MARTHA ELVIA PÉREZ BEJARANO

Pablo Moctezuma Barragán


En la actualidad existen mujeres ejemplares que dedican su vida a la lucha por los derechos y a la soberanía de México, que han combatido al régimen autoritario con todas sus energías. Una de ellas ha sido Martha, que nació en la ciudad de Chihuahua, el 22 de diciembre de 1948. Nos dejó prematuramente un 22 de marzo de 2017. Hasta muy poco antes de su fallecimiento trabajó con gran entusiasmo por la transformación de México y por proyectos sociales muy concretos y renovadores. Durante 50 años luchó incansablemente, siempre con gran creatividad, inteligencia y alegría que le permitían unir a todos los colectivos en los que participó.



Fue hija de Berta Bejarano de Parral, Chihuahua y Oscar Pérez del mismo estado. Nació en una familia tradicional y vivió su infancia en compañía de su entrañable hermana Carmen y su hermano Óscar. Su familia siempre la apoyó, siendo ella muy independiente, desde la adolescencia trabajó por gusto, acompañada en sus decisiones por padre y madre con quienes mantuvo una relación muy cercana. Eso es notable ya que ella fue audaz, rebelde y tomó desde joven un compromiso decidido con las causas sociales y la lucha por la democracia.


Contabilidad fue su primera carrera, que estudió en el Colegio Palmore, de donde egresó en 1965. Pero la contabilidad comercial no era lo suyo, movida por sus ideas sociales decidió emprender una aventura y se fue en 1971 con su hermana Carmen a Guadalajara donde ingresó al Instituto Superior de Cultura y Arte IPALA para cursar Trabajo Social Técnico, donde le tocó realizar prácticas en el Área de Atención a Mujeres del Centro de Salud de Jalisco, terminando sus estudios en 1974. En la facultad desarrolló un espíritu crítico y comprometido, movilizó a sus compañeras para conocer los problemas y organizarse con la comunidad, ligó el estudio con la práctica, fomentó la unidad del grupo y promovió realizar prácticas de campo, salir de la Universidad para ligarse al pueblo para servirlo. Eso la llevó a trabajar con la gente en La Paz, Tlaquepaque. Era muy clara en la defensa de sus posturas, muy respetuosa y dialogaba sin alterarse. Trasmitía pasión por su trabajo popular y contagiaba a sus compañeras. Su objetivo era la integración comunitaria.


En 1973 cuando el golpe militar de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, Martha se indignó, conoció lo pérfidos que podían ser las corporaciones afectadas por la expropiación del cobre y las medidas populares del gobierno de la Unidad Popular y el papel de Washington para dar un golpe a la democracia y apoyar una dictadura. Eso despertó en ella sentimientos antiimperialistas, la simpatía con la Revolución Cubana y los diversos movimientos progresistas de Latinoamérica y El Caribe, así como comprender la necesidad de luchar por la democracia en general y en particular en su país, que sufría del sistema autoritario de entonces llamado PRI-Gobierno.


En octubre de 1974 se casó con Gustavo A. Orpinel Guerra, compañero y apoyo de toda su vida, también oriundo de Chihuahua, de la población de Guachochi. Ese mismo año se mudaron a la Ciudad de México, lugar donde nacieron sus dos hijos: Pável en 1977 y Jorge en 1983. Martha supo combinar su intensa labor social con una vida familiar muy armónica. En cuanto llegó a la Ciudad de México buscó un trabajo en el que pudiera ayudar a las y los jóvenes, ocupando hasta 1977 el puesto de Jefa de Admisiones, del Centro de Menores Infractores de Ciudad Nezahualcóyotl. Ahí trabajó mucho en la reinserción social de los egresados por medio de orientación sobre la realidad urbana y oficios. Así reforzó su vocación para ayudar a los más vulnerables, esta labor la marcó para toda la vida y la llevó a interesarse por transformar la vida social en el país para que la niñez y juventud pudiese tener todas las oportunidades que se requieren para salir adelante. Nezahualcóyotl es una zona muy popular y ahí Martha se sentía en su elemento, entre su gente, con la que siempre tuvo un trato muy cercano.


