¿SE EXTIENDE LA SOMBRA DE LA OTAN EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE?

20 de mayo 2022. Misión Verdad.


A partir de un reacomodo de fuerzas y de un declive civilizatorio, distintos ejes regionales han creado organismos como la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) bajo el liderazgo de Rusia y países aliados centroasiáticos, además se ha fortalecido la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) a la vez que han sido modernizadas las Fuerzas Armadas rusas y chinas y se crearon ejes económicos como la Unión Económica Euroasiática (UEE) y el BRICS (Brasil-Rusia-India-China-Sudáfrica).

Este surgimiento de polos de poder geopolítico ha estado acompañado de posiciones alejadas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza militar conformada por 30 países, que ha buscado un reimpulso luego de que perdiera la influencia en Asia Occidental, donde Rusia y China ya discuten abiertamente el liderazgo de la región tras los conflictos en Afganistán, Irak, Libia y Siria.

Esto ha sido considerado amenazante para la hegemonía global estadounidense y los intereses de las grandes transnacionales, sobre todo en Eurasia, donde se ha alentado una crisis que involucra a Ucrania y se busca debilitar a Rusia mediante el desgaste militar y miles de medidas coercitivas unilaterales acompañadas por la Unión Europea (UE).

LA OTAN COMO SOMBRA QUE NO SE VA

El dominio de Washington, por ende, en el eje euroatlántico sobre América Latina, no ha incrementado de manera lineal debido a particularidades regionales como la llegada de gobiernos progresistas o nacionalistas, de esos que, luego de ser considerados "amenazas" o "preocupantes", han sido atacados mediante golpes de Estado parlamentarios en algunos casos, guerra subversiva, conflictos internos a través de frentes de oposición inoculados para ese fin, o intervenciones directas para lograr cambios de régimen favorables a la hegemonía occidental.

Algunos autores consideran que el declive de la hegemonía en la región se debe a:

1. La falta de atención de Estados Unidos a la región,

2. la renovada búsqueda de autonomía de los países sudamericanos y

3. el desafío que presentan los actores extra-hemisféricos como Rusia, China o Irán.

La sombra de la participación directa o indirecta de la (supuestamente lejana) OTAN nunca se ha ido de la región latinocaribeña, sobre todo porque la creación de crisis continua es una permanente invocación de su Concepto Estratégico: "donde peligren los intereses de sus miembros". Algunos datos geohistóricos permiten conocer cómo es que la mencionada sombra permanece:

Colombia, cuyo estamento militar considerado "exportador de seguridad" por el Comando Sur (Southcom), posee siete bases militares estadounidenses desde donde se puede acceder a las fronteras terrestres de Venezuela, Brasil (aliado principal extra-OTAN desde 2019), Perú, Ecuador y Panamá. También tiene frontera marítima con Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Jamaica, Haití y República Dominicana.

Según el último reporte del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en la región cuentan con participación militar en Estados como Puerto Rico (con bases de la Naval, la Armada y la Fuerza Aérea), Aruba, Costa Rica, El Salvador, Cuba (Guantánamo), Honduras, Perú y Colombia, entre otros.

En las aguas territoriales argentinas y en las islas Malvinas, que fueron usurpadas por el Reino Unido, hay presencia de la OTAN y es la cabecera militar del sistema integrado por las islas de Santa Helena y Tristan Da Cunha.

Reino Unido está conformando por un "triángulo estratégico de control" del extremo sur de Sudamérica (la Patagonia Argentina y la Patagonia Chilena), integrado por Punta Arenas (Chile), Puerto Argentino (Malvinas, Argentina, usurpada por Inglaterra) y Montevideo (Uruguay). Mientras que desde San Pedro/Georgias, al sur de Malvinas, operan submarinos nucleares.

Guadalupe y Martinica se utilizaron como escala durante la Guerra de las Malvinas y la invasión a Granada; además, Francia y Estados Unidos organizan regularmente maniobras militares conjuntas en la región.

En 1997, la Alianza otorgó a Argentina el estatus de Gran Aliado extra-OTAN por haber enviado naves de guerra al Golfo Pérsico en 1991 y por su participación en las operaciones de mantenimiento de la paz durante el gobierno neoliberal de Carlos Menem.

Argentina y Chile apoyaron a la Organización Atlántica en 1999 para "garantizar la seguridad" en Bosnia y Herzegovina. En Kosovo, Argentina colaboró en el marco del acuerdo de paz impuesto a Serbia y formó parte de una Fuerza Estratégica de Reserva del bloque militar noratlántico para los Balcanes.

