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SOBERANÍA ALIMENTARIA. TAREA PENDIENTE

Pablo Moctezuma Barragán

No puede existir la soberanía política sin soberanía económica y lo básico para ésta es la soberanía energética, que mueve toda la economía y la vida cotidiana y desde luego también la soberanía alimentaria que permite a la población contar con su sustento. Ambas se fueron perdiendo en las décadas neoliberales en las que se colocó en manos de las corporaciones y de las potencias capitalistas que las respaldan el interés público, las necesidades básicas de la gente.


Es importante el rescate de la soberanía energética que propone el presidente López Obrador con la Reforma Eléctrica, así como el rescatar el litio para la nación, la construcción de Dos Bocas y el fortalecimiento de las 6 refinerías. La política energética es prioritaria para la soberanía económica, las corporaciones extranjeras que hacen el gran negocio se oponen y cabildean entre los congresistas para impedir que sus privilegios se vean afectados, así como sus grandes ganancias. El mejor y trágico ejemplo lo vemos hoy en España donde en los últimos 10 días se han registrado hasta 5 récords históricos, en los altísimos cobros de electricidad, el último de casi 300 euros el megavatio hora (MWh), 500 por ciento más que hace sólo tres años. Las familias sufren, todo a causa de la privatización en beneficio de empresas como Iberdrola que aquí en México lucha con todo contra la ley eléctrica.

Por otro lado, la soberanía alimentaria también es estratégica. Esto es claro, la primera soberanía es organizarnos en nuestra propia tierra para producir nuestra propia comida. Contar con alimentación segura y agua son de primera necesidad para el ser humano. Desgraciadamente esta tarea urgente sigue pendiente hoy en México donde 27 millones de personas sufren hambre, nos vemos obligados a depender de fuera para comer ya que tenemos que importar la mitad de los alimentos que consumimos.

La situación se ha recrudecido, importamos hasta nuestro maíz de Estados Unidos. El monto de las compras de maíz blanco y amarillo al extranjero se disparó 63 por ciento durante el primer trimestre de 2021 en comparación con el mismo periodo del año pasado, de acuerdo con datos del Banco de México y la Secretaría de Economía. No está bien. No debemos depender del vecino para comer, menos si este vecino es abusivo. Al grado de que ya nos quitó más de la mitad del territorio nacional; lo que hoy son los estados de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Nevada, Utah y parte de Colorado, Oklahoma, Wyoming y Kansas. Además de habernos invadido 20 veces.

México fue autosuficiente en alimentos hasta los setenta, pero luego de aplicar las recetas del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio nuestra economía pasó a ser cada vez más dependiente. Hoy, desgraciadamente, México está retrocediendo y compra cada vez un mayor volumen y más caros sus alimentos. Importamos 18 millones de toneladas de maíz en 2020, pues ha decaído su producción. No solo bajó la producción de maíz, también la de trigo, sorgo, soya, frijol y arroz.

Este año entre enero y julio México ya ha gastado en el extranjero, 4 mil 300 millones de dólares en la compra de granos. Estados Unidos en primer lugar. Es la cantidad más alta desde que hay registro y representa 90% de los 4 mil 800 millones de dólares que se gastaron en 2020.

Las corporaciones abusan del hambre y hacen negocio. Los mercados especulan y acaparan. Suben los precios de maíz, trigo, arroz, café, soya y frijol a niveles no vistos en años. Aumentan precios de pollo, carne de res, de puerco y leche. Hay productores como los de café que están en una situación insostenible. Además, acaparan el agua.

Las corporaciones usan nuestros recurso