México se enfrentaba en aquellos años a un gobierno autoritario y dependiente de Estados Unidos, el PRI-Gobierno dirigía un régimen viejo, decadente y urgía la democratización del país, la población trabajadora luchaba por sus derechos. Estando en la Ciudad de México, tuvo la inquietud de seguir formándose como trabajadora social e ingresó y cursó la licenciatura en la Escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga. Ahí conoció y trató a la entonces directora Luz Rosales, con quien se embarcaría en mil aventuras, otra de sus compañeras, Luz Lozoya, tuvo contacto permanente con ella a partir de esos años. Esa escuela, donde Martha posteriormente fue maestra, formó a decenas de profesionistas comprometidos con la transformación de la realidad. Desde entonces desarrolló un criterio propio, un pensamiento independiente. Fiel a sus convicciones promovía la toma de decisiones democráticas y votaba según su propio criterio. Se daba cuenta que la clave era la organización y la concientización y desde entonces buscaba trabajar directo con la gente, casa por casa, escuchar los problemas, buscar un dialogo auténtico y promover que la propia gente se involucrara en su solución.


Luego de dar clases en el Vasco de Quiroga trabajó tres años, a partir de 1980, en Reservas Territoriales, en la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP) sacrificando sus tiempos libres comenzó a trabajar en Tabasco con Luz Rosales, en proyectos para el Centro Integral de Menores y posteriormente, de forma independiente y ante los terremotos de 1985 en la organización en colonias de Tepito, en el implemento de un fraccionamiento de la Cruz Roja, así como en la construcción de 200 casas en Ciudad Guzmán, Jalisco. Ahí Martha y Luz promovieron un centro integral, con cursos de cultura, música, integración comunitaria, abasto popular, fomentando la participación de la gente en faenas. También organizaron un asilo para ancianos de nuevo tipo, abierto, donde además de salir, los ancianos tenían relación con niños de un Jardín de Niños que también se construyó para fomentar la relación intergeneracional, implementando así otro concepto de cuidado de integrantes de la tercera edad. Por otra parte, apoyó a Gustavo en un Proyecto de Cocinas Populares para Diconsa en el D.F.


En 1988 combatió el fraude electoral y a partir de esa fecha se enfrentó con gran valentía al gobierno de Carlos Salinas de Gortari y a sus políticas antipopulares y entreguistas.


Su labor comenzó a realizarse en diversos estados del país, a partir de fines de 1988 tuvo actividad en Tabasco a donde iba los fines de semana a desarrollar trabajo comunitario y a colaborar en la conformación de un frente democrático. En Macuspana todavía se le recuerda por su trabajo intenso y valentía para enfrentar la vigilancia y el acoso del gobierno. No se amedrentaba, actuaba con gran seguridad, brindado su apoyo, en sus días libres con confianza y buen humor, enfrentaba todas las dificultades, que no eran pocas. En esa actividad y luego del fraude de 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas, la imposición de Carlos Salinas de Gortari y el empuje de las políticas neoliberales, antipopulares y antinacionales, Martha comprendió que había que terminar con el viejo régimen autoritario.


Posteriormente para promover la democracia en México, comenzó con tareas para luchar por elecciones limpias, capacitando y organizando las visitas casa por casa. Luchó y denunció el fraude en Macuspana y en Cárdenas en 1989 y 1990 organizando la resistencia y la denuncia. En 1988 fue coordinadora del Comité de Solidaridad por la Democracia en Tabasco que fue una ONG estatal donde colaboró con la defensa del voto con Luz Rosales y Luz Lozoya. En esa época apoyaron la caminata del Zócalo conocida como “El éxodo por la Democracia” que llegó a la capital el 12 de enero de 1991.


Desde ese año hasta 1994 trabajó con Mario Monroy como Directora de Prodato, que era un servicio para la difusión de noticias del acontecer nacional y su análisis desde la óptica del movimiento popular. En esos años en que se desarrollaba, en medio de grandes dificultades, la lucha democrática de Salvador Nava y su esposa Conchita en San Luis Potosí, Martha fue coordinadora de organizaciones en todo el país que fundaron Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia. Al mismo tiempo promovía la democratización de la Ciudad de México y la creación de la Asamblea Legislativa del D.F. Con el Movimiento Ciudadano por la Democracia organizó el Plebiscito para la Reforma Política del Distrito Federal, fue el primer plebiscito ciudadano en México y se realizó el 21 de marzo de 1993. Se organizó a partir de la convocatoria organizada por nueve integrantes de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal y del Consejo Ciudadano de Apoyo al Plebiscito. Las mesas fueron instaladas por la ciudadanía en lugares públicos.


Hubo mexicanas y mexicanos como Martha que se empeñaron en la democratización de la vida política, también se comenzó a involucrar en la defensa de los Derechos Humanos. Martha tenía facilidad para conectarse con la gente, con sus ojos grandes de mirada sincera y alegre, gran humor y su honestidad al hablar y actuar, le era fácil ganarse a los jóvenes y a la comunidad donde actuaba. Comprometida, buscando el bien común, con energía y respeto, sin protagonismos, fuerte y valiente no se daba por vencida nunca. Participaba con un grupo importante de mujeres: Luz Lozoya, Isabel Blanco, Bertha Lujan, Luz Rosales, que en 1992 desde el Movimiento Ciudadano por la Democracia apoyaron en Chiapas a Samuel Ruíz.


Desde 1991 diversas organizaciones no gubernamentales habían alentado una vigorosa movilización cívica a favor del “juego limpio”, de elecciones libres y confiables. Con ese objetivo habían observado la limpieza de elecciones estatales y municipales, desarrollado metodologías para verificar la imparcialidad de los medios de comunicación, aprendido la forma de hacer encuestas de salida y conteos rápidos. Uno de los rasgos que caracterizaron ese movimiento fue el involucramiento de ciudadanos comunes y corrientes que se movilizaban y se educaban en la lucha. Luego de involucrarse en labores de observación electoral ciudadana, en la agrupación Alianza Cívica y en el Movimiento Ciudadano por la Democracia se curtió en la lucha contra los fraudes, la compra de votos y la represión policial. Organizó el Tribunal Ciudadano Electoral. También tenían ligas con el extranjero, Martha participó como observadora en Paraguay y en Perú en 1993, Venezuela en 1995, Nicaragua en 1996, en 1997 impartió el Seminario Democracia y Desarrollo sustentable en Chile.


De 1994 a 1997 Martha fungió como Secretaria Ejecutiva de Alianza Cívica donde fue clave, pues sabía relacionarse con todas las fuerzas populares, trabajadores, académicos, escritores, etcétera. Trabajó de cerca con Enrique Calderón Alzati, en esa posición promovió el desarrollo de observación electoral cooperando con organismos como la ONU.


En 1994 cuando se inició la rebelión zapatista y fue ferozmente reprimida por el Estado, fue una de las principales organizadoras de la Marcha por la Paz que paró en seco la guerra en enero, luego de una movilización multitudinaria en el Zócalo. Obligando al salinismo, luego de 12 días de combate, a negociar. Posteriormente formó parte de la Comisión de Paz en Chiapas con el EZLN participando en los Diálogos de la Catedral, el 16 de febrero de 1996, donde se suscribieron los acuerdos del gobierno federal y el EZLN sobre derecho y cultura indígenas, conocidos como Acuerdos de San Andrés. Que los gobiernos posteriores traicionaron de la manera más vil.


Ante la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 como secretaria ejecutiva de Alianza Cívica apoyó a la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC). Defendiendo la soberanía de México y oponiéndose a la integración económica con una economía 15 veces más grande que la de México, como la de EU y con la economía de Canadá, dos veces más grande que la nuestra.


En 1995, junto con Andrés Peñaloza Méndez organizó una coalición de 500 organizaciones cuando el presidente Ernesto Zedillo dijo “que no había de otra sopa” presentaron un Proyecto Alternativo de Política Económica e hicieron el “Referéndum ciudadano por la Libertad” con participación de 500,000 de firmas.


También tuvo una faceta de funcionaria, comenzando de 1998 al 2000 como Coordinadora de Enlace con Sociedad Civil, durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el primer gobierno que llegó al poder derrotando al PRI en la Ciudad de México. A lo largo de su carrera como funcionaria impactó a todas y todos por su absoluta honradez, su rechazo al protagonismo, su espíritu de trabajo en equipo, su vida austera y renuencia a las politiquerías, negociaciones sucias y golpes bajos. Jamás la motivó un interés personal.


Al mismo tiempo era una persona que en todos los ámbitos de su actuación promovía la democracia en su acepción más amplia y profunda. Tuvo la iniciativa, con el apoyo de Andrés Peñaloza, de impulsar Contralorías Ciudadanas para el control y vigilancia del gasto público por parte de los vecinos, para lo que contó con el apoyo de la Contralora General Bertha Luján.


Posteriormente, la trabajadora social estuvo al frente del DIF capitalino, donde en medio de grandes limitaciones, con pocos trabajadores de base, logró involucrar también al personal administrativo al trabajo de campo e impulsar el programa de desayunos escolares, las becas por discapacidad y para niños vulnerables en zonas de alta marginalidad. Dejaba la oficina y se iba casa por casa a los barrios marginales. Con una política austera y honrada logró ahorros y aumentó los programas sustantivamente, subió de 400 mil a 700 mil los desayunos escolares, aumentó de 40 mil a 60 mil las becas. Acompañaba a su equipo a todas las acciones, lo suyo era escuchar a la gente, nunca dejó de ser trabajadora social comprometida, siempre de espaldas a la grilla política y a toda la faramalla de políticos que buscan promoverse.


Durante sus gestiones, Martha Pérez Bejarano enfrentó a Ernesto Zedillo y luego a Vicente Fox dando la batalla jurídica para lograr implementar los programas sociales que hoy conocemos e instituciones educativas como el Instituto de Educación Media Superior (IEMS) y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Además, fue la encargada de instrumentar la aplicación de la pensión universal a los adultos mayores y las becas para madres solteras. Trabajó siempre con el apoyo de Luz Lozoya, a quien también asesoró en INMUJERES. Asimismo, impulsó la mejora general de funciones de asistencia y protección social.


El 25 de febrero de 2001, partió de Chiapas un contingente zapatista, luego de 17 días llegaron a la Ciudad de México a exigirle a Vicente Fox el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés que Martha había atestiguado. Durante el trayecto, la sociedad les hacía valla para darles agua y víveres hasta que llegaron a su destino. En marzo de 2001, fue una de las mujeres que cuidaron a los zapatistas del EZLN que arribaron a la Ciudad de México, organizando a 1000 mujeres para el apoyo a la marcha. Finalmente, ante la indignación de todas y todos Fox no cumplió con los Acuerdos.


También fue una de las cinco mujeres que operó las Coordinaciones Territoriales para la Seguridad y Control de la Policía, con reuniones diarias, muy de madrugada, para lograr que los vecinos organizados incidieran en el buen desempeño de las fuerzas de seguridad, canalizar denuncias y dar seguimiento a la problemática de seguridad.


Tras el fraude del PAN y Felipe Calderón de 2006, y al conformarse el “gobierno legítimo” de López Obrador, Pérez Bejarano fue designada como Secretaria para el Estado de Bienestar donde desarrolló programas de información y apoyo legal a población en riesgo.


Ante la intentona de privatizar el petróleo en 2008, Martha fue una de las organizadoras del movimiento de resistencia civil de mujeres llamado “Las adelitas”. Ella encabezaba la Brigada Verde, ese movimiento fue exitoso para detener momentáneamente la Reforma Energética. Posteriormente, en 2013, participó muy activamente en la resistencia a la privatización del petróleo, recogiendo miles de firmas para exigir una Consulta Popular que detuviera el atraco.


Antes, en el 2012, comenzó a trabajar en el Estado de México, tierra de los políticos priistas de Atlacomulco, apoyando a Andrés Manuel López Obrador. Fue una experiencia muy dura y sacrificada donde enfrentó muchos intereses creados, posteriormente apoyó la creación de Morena. Jamás había participado ni en el PRI, el PAN o el PRD, buscaba lograr la victoria de un nuevo régimen.


En la época previa a la Independencia había que derrocar al viejo régimen virreinal, antes de la Reforma hubo que combatir al régimen de Santa Anna y a los poderes de los terratenientes y el clero, en vísperas de la Revolución al régimen porfirista vendido a la oligarquía y a los intereses extranjeros. La tarea que le tocó a Martha fue combatir al viejo régimen neoliberal y neocolonial que encabezaba la alianza PRI-PAN-PRD y dedicó su vida a esta lucha que solo se vio interrumpida por la enfermedad que le quitó la vida en 2017. Durante toda su vida Martha fue activa, valiente, comprometida y nunca se desvió del camino que se trazó.


En Morena fue nombrada miembro de la Comisión de Honor y Justicia, y no siendo su campo, por no ser abogada, realizó doble esfuerzo, creó un espíritu de justicia y equidad, siempre armonizando y resolviendo conflictos, aportando mucho al equipo. Posteriormente en 2015 fue candidata de Morena a la delegación Álvaro Obregón, realizó un trabajo casa por casa, sin descanso, muy cerca de los vecinos de la delegación y ya preparaba la implementación de una Contraloría Ciudadana a nivel delegacional, enfrentando el juego sucio del PRD, que tenía ahí su feudo. Desgraciadamente no tuvo el apoyo de algunos grupos. Ella siempre fue ajena a tribus o grupos, pero lo que más afectó la elección fue el operativo de fraude y compra de votos del PRD apoyado por Miguel Ángel Mancera.


En 2015 se triunfó en Azcapotzalco contra el PRD, el PAN y el PRI y ganó Morena. Martha generosamente asesoró al nuevo gobierno democrático. Fue de gran apoyo, con toda su experiencia. Su papel fue fundamental para implementar medidas de democracia participativa a partir de asambleas mensuales, vinculantes, en todas las 110 colonias, un programa de comedores populares gratuitos en la UH El Rosario y en otras colonias marginadas, la promoción de la Escuela de Administración Leona Vicario, en cientos de acciones, promoviendo siempre la participación ciudadana, la información a través del periódico “El hormiguero”, programas sociales para mujeres como “Mujeres con oficio” para capacitación en plomería, construcción y remodelación de Centros de Desarrollo Comunitario, la clínica de ampliación San Pedro Xalpa y decenas de programas más. Incansable, al enfermar ya estaba comprometida a impartir la materia “Ética y República” en la Escuela de Administración Leona Vicario que encabezaba Andrés Peñaloza. Cuando comenzó a decaer su salud, con esfuerzo y sacrificio siguió tan enérgica y alegre como siempre, responsable y con dotes organizadores sin comparación. Al interior del equipo de Azcapotzalco, siempre fue un factor de armonía y entendimiento.


Desgraciadamente un cáncer muy agresivo, probablemente producto de décadas de mal pasarse por el espíritu de entrega que tenía, se la llevó en muy pocos meses. Trascendió el 22 de marzo de 2017, dejando semillas que darán frutos en un futuro en el que la democracia se renueve, se logre el triunfo de la Soberanía Popular y Nacional y quede enterrado el viejo régimen en México, para construir una sociedad alternativa en la que los derechos sean una realidad para todas y todos.