El Salvador aportó algunos efectivos a las tropas invasoras del bloque militar en Afganistán.

Brasil, Colombia, El Salvador y México participaron como observadores en el ejercicio Trident Juncture 15, uno de los más grandes realizados por la alianza atlántica, a finales de 2015.

La OTAN tiene presencia en la región a través de operaciones y ejercicios con el Reino Unido, Canadá, Francia y los Países Bajos en programas de Asistencia Humanitaria y Socorro en Casos de Desastre (HA/DR). Un ejemplo de esto fue la respuesta conjunta tras el terremoto en Haití.

La doctrina OTAN se utilizó en un adiestramiento secreto de la Fuerza Aérea Boliviana realizado en enero de 2021 y llamado Ejercicio Operativo Combinado No Convencional que fue denominado Libertad.

UN PULSO QUE ES TAMBIÉN ECONÓMICO

Aun cuando desde dentro y fuera de la región se reconoce a la pobreza y la desigualdad como causas de la violencia, la visión del Norte Global, encarnado en Estados Unidos y sus aliados, no se tradujo necesariamente en la recomendación de políticas sociales para resolver dichas cuestiones de forma estructural.

El predominio ha sido también en lo económico, de allí que se haya impuesto la hegemonía del dólar mediada por Tratados de Libre Comercio (TLC) con Chile, Colombia, Perú y República Dominicana-Centroamérica. Combinados con reformas neoliberales, dichos tratados constituyeron una base ideológica fuerte para que en 2009 se creara la Iniciativa del Arco del Pacífico.

Entre 2000 y 2013 se multiplicó hasta 22 veces el intercambio comercial entre China y Latinoamérica, lo que generó fuentes de financiamiento sin exigencias ideológicas. Las inversiones se concentraron en Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. Para detener este avance, Estados Unidos encabezó las negociaciones sobre la Asociación Transpacífica Multilateral (TPP) que incluía a Chile, Perú y México.

En el ámbito financiero, los países latinoamericanos dependen del dólar y la política monetaria estadounidense tiene un impacto significativo en los resultados financieros de sus vecinos.

Mientras, para los chinos, era importante mantener sus intenciones pacíficas en América Latina y el Caribe y negar la existencia de ambiciones geopolíticas para Estados Unidos era importante influir en la acción china en el hemisferio occidental. Junto a Rusia, el país asiático se convertiría en un reto para Washington por su posibilidad de ofrecer modelos alternativos y asociaciones a la región.

El éxito del modelo de desarrollo chino y los préstamos concedidos a los países de la región han permitido adoptar políticas económicas que se apartan del neoliberalismo y Rusia se ha convertido en una alternativa en temas de energía y defensa.



MILITARIZACIÓN DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES

Si algo ha marcado los últimos años de acercamiento de la OTAN a la región, por medio del Comando Sur de Estados Unidos, es el aumento de la influencia militar en cuestiones de política exterior. Esto se intensificó luego del 11S2001 cuando las élites corporativas optaron por la guerra contra el terrorismo que englobó al crimen organizado transnacional y el tráfico de drogas.

El despliegue militar en la región tuvo como factor clave la posición de Washington respecto al narcotráfico y la insurgencia al considerar las drogas como un problema de seguridad y no social o de salud. Esto permitió la interacción entre militares de la región y de Estados Unidos y la amplificación del modelo represivo para enfrentar el tráfico, lo que se reflejó en ayuda militar abundante a Colombia al punto en que ha llegado a ocupar el sexto lugar entre los 10 principales países que recibieron asistencia entre 2000 y 2016.

Chile, Perú y Paraguay también estaban relativamente alineados con Estados Unidos en temas de Defensa, mientras la relación con Brasil era ambigua. Aun así, en 2010 se firmaron el Acuerdo de Cooperación en materia de Defensa (DCA, sus siglas en inglés) y el Acuerdo General de Seguridad de la Información Militar (GSOMIA, sus siglas en inglés).

Además del foco de atención ubicado en los Andes (Colombia y Ecuador), está la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, en donde el Southcom manifestó haber identificado fuentes de financiación de "organizaciones terroristas" basadas en Oriente Medio, mencionando a Hezbolá y Hamás. Para contrarrestar esta supuesta amenaza se creó un mecanismo multilateral denominado 3+1 con los tres países sudamericanos y Estados Unidos.

