top of page

Hernán Cortés, negra historia

  • Foto del escritor: Mexteki
    Mexteki
  • hace 2 días
  • 9 Min. de lectura

Imágen. Hernán Cortés pintado por Diego Rivera
Imágen. Hernán Cortés pintado por Diego Rivera

Pablo Moctezuma Barragán


Hasta la tierra protestó con un temblor la misma mañana del 4 de mayo en que la alcaldesa del PAN, Alessandra Rojo, junto con la presidenta de Madrid, Isabel Díaz, querían extraer a Hernán Cortés del basurero de la historia. Hasta programaron una misa en la Catedral de la CDMX para homenajearlo, misma que fue cancelada a última hora por la Arquidiócesis.


El PAN se exhibe reivindicando a Cortés y a la invasión del imperio español, así como la chihuahuense Maru Campos propicia hoy la intervención del imperio yanqui en nuestras tierras. No olvidamos cómo Cortés y su soldadesca no dejó piedra sobre piedra de la esplendorosa Mexico-Tenochtitlan y la sitiaron para matar de hambre a su población, así como ahora el sionismo comete un genocidio en Palestina, destruye Gaza y tiene cercada a la población para que no reciba agua, ni alimentos. Incluso ataca en aguas internacionales a la flotilla humanitaria Sumud.


Fueron Cortés y los invasores europeos quienes comenzaron la era de agresiones, saqueo y violencia que hoy continua EU atacando Irán, Cuba y Venezuela. Misma que los pueblos soberanos, unidos y organizados, tenemos el reto de derrotar para siempre.


Hernán Cortés de Monroy y Pizarro nació en Medellín, Extremadura, en 1485. Su familia se sentía de noble estirpe; sin embargo, eran pobres, desde joven lo movió la ambición.


Fue hijo único de Catalina Pizarro y Martín Cortés, consentido y caprichoso. A los 14 ingresó a derecho en la Universidad de Salamanca; era flojo y peleonero, siempre a punto de ser expulsado. Vivió dos años en casa del escribano Francisco Núñez de Valera y se familiarizó con la escritura de relatos, cartas y alegatos. Se convirtió en un leguleyo que violaba la ley con habilidad.


Abandonó los estudios y, luego de estar un tiempo en Medellín, su papá lo mandó a Valladolid a aprender el oficio de escribano. Con estos estudios y su astucia estaba preparado para realizar escritos engañosos para favorecerse sin importar su veracidad. Sabía redactar con maña y conocía las leyes, por lo que siempre buscaba en sus textos justificar y glorificar sus actos.


Sus Cartas de relación al rey las escribía mucho después de los hechos. A Moctezuma lo asesinó la noche del 30 de junio al primero de julio de 1520, tardó cuatro meses en relatar los hechos al rey en su segunda carta, en octubre de ese año. La caída de Tenochtitlan fue el 13 de agosto de 1521, y él escribe la tercera carta hasta el 15 de mayo de 1522, y tarda casi dos años y medio en mandar la cuarta carta, el 15 de octubre de 1524. Asesinó a Cuauhtémoc el 28 de febrero de 1525, y luego de año y me dio, el 13 de septiembre de 1526, mandó su relato. La primera carta, supuestamente escrita en julio de 1519, nunca llegó, se perdió o inventó haberla escrito; ahí debió explicar su huida de Cuba. Así que  Cortés elaboraba sus narraciones siempre de forma mañosa, construía sus textos para presumir hazañas y ocultar crímenes. Eulalia Guzmán, en su libro Relaciones de Hernán Cortés, desenmascara su sarta de mentiras e inventos.


Luego que el revoltoso dejó las letras, se dedicó a lo que le interesaba: las armas para imponerse violentamente a los demás. Su padre, no hallaba qué hacer con el joven problemático que sabía enredar a la gente, enamoraba y engañaba a cuanta muchacha conocía sin importarle si era casada o soltera; además siempre andaba en pleitos. Entonces  le propuso irse a Italia al ejército de Gonzalo Hernández de Córdoba, pero el muchacho enfermó y no pudo ir. Cuando su pariente Nicolás de Ovando fue nombrado gobernador de La Española,  el ambicioso joven se apuntó para unirse a la expedición. Unas noches antes de partir, estando en una aventura con una mujer casada, llegó el marido de improviso y el amante saltó por la ventana. Se rompió una pierna y nunca quedó bien de su cojera. Hernán no estuvo en condiciones de viajar.


Tras recuperarse logró embarcarse para alcanzar a Ovando. Llegó en 1504, fue su protegido. El joven sabía hacer contactos para conseguir “palancas” daba rienda suelta a sus ambiciones. Llegó a Quisqueya, cuando la invasión llevaba 15 años en lo que llamaron La Española. Luego de exterminar con crueldad a la población originaria, comenzaron a comprar a personas esclavizadas desde África, donde habían sido secuestradas.


