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La Violencia de Género y el Patriarcado

Alejandra Ávila.

El 25 de noviembre es el Día Internacional Contra la Violencia de género que es aquella que afecta de una u otra manera a las mujeres, por el mero hecho de ser mujeres. Es atentar contra su integridad, libertad y dignidad. Algunos tipos de la violencia que se ejercen en contra de ellas son física, sexual y/o psicológica.


La violencia hacia las mujeres se da en todos los ámbitos: en su integridad física, mental, moral; sucede dentro de su propia familia, en su vida laboral, económica y política; se ejerce a través de la explotación sexual o la prostitución forzada. Según ONU Mujeres hay tres distintos tipos de violencia ejercidos contra las mujeres: física, sexual y psicológica. Desafortunadamente, la violencia contra la mujer no sólo sigue sin resolverse, sino que continúan creciendo los números de feminicidios, trata de personas con fines de explotación sexual y/o laboral, discriminación de distintos tipos, etcétera.

Debido a esta misma ideología que las mujeres no denuncian cuando son víctimas de violencia, además del miedo a las represalias que pueden tomar en contra de ellas, así como a la revictimización de la que pueden ser objeto al momento de realizar la denuncia. Si se trata de una situación constante, les resulta sumamente difícil salir de ella: creen que no volverá a ocurrir o que “se lo ganaron” con su comportamiento, justifican al agresor y permiten que siga sucediendo. La ideología patriarcal sigue siendo dominante en nuestra cultura y eso nos sitúa a hombres y mujeres en un papel muy bien definido y del que es muy difícil despojarse. Cada paso que se ha dado hacia una ideología equitativa de género –cada vez que una mujer denuncia, que ejerce su derecho a vivir sin violencia– implica un enorme esfuerzo de por medio; uno por dejar atrás esas ideas y actitudes patriarcales, aún con todo lo que eso implica socialmente, y de enfrentar las leyes que no son favorables para las mujeres.

El término “patriarcado” es uno de los conceptos fundamentales desarrollados por el feminismo, y hace referencia al modelo de sociedades regidas por la dominación masculina. Las denominadas “sociedades patriarcales puras” serían aquellas en las que los varones (patriarcas) ejercen control y protección sobre las mujeres y niños de su grupo familiar. El origen del patriarcado sigue siendo hoy uno de los principales debates abiertos tanto en la Academia como entre activistas feministas, donde es común encontrarse con referencias al “matriarcado originario”, un modelo de sociedad organizado por las mujeres que habría desaparecido cuando los hombres se apropiaron del fruto de nuestro trabajo y de nuestra capacidad reproductiva. Lo cierto es que, pese a todo, el matriarcado no es sino un mito: su existencia de hecho nunca se ha demostrado.

Está claro que sólo las mujeres no podríamos hacer la revolución para acabar con el patriarcado, ya que este es muy poderoso, penetra en cada aspecto de nuestra vida y en una revolución social debemos participar toda la sociedad, sin hacer ninguna diferencia.

Otro factor importante es la existencia de una contracultura femenina. Romper con el patriarcado y construir un nuevo mundo implica reconocer unos valores femeninos, hasta ahora ignorados, desprestigiados o explotados. Esta contracultura se hace del todo necesaria ya que lo cuestiona todo. El Capitalismo se apropió de las relaciones de poder preexistentes para ponerlas a disposición de sus necesidades: la opresión de género adopta por tanto una forma específica en las sociedades capitalistas, siendo dos de sus rasgos fundamentales la división sexual del trabajo y la familia nuclear heterosexual y monógama. Esto no significa que las estructuras patriarcales y las normas de género actuales sean definitivas: desde la entrada del neoliberalismo, por ejemplo, estamos viendo la paulatina aceptación de otros modelos de familia junto con una evolución del modelo ideal de mujer, que, a pesar de seguir sosteniendo la carga de los cuidados, también aspira a tener un cierto desarrollo profesional propio.