partidos son controlados en México por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y por el Instituto Nacional Electoral que no permiten la toma de decisión de las bases de los partidos, cualquier individuo que gane una demanda puede echar abajo, hasta los acuerdos hasta de un Congreso Partidario.

Cuando el poder local, estatal o federal toma medidas populares que afectan a las corporaciones, llega el poder judicial a maniobrar para echar abajo las medidas que favorecen a la población, cuando el poder federal pretende tomar las medidas profundas que conlleva una transformación, difícilmente logra aprobarlas en el Congreso. Cuando existe un gobierno federal nacionalista y progresista que no conviene los intereses del Imperialismo y de los capitales globales, maniobran con el poder judicial o el Congreso para darles un golpe de Estado blando.

Para la renovación democrática es preciso que cese el financiamiento a los partidos, que se financie un sistema electoral que permita que los electores seleccionen a los candidatos, discutan propuestas, conozcan proyectos, programas y elijan el camino a seguir, eliminando propaganda mercantil y vacía, buscando soluciones concretas a los problemas y mandatando a sus representantes para que hagan lo acordado en la campaña. El representante no sería una persona ganadora, sino el responsable ante el colectivo de aplicar el proyecto acordado en la campaña.

Financiar un sistema que organice desde cada comunidad la participación y la toma de decisión del pueblo. Los miembros de partidos se ganarían la candidatura y la representación electos por la comunidad, de cara a ella y con responsabilidad ante ella y no en grillas y corruptelas partidistas.

Financiar la organización desde la base para que el pueblo decida su futuro, tomando la soberanía en sus propias manos, sin entregar su poder de decisión en manos de las cúpulas de los partidos, para que se mantenga organizada y en control, dando seguimiento a las decisiones que se toman democráticamente.

Financiar las condiciones para que cotidianamente se expongan, discutan, propongan las soluciones de los problemas desde su comunidad, región y a nivel nacional. Para incorporar a toda la población a la participación en la discusión y solución de sus problemas. En los mecanismos para el apoyo y control a los funcionarios responsables lleve a cristalizar la voluntad del pueblo y así cristalizar la soberanía popular. Dejemos de financiar a los partidos y pasemos a financiar un nuevo proyecto de Nación.

La humanidad se desarrolla y tiende a la democracia. La “democracia americana” no es más que la dictadura de las corporaciones, hace falta una nueva democracia, México está en un proceso de transformación que debe conducir a una profunda renovación democrática. Es por eso necesario desarrollar nuevas alternativas, propias del siglo XXI, que conjuguen e integren: Independencia, justicia, paz y democracia.