Hernán Cortés fue un asesino, genocida, ladrón, traidor, criminal, feminicida, invasor, mentiroso y calumniador. Diego Rivera lo pintó tal como era: jorobado y cojo, con barba rala; imagen que resulta del análisis de sus restos que realizó Alfonso Quiroz Cuarón, el gran científico mexicano experto en antropología física que examinó los despojos que se encontraban  en el Hospital de Jesús en la década de 1940.


Así era el capitán que encabezó a la bárbara soldadesca. Como era muy hábil, se enteró de las contradicciones entre los pueblos del Anáhuac para, con engaños, promesas y amenazas, aliarse con pueblos que ambicionaban sustituir a la Triple Alianza con otra. Fomentó la división y logró atraer a pueblos originarios.


Una vez vencedor Cortés acaparó todo el poder, les dio las gracias a sus aliados y los despidió sin nada, se deshizo de ellos con promesas de que después les daría tierras y vasallos. Nunca cumplió. Ni siquiera tomó en cuenta al traidor Ixtlixóchitl que, de espaldas  a su pueblo de Texcoco y a la Triple Alianza, fue el brazo derecho de los españoles en los momentos críticos. Aun cuando fue amigo incondicional de los españoles, no le dieron nada, se quedaron con  sus tierras y casas; cuando algo le concedió Cortés, era lo que ya había sido siempre de su pueblo, y solo le devolvió una parte.


Analicemos también el comportamiento de los invasores entre sí, en particular el de Cortés, para estudiar con más objetividad las Cartas de relación al rey de España. Tomar nota de las traiciones y muertes tan convenientes y repentinas que favorecieron el ascenso del capitán de Medellín al poder.


Recordemos que, al huir de Cuba, para conquistar sin permiso nuestras tierras, desobedeciendo al virrey Diego Velázquez, este mandó a Pánfilo de Narváez a capturarlo. En Cempoala, Veracruz, el 24 de mayo de 1520, en medio de una tregua, Narváez fue atacado a traición, le sacaron un ojo, lo hicieron prisionero y lo trasladaron a Veracruz, donde lo retuvieron dos años. Cortés había corrompido y comprado con oro a sus soldados para que traicionaran a su capitán Narváez y se incorporaran a su ejército.


El 12 de mayo de 1521, Cortés mandó ejecutar a Xicoténcatl, dirigente tlaxcalteca, cuando se preparaba a tomar Tenochtitlan a sangre y fuego. Xicoténcatl “el mozo” había combatido a los invasores en Tlaxcala y mereció la venganza de Cortés, quien lo mandó a la horca. Esta indigna práctica comenzaron a aplicarla los españoles desde finales de 1520 al esclavizar y aterrorizar a los pueblos y herrarlos como animales. Fue hasta 1536 cuando el papa Paulo III declaró que los indígenas eran seres  humanos.


Por supuesto que nunca reconocieron sus asesinatos, pero curiosamente Cortés tuvo la “suerte” de ver pasar al otro mundo a todo aquel que se oponía a la satisfacción de sus deseos y ambiciones.


Es imposible cuantificar el número de asesinatos que cometió el “conquistador”; era capaz de perpetrar crímenes colectivos, como ocurrió en Mexico-Tenochtitlan, Cholula, Tepeaca, Texcoco, etc., así como de eliminar de modo selectivo a quien no le convenía.


Incluso con su familia actuaba así, por ejemplo con su esposa Catalina Juárez, quien llegó en 1522 procedente de Cuba y se instaló en Coyoacán. En esa época, Cortés tenía abiertamente numerosas amantes además de la Malinche, quien ya había dado a luz a Martín Cortés.


La relación de este mujeriego con Catalina fue muy complicada desde sus orígenes. Hernán sedujo a Catalina en Cuba y le prometió que  se casaría con ella. Después no quiso cumplir, por lo que amenazó con demandarlo. Ella era pobre, pero tenía influencias porque su hermana era amante del gobernador Diego Velázquez. Cortés fue a dar a la cárcel, de donde escapó, pero fue obligado a casarse con Catalina.


Varios meses después de la llegada de la esposa de Cortés al Anáhuac, el matrimonio ofreció un banquete en su casa el Día de Todos los Santos. Catalina se veía sana. Durante el convivio platicó con Francisco de Solís sobre el trabajo de los indios y la forma en que los trataban, Catalina le dijo que en pocos días ya nadie se metería con lo suyo, posiblemente refiriéndose a que a sus indios les daría otro trato. Al oírla Cortés, al parecer en broma, replicó: “Con lo vuestro señora, yo no quiero nada”.


Catalina se enojó y se fue a dormir. Más tarde, el marido fue a reunirse con ella. A media noche, Cortés dio voces avisando que Catalina estaba muerta. Sus doncellas entraron a la habitación y, según declararon posteriormente, la encontraron con magulladuras en el cuello, la cabeza azulada y las cuentas de su collar roto en el suelo.


