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Irán, o la épica del presente

  • Foto del escritor: Mexteki
    Mexteki
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Renata Wimer* La Jornada 31 de marzo 2026


Antonio Gramsci dijo una vez: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”


Estamos en ese claroscuro. Navegamos entre monstruos inmensos creados en nuestras peores pesadillas: líderes genocidas, infanticidas y pedófilos; sociedades cooptadas por el supremacismo racial y por discursos delirantes de corte religioso. Lo que hemos visto en estos últimos tiempos es verdaderamente atroz.


Los monstruos se están reproduciendo a escala global y, ante ello, necesitamos hacer algo urgente para impedir que la pesadilla siga creciendo y termine por apoderarse de todo.


Dentro de esta distopía, donde un día se asesinan niños en una escuela en Irán y al siguiente, el principal responsable se va a jugar golf como si nada hubiera sucedido; donde líderes de países que atravesaron dictaduras sangrientas deciden reivindicar a los asesinos; en tiempos en que se puede ser arrestado y torturado por curar niños en un hospital o por protestar contra un genocidio; en esta realidad en la que las grandes empresas tecnológicas asumen contratos millonarios en favor de la industria de la guerra, cuando la desvergüenza parece no tener límites y la propia esposa de Mileikowsky es invitada a dar una conferencia en el Departamento de Estado en Washington para hablar de los derechos de los niños, aun sabiendo que su esposo ha aniquilado a más de 20 mil menores en Palestina, resulta evidente que se ha perdido el rumbo de este lado de la historia. Y lo más inquietante es que comenzamos a acostumbrarnos, como si la barbarie pudiera volverse paisaje.


Pero la historia no termina ahí. Cuando ya creíamos que la humanidad había perdido toda capacidad de dignidad, surgió ante nosotros algo inesperado: el levantamiento del pueblo iraní, al que quiero dedicar este escrito. Nadie lo esperaba. Nadie apostaba por una respuesta de esa magnitud en un mundo que parecía haber normalizado la derrota.


A partir de los bombardeos a su país y del asesinato del líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei, el pueblo de Irán, en lugar de esconderse con miedo, salió a las calles a defender su soberanía a capa y espada, aun bajo la caída de las bombas. Hacía mucho tiempo que no veía un alzamiento colectivo de tal envergadura y sentido de dignidad. Es un gesto épico, como de otro tiempo.


Y claro, al rastrear su historia, entendemos mejor: ese pueblo, heredero de la cultura persa, con más de 3 mil años de existencia en esa tierra, no sólo enfrentó a Alejandro Magno, a Gengis Kan y a las hordas mongolas, sino también las guerras otomanas y las invasiones árabes. Saben de batallas épicas. Desde los años 50 han experimentado directamente los intentos de la monarquía británica y del gobierno estadunidense por apropiarse de sus recursos, y conocen bien a sus adversarios. Aun así, estuvieron dispuestos a negociar en varias ocasiones y, una y otra vez, fueron traicionados. Esa memoria no es pasado, es una fuerza activa que organiza su presente. Por eso hoy dijeron “nunca más” y colocaron sobre el tablero de guerra condiciones claras para un cese el fuego. Además, sacaron un as bajo la manga: poner en jaque al sistema global cerrando el estrecho de Ormuz para sus enemigos

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