Reducción de la jornada laboral en México, debate pendiente

Andrés Peñaloza Méndez Bia`lii, Asesoría e Investigación, A.C.

26 de agosto de 2021

México es uno de los países con las jornadas laborales más extensas en el mundo (48 horas semanales) versus las 35 horas en Francia.

Lo mismo sucede con las horas promedio anual trabajadas: 2,326. Una diferencia de 1,042 horas, equivalente al 81%, de las horas trabajadas en Alemania (1,284).

Con respecto a los socios comerciales del Tratado de Libre Comercio (TMEC), los trabajadores mexicanos emplean 542 y 658 horas más, equivalentes al 30% y 39%, del tiempo de trabajo promedio de los estadounidenses (1,784) y canadienses (1,668); sin embargo, sus salarios son inferiores en un 328% y 241%.[1]


Los anteriores datos deberían hacernos reflexionar sobre la pertinencia de reducir la jornada laboral en México para hacer frente a la actual crisis.

Acaso para algunos parecería un contrasentido recomendar en tiempos de pandemia la disminución de la jornada laboral cuando la prioridad es terminar de recuperar el empleo perdido y empezar a crear nuevas plazas. Pero es precisamente por las dificultades en este terreno que la iniciativa cobra relevancia.

El tema se discute en el plano internacional. En nuestra región, destaca el debate público en Colombia, Chile y Argentina.

El caso colombiano es de llamar la atención dada su similitud con nuestra realidad. Ambos países a la cola de las naciones con más horas trabajadas y cuyas jornadas legales se ubican en 48 horas a la semana. Sin embargo, recientemente en aquella nación se aprobó una reforma para disminuir de manera gradual la jornada laboral de 48 a 42 horas para el 2024. Si bien la iniciativa fue radicada en octubre de 2019 por Álvaro Uribe Vélez, vocero del sector político ultraderechista, la reforma pudo cristalizar en virtud de un activo sindicalismo y del esfuerzo de las organizaciones de la sociedad civil.

El pasado 11 de agosto el Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol) me invitó a participar en su Mesa de Diálogo para abordar el tema de la Reducción de la jornada laboral en México.

Con tantos distractores en la vida pública nacional, a menudo efímeros e intrascendentes, los temas de gran calado para el bienestar de la clase trabajadora y de sus familias, no necesariamente para la clase política y el poder económico, nos obligan a ocupar, los cada vez más estrechos espacios comunicacionales, para visibilizar las iniciativas de los movimientos sociales y de las organizaciones civiles tendientes a profundizar en las transformaciones sociales.

Por ejemplo, en la medida en que se avance en la democratización sindical, el tema de la jornada laboral cobrará su relevancia y dejará de estar en el centro de los conflictos laborales.

El pasado 17 y 18 de agosto la mayoría de los 6 mil 494 trabajadores de la planta de General Motors en Silao, Guanajuato, declinaron ratificar el contrato colectivo de trabajo que ostentaba la Confederación de Trabajadores de México (CTM); entre las muchas causas del rechazo, están las cláusulas favorables a la patronal para la distribución de las 48 horas de la jornada semanal, permitiendo a la empresa organizarlas de manera discontinua y con turnos especiales de 12 o 14 horas diarias.

Irritante para la base trabajadora resulta la intensidad operativa durante la jornada laboral pues a menudo restringe los 15 minutos del refrigerio o la media hora de comida, reducida a la mitad, por el tiempo consumido en el traslado y las filas. Incluso, las líneas de producción deben detenerse para acudir al sanitario por apenas cinco minutos.

En el llamado nuevo modelo laboral producto de la reforma publicada el 1 de mayo de 2019, la ratificación de los contratos colectivos de trabajo además de producirse con parsimonia, sus resultados eran abrumadoramente a favor del sindicalismo tradicional y corporativo.

Por lo mismo lo acontecido en la planta de General Motors en Silao, expresa un día felizmente combativo y fecundo en posibilidades sindicales para la izquierda. Esperemos sea un parteaguas y no una simple gaviota que no haga verano.

Hace más de un siglo, el último Constituyente, incluyó el artículo 123 en nuestra Carta Magna y con ello una pionera agenda laboral en el planeta tierra. Entre los derechos contemplados en la constitución producto de la revolución mexicana de 1910-1917, fue la jornada laboral de 8 horas, demanda del Partido Liberal Mexicano, precursores de la tercera transformación histórica de la nación. En su Programa y Manifiesto a la Nación en 1906 los anarquistas mexicanos razonaban “El establecimiento de ocho horas de trabajo es un beneficio para la totalidad de los trabajadores, aplicable generalmente, sin necesidad de modificaciones para casos determinados”.

La propuesta se fundamentó en un claro conocimiento del capitalismo de la época. El desarrollo de las fuerzas productivas, impulsado notablemente por la revolución industrial, hacia factible la mejoría de las condiciones laborales, demanda creciente entre la clase obrera, desde mediados del siglo XIX; particularmente, la reducción de las agobiantes e inhumanas jornadas de trabajo de 16, 14 y, en el mejor de los casos, de 12 horas al día.

Por lo mismo, los constituyentes de 1917 no dudaron en aprobar la jornada de 8 horas máximo, con al menos un día de descanso semanal. Lo hicieron conscientes de la necesidad de superar, con esta y otras medidas de justicia social, el deplorable contexto socioeconómico que el conservadurismo y la reacción habían dejado tras la revolución.

A más de un siglo de la histórica decisión de la reducción de la jornada laboral, ¿no será el momento para hacer lo propio? Desde Bia`lii, Asesoría e Investigación, A.C., hemos propuesto acortar a seis horas la jornada de trabajo diaria con al menos dos días de descanso obligatorio a la semana.

En la Mesa de Diálogo mencionada se formuló la siguiente interrogante ¿De dónde nace la propuesta de bajar la jornada laboral?

Confieso que el autor intelectual de dicha propuesta es Tomás Moro (1478- 1535), quien en su texto Utopía (1516), reseñaba que en la utópica isla “sus habitantes dividían en veinticuatro horas iguales el día, incluyendo también la noche. De ellas solamente dedican al trabajo seis horas”. Más adelante se preguntaba si ese tiempo era suficiente “para proporcionar a la población los alimentos de primera necesidad”. La respuesta es contundente: “Ese tiempo no sólo es suficiente, sino que sobra para producir no sólo los bienes necesarios, sino también los superfluos”.

En otra oportunidad abundaré sobre los fundamentos filosóficos y económicos acerca de la reducción de la jornada laboral. Debate pendiente y de urgente necesidad colocarla en la agenda pública del país.

[1] Los salarios promedio anual en 2020 fueron para Estados Unidos de 69,392; en Canadá de 55,342 y en México de 16,230 dólares en paridad de poder de compra (purchasing power parity). Panorama Laboral 2021, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), p. 397.