Cortés no aceptó el consejo de fray Bartolomé de Olmedo de hacerle autopsia por un médico acompañado de un abogado antes de enterrarla; pero él insistió en ponerla de inmediato en un ataúd, clavar la tapa y enterrarla. Numerosos testigos acusaron a Cortés de haber asesinado a Catalina, entre ellos Jerónimo de Aguilar, Joan de Tirado y varias de sus doncellas, quienes después dijeron que Catalina estaba celosa de las amantes de Cortés y peleaban frecuentemente. María Hernández declaró que Cortés echaba a menudo de la cama a Catalina,  quien una vez le dijo a ella: “Ay, señora, algún día me habéis de hallar muerta”.


Los amigos de Cortés declararon que murió de un síncope; por su parte, el feminicida justificó los moretones en el cuello de su esposa diciendo que se los hizo al tratar de revivirla.


A mediados de 1522, el tesorero del rey, Julián de Alderete, enemigo de Cortés que había sido camarero del obispo Fonseca y era visto como una amenaza por aquel, murió mientras iba a bordo del buque Santa María de la Rábida. Había roto relaciones con Cortés y se dirigía a Europa a denunciarlo con el emperador Carlos V. Fue envenenado en Veracruz y falleció antes de llegar a La Habana. Alderete, quien por cierto fue uno de los promotores del tormento a Cuauhtémoc para dar con el tesoro, había apoyado en 1521 a Cristóbal de Tapia, quien había llegado de España con instrucciones de sustituir a Cortés al frente de los asuntos de la Corona en la nueva colonia.


Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, recibió en 1521 permiso de España para colonizar el Pánuco. En 1523 ya había organizado una gran flota que llegó a México y dijo a los indios de la región que “había llegado a México para castigar a Cortés por haberlos perjudicado”.


Luego que Cortés recibió la cédula de octubre de 1522, que lo nombraba capitán general y gobernador de todo el territorio que incluía la región del Pánuco, invitó a Garay a México, donde lo recibió con hospitalidad y cariño, tratándolo como a un “hermano”, incluso concertando una boda entre sus hijos. Casualmente, Garay murió quejándose de  dolor de estómago después de cenar con Cortés en Nochebuena.


En 1524, después de la expedición a las Hibueras, el juez Luis Ponce de León llegó de España para hacerle a Cortés un juicio de residencia. Murió, se dijo, tras comer tocino en la mesa de Cortés. El otro juez, Marcos de Aguilar, murió inmediatamente después. El dominico fray Tomás de Ortiz fue de la opinión que Cortés hizo envenenar a ambos. Estos asesinatos nunca se han podido comprobar, otros los hizo “legalmente”, como fue el caso de Pedro Escudero y Juan Cermeño, quienes fueron “sentenciados” a la horca por el delito de oponerse a que Cortés desobedeciera a quien era su autoridad: Diego Velázquez, y de conspirar para regresar en una carabela a Cuba. Este acto terrorista lo cometió Cortés para que todos sus expedicionarios entendieran que o lo obedecían de manera incondicional o morían. Al piloto Gonzalo de Umbría le amputó los dedos de un pie, y a unos marineros conocidos como los Peñates, se les azotó.


Estos antecedentes son de tomar en cuenta al analizar las Cartas de relación de Hernán Cortés, quien no solo era hábil como militar, sino que también usaba extraordinariamente bien la palabra y la pluma. Artes no le faltaban para eliminar, intimidar, amenazar y hasta convencer con sus estudios de leyes, por lo que todo lo que escribió lo hizo para presentar sus actos como si hubiesen sido legales. Él sabía que tenía muchos enemigos en la Corte real, además de los enviados por el virrey de Cuba para acusarlo ante el rey, de modo que no iba a escribir de su puño y letra nada que lo inculpara y menos sabiendo que por sus crímenes se hacía acreedor al máximo castigo: la pena de muerte. Fue tan hábil, sin embargo, que logró que 500 años después la historia oficial siga repitiendo sus mentiras y los modernos hispanistas negativos defendiéndola de mil formas. Es hora de desenmascarar a Hernán y dejar de repetir sus mentiras en la historia oficial.


Comentarios


Suscríbete a nuestro boletín

Este espacio fue creado para la libre expresión y publicación de artículos de diversos autores quienes son responsables de los mismos. ExpressArte Internacional y/o Expre Interna y sus representados no se responsabilizan por las opiniones vertidas y/o publicaciones desde la creación de su página, cuenta o portal de Facebook, estas son responsabilidad de quién las escribe exclusivamente, no de quién las publica.

  • White Facebook Icon

© 2023 by TheHours. Proudly created with Wix.com

bottom of page