Varios comandantes del Southcom señalaron como "puntos de preocupación" el aumento de la cooperación en cuestiones militares entre Rusia, China e Irán y su proximidad con gobiernos populares como Venezuela, Bolivia y Ecuador, lo que es percibido como una fuente de apoyo a dichos gobiernos, en detrimento de la influencia regional de Estados Unidos. Sin embargo, cabe preguntarse cuál era el alcance real de la participación militar china y rusa en la región.

Los contactos militares entre China y América Latina son limitados y el componente principal en la relación está relacionado con la economía y con el crecimiento de un mundo multicéntrico y multipolar. Aun cuando hubo un aumento de las exportaciones de sistemas de armas chinos a Sudamérica que, aunque de forma discreta, no se acercó al volumen de armas exportadas por los países de la OTAN. Rusia sí se ha convertido en un actor importante en esta área, especialmente desde 2005, pues no solo exportaba armas a Venezuela sino también a Colombia, Ecuador, Uruguay y Perú, a pequeña escala.

Por su parte, Colombia importó armas especialmente de Estados Unidos y Argentina, mientras que Brasil tuvo una lista de proveedores más diversificada.

COLOMBIA, EL "PIVOTE" DEL HALCONATO BELICISTA

En abril pasado, en el marco de una visita oficial del saliente presidente Iván Duque a Washington, su homólogo estadounidense Joe Biden mencionó que Colombia era el "pivote" del hemisferio sur y confirmó su incorporación como aliado extra en la Alianza mediante una carta a los presidentes de ambas cámaras del Congreso, expresando:

"Notifico mi intención de designar a Colombia como Aliado Importante fuera de la OTAN. Hago esta designación en reconocimiento de la importancia de la relación entre Estados Unidos y Colombia, y las contribuciones cruciales de Colombia a la seguridad regional e internacional".

De este modo Colombia:

Podrá acceder a material bélico estadounidense, lo que ya es un hecho desde hace décadas.

Recibir préstamos para adquirir equipamiento militar y de investigación.

Recibiría beneficios para adquirir tecnología espacial.

Podría participar en operaciones conjuntas con el Departamento de Defensa estadounidense.

Cada socio desarrolla un Programa de Cooperación de Asociación Individual (IPCP, sus siglas en inglés). El de Colombia consta de áreas prioritarias como: ciberseguridad; seguridad marítima y terrorismo, y sus vínculos con el crimen organizado; seguridad humana; y fortalecer las capacidades de las fuerzas armadas colombianas.

Al vincularse a una alianza claramente bélica, el Estado colombiano rompe la declaración de La Habana en 2014 donde la CELAC declaró a la región latinocaribeña "zona de paz" y ha abierto el camino para cualquier maniobra de la OTAN tanto desde sus costas como de sus fronteras terrestres.

Distintos líderes políticos y sociales como Evo Morales han denunciado el efecto desestabilizador del avance de la alianza en la región, específicamente por su naturaleza bélica.

En 2018, Brasil contaba con 334 mil militares activos, Colombia con 200 mil y Argentina con 51 mil. La alianza cuenta con 3,5 millones de activos entre personal militar y civil. Según el centro de estudios Celag tan solo Brasil y Colombia aportarían más activos a la OTAN que los miembros europeos anexados en la década de 1990 (Macedonia del Norte, Montenegro, Albania, Croacia, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, República Checa y Hungría). Argentina tiene activos similares a los de Bulgaria (24 mil 800) y República Checa (25 mil) juntos.

ARMAMENTISMO Y SUPREMACISMO CONTRA LA UNIDAD

El dogma de la supremacía armada sigue siendo la base del modelo estadounidense para su política exterior. Así alimenta los intereses del complejo industrial-militar, con un paradigma que recircula entre sus escuelas, medios y tanques de pensamiento.

Visto el apoyo irrestricto del bloque euroatlántico a facciones neonazis en Europa del Este y el precedente de apoyo a sectores islamistas que desataron el caos en Siria, Libia e Irak, es inminente el peligro que se cierne sobre la región latinocaribeña.

No se trata solamente de un intento de recuperación de una esfera de influencia y de recursos por parte del eje euroatlántico, sino de evitar cualquier atisbo de unidad estratégica posible en una región que pudiera conformar un polo de poder geoeconómico fuerte que haría contrapeso a la actual ley del embudo global.