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MUJER EMBLEMÁTICA.

Pablo Moctezuma


A los 15 años Juana entró a trabajar con la virreina Leonor María Carreto, marquesa de Mancera, primero como sirvienta, pero al poco tiempo al conocerse sus grandes dotes la comenzaron a usar para divertirse en sus fiestas y tertulias en las que su talento asombró a todos de modo que logró ser fue candidata a ser nombrada “dama de honor” de la virreina. Sus dotes causaron revuelo lo que le atrajo tanto admiradores como detractores y ante tantos dimes y diretes sobre su sapiencia, el virrey Antonio Álvarez De Toledo Marqués de Mancera la hizo examinar por 40 sabios, los más prestigiosos para que revisaran sus conocimientos a fondo. Juana apabulló a los sabios con su gran conocimiento, seguridad e ingenio.  Fue entonces cuando Doña Leonor le pidió que se convirtiera en tutora de su hija María Luisa Álvarez de Toledo Carreto. Además de esta actividad siempre se buscó tiempo para dedicarse a escribir sonetos poemas, exequias fúnebres, poemas, villancicos que le pedían y le pagaban, también preparaba fiestas y espectáculos. Al mismo tiempo pudo seguir progresando en sus estudios. Era muy inteligente, tanto, que se dice que aprendió latín en solo 20 lecciones.



La bella y graciosa muchacha tuvo varios pretendientes, aunque de hecho ella no se quería convertir en una mujer sujeta a un marido que en realidad en aquella época colonial era como un amo. A ella le ofrecieron matrimonios muy “ventajosos” y “convenientes” pero ella quería vivir sola, y rechazaba la vida social y las obligaciones de una mujer casada, no quería ser una madre abnegada, quería vivir para el estudio y el arte. El padre Núñez de Miranda, confesor de los virreyes la invitó a ingresar a la vida religiosa, presentándole el convento como su verdadera alternativa.


En 1667 entró al convento de las Carmelitas Descalzas, luego de que la rapan y le quitan la ropa colocándole un hábito comienza a llamarse Sor Juana Inés de la Cruz. Ahí la vida era muy rígida y el ambiente represivo, por lo que solo aguanta tres meses y opta mejor por ingresar con las Jerónimas al convento de Santa Paula de la orden de San Jerónimo, donde era más flexibles la disciplina, incluso un tanto relajada, se le permitía escribir, recibir visitas, preparar fiestas. Por eso ella había ingresado al convento para poder tener ciertas horas para dedicarse a leer y escribir a su gusto.


Aunque tenía cierto tiempo para estudiar también tuvo muchas otras obligaciones, hacer limpieza, cocinar, encargarse de la contabilidad y de la biblioteca. En la vida monástica, todo el tiempo la estuvieron molestando y criticando mucho por no enfocarse más en la religión. De hecho, en parte, hay que considerar que tenía más de las libertades usuales, gracias a su amistad con la virreina Doña Leonor Carreto. Pero hay que recordar que cada monja tenía que sujetarse a las indicaciones de un confesor, y el padre Núñez de Miranda, su confesor la criticaba cada vez más por no dedicarse enteramente a la fe católica, hostigándola constantemente.


Dentro de su celda - que era individual y espaciosa - llegó a poseer más de 4,000 volúmenes, instrumentos musicales, mapas y aparatos de medición y a adquirir conocimientos profundos en astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, teología, música, pintura y gastronomía. No estaba sola, dada la sociedad de clases que impuso el Imperio Español, incluso en los conventos había esclavas y Juana vivía en su celda con una esclava que la acompañaba día y noche.


Cuando ya había terminado su período de virreina en 1673 murió, su mecenas y protectora Doña Leonor, ella falleció durante el trayecto rumbo a Veracruz en tránsito para regresarse a España. Este acontecimiento fue un golpe duro para Juana para quien había sido siempre protectora, amiga íntima y querida.


En esa ocasión Juana adolorida le dedica un poema dirigiéndose a ella con el nombre de Laura, que en un fragmento dice.


Mueran contigo, Laura, pues moriste, / los afectos que en vano te desean, / los ojos a quien privas de que vean / hermosa luz que un tiempo concediste.


Muera mi lira infausta en que influiste / ecos, que lamentables te vocean, / y hasta estos rasgos mal formados sean / lágrimas negras de mi pluma triste.


Muévase a compasión la misma Muerte / que, precisa, no pudo perdonarte; / y lamente el Amor su amarga suerte, /

pues si antes, ambicioso de gozarte, / deseó tener ojos para verte, / ya le sirvieran sólo de llorarte.


Cuando posteriormente llegaron en el año 1680 los nuevos virreyes Tomás Antonio de la Cerda y Aragón Marqués de la Laguna de Camero y su esposa María Luisa Manrique de Lara Condesa de Paredes. Se le encargó realizar a un Arco Triunfal para su entrada a la capital, mismo que la monja jerónima tituló “Neptuno Alegórico”.


En esta época era ya todo un personaje de su época, por lo que su poema llamó la atención de la sucesora de Leonor y también tuvo mucha intimidad con esta nueva virreina, ambas se dispensaron mucho afecto y admiración, en esa época Juana se sintió más libre, rompió cadenas y siguió su desarrollo intelectual y artístico. En 1683 Sor Juana ganó dos premios en el certamen universitario del Triunfo Parténico y constantemente se le encargaban villancicos para las festividades religiosas, además de la importante cantidad de sonetos, rondillas, décimas, silvas y liras que constantemente componía. Doña María Luisa la virreina publicó el libro de poemas de Sor Juana "Inundación Castálida" en 1689 publicada primero en Madrid. El segundo tomo se publicó unos años después en Sevilla.


Mientras la virreina María Luisa la impulsó con entusiasmo en Nueva España y Europa. La obra dramática de sor Juana va de lo religioso a lo profano y esto no le gustaba al sacerdote. Así que con la Iglesia aumentaban sus problemas, su confesor Nuñez de Miranda le imponía fuertes penitencias y la presionaba bárbaramente a que dejara sus “actividades mundanas”.

A pesar de todo y de los obstáculos que tenía como monja y como mujer, Sor Juana escribió poemas galantes, poemas para fiestas, letras para cantares, pasajes en náhuatl, cantares de negros, autos sacramentales, obras de teatro como los autos sacramentales que son piezas teatrales religiosas, a modo de encargo desde Madrid escribió obras como: El mártir del sacramento, El cetro de José y El divino Narciso que es el más destacado.


Otras obras de teatro destacadas son: Amor es más laberinto, Los empeños de una casa, La Segunda celestina. Su obra Primero sueño, es según la autora la única que escribió por inspiración propia y no por encargo, fue publicada en 1692 y es un extenso poema compuesto por 975 versos en los cuales hace énfasis en la necesidad que tiene el ser humano para obtener mayor conocimiento y gozar de grandes habilidades intelectuales.

Los centros de poder de la Corte, la Universidad y la Iglesia, eran centros de poder masculinos, de doble moral y que sometían a toda la población y estos no podían sufrir la labor extraordinaria de Sor Juana y las ideas que propagaba.


Durante mucho tiempo, Sor Juana sorteo sin grandes problemas su vida conventual hasta que, escribió una carta audaz. Esa misiva la Carta atenagórica a Filotea de la Cruz (seudónimo del obispo de Puebla) era una crítica a un sermón del jesuita portugués Antonio de Vieyra, muy afamado teólogo de la época que escribió un texto sobre las “finezas de Cristo”, cuya reflexión era solo para hombres. Ella lo contradijo pues siempre reclamó el derecho a estudiar para las mujeres y en ese escrito defendió la labor de la mujer con habilidad e ingenio. La Carta de Atenagórica la firma con ironía “yo soy la peor del mundo”, burlándose de la misoginia.


Sor Filotea que era el seudónimo que usaba el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, le escribe a Sor Juana para recriminarla por dedicarse a temas profanos y no a los religiosos, y criticarla por su falta de obediencia recomendándole que se dedicara a la literatura teológica.


Pero Sor Juana Inés de la Cruz no se quedó callada y escribió La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz en marzo de 1691, como contestación a las recriminaciones que le hizo el obispo o “Sor Filotea de la Cruz.”


Esa carta le ocasionaría grandes problemas y en el año de 1693 la obligan a dejar de definitivamente de escribir y a no salir para que se dedicara exclusivamente a hacer las tareas propias de una monja. El padre Núñez de Miranda la obliga a deshacerse de su biblioteca e instrumentos musicales. Todo fue una conspiración misógina para impedir que siguiera su magnífica labor imponiéndole total dedicación a la vida conventual.


Al poco tiempo, en medio de una terrible epidemia de peste que azotó la ciudad de México, y en la que Juana se dedicó diligentemente a auxiliar y cuidar a otras monjas enfermas ella misma contrae la enfermedad, deprimida y triste muere el 17 de abril de 1695.


Fue muy valiente Juana para escoger su camino y autodeterminarse, aunque enfrentó la represión patriarcal de su época. Con sus poemas hace pensar a la mujer y al hombre con frases como:


“Quién peca más…la que peca por la paga…o el que paga por pecar.” Y criticaba sutilmente la monarquía, la imposición, la represión, el esclavismo, el vasallaje, de manera tan sutil que no podían censurarla. Hasta que al final de su vida, sin la protección que tuvo de dos mujeres virreinas lograron defenestrarla.


Y poemas como:


Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia

y luego con gravedad

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

al niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Tais,

y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo

y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata,

y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis

que con desigual nivel

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

sí la que es ingrata ofende

y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y queja enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada:

la que cae de rogada

o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga

o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar

y después con más razón

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.