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Los claroscuros del TMEC y el acecho Drácula

Andrés Peñaloza Méndez

Bia´lii, Asesoría e Investigación, A.C./bialii.2012@gmail.com

30 de septiembre de 2021

El pasado 20 de septiembre dos noticias se vertieron sobre el Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos-Canadá (TMEC) invitando a la reflexión sobre la naturaleza de este tratado.

El primero, alude a la conclusión, exitoso en términos de los gobiernos involucrados, sobre la reparación planteada en el marco del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (Anexo 31-A), para garantizar el voto personal, libre, directo y secreto de las y los trabajadores sindicalizados violentado durante la consulta para la legitimación de su contrato colectivo de trabajo en la planta de General Motors ubicada en Silao, Guanajuato.


La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) informó que, “la representante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai y el secretario del Trabajo, Marty Walsh, dan por concluido exitosamente el primer curso de reparación bajo el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida”. Indicando que “estas acciones demuestran el compromiso del Gobierno de México para establecer un nuevo modelo de relaciones laborales basado en una mayor democracia y transparencia sindical”. En consecuencia, la Tesorería de ese país podrá reanudar la liquidación de cuentas comerciales y aduaneras en favor de la planta de General Motors en Silao, Guanajuato para que la automotriz siga obteniendo los beneficios aduaneros del TMEC.

La reforma laboral, publicada el 1 de mayo de 2019, dirigida a garantizar que las y los trabajadores ejerzan plenamente sus derechos de libertad sindical y negociación colectiva, se ha instrumentado a cuentagotas, posibilitando al sindicalismo corporativo y tradicional consolidar su poder.

Contrario al entusiasmo gubernamental sobre la transformación del mundo laboral, la vacuidad narrativa se revela frente a los escasos procesos transparentes e informados y genuinamente democráticos registrados para la ratificación de contratos colectivos. Pero sobre todo por la ausencia de organización laboral. De la población ocupada del país el 55.8% está en el sector informal; por ende, carente de organización sindical.

En el sector formal, únicamente un 8.9% está sindicalizado (alrededor de 4.7 millones, con aplastante presencia del sindicalismo blanco y aquel agrupado en el Congreso del Trabajo); el restante 32.3% (18.6 millones) carece de sindicatos.

Confiamos en que el triunfo de las y los 5 mil 837 trabajadores; esto es, más del 90% de los sindicalizados en la planta de General Motors de México, en Silao, Guanajuato, participantes en la consulta de legitimación del contrato colectivo de trabajo realizada el 17 y 18 de agosto, donde el 55% votaron en contra de su ratificación, no sea ave pasajera.

Todos deseamos se constituya en el parteaguas de la democratización sindical en México. Pero el camino a seguir está lleno de escollos más que de apoyos. Bien se dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones.