UNA MUJER CLAVE EN LA HISTORIA DE MÉXICO

Pablo Moctezuma Barragán

Fue una mujer decidida, que defendía sus opiniones hasta lo último, además ligaba su pensamiento a la acción. Josefa Ortiz siempre se rebeló contra la estructura autoritaria colonial y trascendiendo las barreras que le imponía al género femenino una sociedad patriarcal, tuvo una participación, abierta y activa en la vida social en la que sistemáticamente desafiaba los convencionalismos sociales que imponía la vieja y caduca sociedad colonial, patriarcal opresora. Ella conquistó su independencia personal y aspiraba a la independencia de todo nuestro México.


Josefa Ortiz de Domínguez

Cuando en España, en el año de 1808, Fernando VII, “El Deseado” claudica vergonzosamente frente a Napoleón y su país vecino, Francia invade España y ocupa su territorio dejándola sin “soberano”, los reyes quedaron presos en Francia, se hizo un gran vacío político y apareció una gran oportunidad de solucionar viejos problemas, en toda América se impulsó la lucha por la Independencia y la Soberanía Nacional. También en España se luchaba contra la invasión francesa.


Era el momento preciso de derrocar al mal gobierno de los invasores españoles y autogobernarse en sus propias tierras. En aquella época para organizarse políticamente proliferaban las “Veladas Literarias” donde se reunían abogados académicos, militares, funcionarios y comerciantes, donde también participaban mujeres para buscar alternativas para liberar lo que los invasores llamaron la “Nueva España” y que para nosotros era el Anáhuac. Se sucedían las conspiraciones como la que fue descubierta en Valladolid el 4 de diciembre de 1809, al año siguiente prosperó la conjuración de Querétaro. Cabe mencionar que en ésta participaron varias mujeres, por lo menos 24, de las que por lo menos 6 fueron denunciadas. Una de estas mujeres, la más destacada fue Josefa Ortiz de Domínguez.


La participación, la unión de todas y todos era lo más necesario y Josefa entró al movimiento, no para ir atrás rezagada y siguiendo a los varones, sino para estar al frente e impulsarlo hasta la victoria. Su visión política y ansias de libertad, su valentía en la acción social, así como, en la familiar, su inclusión de compañeras y compañeros de todos los estratos sociales, condición económica, características raciales, modos de pensar, poniendo por encima de todo el ideal de la Independencia hicieron que el rol que jugó esta valiente, fuera decisivo en la gesta que iniciaron un puñado de patriotas.  Todo lo hacía Josefa por la causa de la sociedad y la Patria a la que entregó todas sus fuerzas y los medios a su alcance.


La Corregidora vivía una situación de privilegio, su marido y ella eran altos funcionarios, pero su casa (Actualmente Palacio de Gobierno del Estado de Querétaro) estaba a disposición del movimiento. Pronto esa casa se convirtió en un hervidero político. Miguel Domínguez, el Corregidor simpatizaba decididamente con la independencia y era un gobernante que siempre velo por los pueblos indígenas. Pero aun así el Corregidor, se sentía “entre la espada y la pared” y había un choque por un lado entre los deberes que tenía como funcionario y por otro su participación patriótica en una situación muy expuesta por ser tan conocido y vigilado. Mientras que por su lado a Josefa nada la detenía era audaz y valiente, lo arriesgaba todo y por delante de cuestiones familiares o privilegios personales ponía la causa de México. En realidad, ella “llevó la batuta” al interior de su relación de pareja.


Doña Josefa, que tenía sangre criolla, indígena y algo de negra, como tantos mexicanos, se identificaba con el oprimido y odiaba los abusos sufridos por los mexicanos por parte de los gachupines, tal como llamaban a los españoles nacidos en la península. Los mexicanos eran considerados como ciudadanos de segunda, tercera y hasta cuarta categoría (los esclavos). El haber nacido en la Nueva España (una colonia) y no en la metrópoli era una gran “mancha” para los peninsulares. Por ello los criollos eran relegados a puestos de segundo nivel en la administración pública del virreinato. Los mestizos no podían acceder a puestos más que de tercer nivel y no se les permitía ser maestros en los gremios, los indígenas estaban totalmente marginados y estaban hundidos en la ignorancia y por otro lado los esclavos eran tratados como animales. Este hecho creó un gran descontento en todas partes, hubo cientos de rebeliones indígenas y muchas de esclavos de origen africano.


La situación tenía que cambiar y pronto. Tras fracasar la conspiración de Valladolid en 1809 los patriotas se organizaron en Querétaro y planearon un levantamiento para el 8 de diciembre en la feria de San Juan de los Lagos, donde había una multitudinaria concurrencia de todas las razas y castas, de modo que esto atrajo el interés de los precursores de nuestra independencia aprovechando la feria regional de todos los años que disimularía los movimientos y ayudaría a reunir partidarios, convocar a la población y agarrar por sorpresa a los realistas. Al precipitarse los acontecimientos tuvieron que adelantar la fecha para iniciar el levantamiento el 1º de octubre de 1810 y ya casi estaba todo listo. Se planeaba comenzar la insurrección simultáneamente en San Juan de los Lagos, San Miguel y en Querétaro. Lo iba a encabezar Miguel Domínguez por ser la figura pública más importante, el general en jefe sería Ignacio Allende, el segundo de a bordo Juan Aldama, el cura Miguel Hidalgo colaboraría a ganar simpatizantes por su carisma y poder de convocatoria, así como, el cariño que le tenían los pueblos, además que con inteligencia presentaba grandes planes y proyectos, por lo que era como un guía espiritual que todos respetaban mucho.


En Querétaro, Domínguez y su esposa Josefa participaron activamente en esta conspiración cuyo propósito, era liberarse de las autoridades españolas que habían gobernado a la Nueva España por tres siglos. Las reuniones se efectuaron bajo la apariencia de ser un club de lectura, algunas reuniones se realizaron en la casa del presbítero José María Sánchez, quien tuvo un gran papel en la conspiración. Además de los esposos Domínguez y el cura Sánchez, a las juntas asistieron los licenciados Parra, Altamirano y Laso, los militares Joaquín Arias, Francisco Lanzagorta Inchaurregui, Ignacio Allende y Juan Aldama. Asistían también, el cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, los hermanos Epigmenio y Emeterio González, encargados de proveer armas. Pero los planes eran grandes porque además, se organizaron conspiraciones en San Miguel, Celaya, Guanajuato, San Felipe, San Luis Potosí y la Ciudad de México.


Hubo muchas conspiraciones, pero la mayoría abortaron y la que tuvo éxito finalmente fue la de Querétaro, la preparación de la insurrección alcanzó rápidamente un buen nivel de organización y ya tenía un plan consolidado. La participación de Josefa fue crucial y decisiva, por ella no abortó el intento de iniciar finalmente la lucha independentista. "Si Josefa no hubiera hecho lo que hizo, hubiera pasado lo mismo que con las otras conspiraciones", afirma Ángeles González Gamio, cronista del Centro Histórico de la Ciudad de México. El fracaso era inminente si no hubiese intervenido la Corregidora con tanta audacia.


Porqué aparecieron varios traidores que dieron aviso al gobierno novohispano: Joaquín Arias, Juan Ochoa, Mariano Galván y Juan Garrido. También sucedió que moribundo el doctor Iturriaga en confesión con cura Rafael Gil de León y para pedir perdón por sus “pecados” le contó todo sobre los preparativos. Todos por su lado comenzaron a denunciar a los patriotas.

El 11 de agosto se da la primera denuncia de la Conspiración de Querétaro el 10 de septiembre el capitán Arias, quien había formado parte de la conspiración delata a los demás integrantes. El 11 de septiembre el alcalde Juan Ochoa delata la Conspiración de Querétaro ante virrey Félix María Calleja y le acompaña la lista de conjurados entre los que menciona que Josefa Ortiz es una de las principales incitadoras. Entre el 10 y 13 de septiembre de ese año fue que alertaron al gobierno virreinal sobre las pretensiones independentistas de los patriotas.


El 14 de septiembre el cura Rafael Gil de León visita en las casas reales a los Corregidores para avisarles que habían sido descubiertos. Desde que le llegaron los primeros rumores de las denuncias a Miguel y Josefa acordaron avisar a Allende para que de inmediato saliera de Querétaro y regresara a San Miguel. Eran tantos conspiradores como rumores en la ciudad de Querétaro. Allende salió el 7 de septiembre para despistar al enemigo, antes pasó a despedirse de su novia -la hija de Miguel- en casa de Josefa.


Cuando se descubre abiertamente la conspiración, el primero al que enteran oficialmente es al mismo Corregidor, ya que el gobierno desconocía qué tan comprometido estaba en el complot y le dan instrucciones para que detenga a los acusados. Sintiéndose descubiertos Josefa y Miguel permanecieron en la corregiduría y Don Miguel buscó que los complotadores salvaran la situación para lo cual disimuló que ayudaba en la investigación de los presuntos insurrectos, en realidad quería ayudarles a escapar, mientras él escondía su participación en el movimiento.


En el primer momento solo buscaban a los hermanos Epigmenio y Emeterio González que eran dueños de una tienda, misma que les servía para disimular la entrada y salida de personas al lugar donde escondidas, tenían el acopio de las armas y de pólvora. Otras denuncias llegaron a oídos del comandante Ignacio García Rebolledo y se presionó al corregidor Domínguez para catear la casa de los hermanos González donde habían fabricado lanzas y tenían escondidas lanzas, espadas, escopetas, y astas.


Don Miguel acompañó a los oficiales a revisar la casa-tienda de los González, pues quería simular y lo hizo de manera superficial para ocultar la actividad de los González y ya se retiraba del lugar cuando el escribano Juan Fernando  Domínguez insiste en buscar a fondo las armas y luego de buscar y rebuscar encontraron el escondite, entonces  aprehenden a los hermanos González. Así comenzaron los arrestos de los conjurados y las sospechas hacia Miguel Domínguez.


Antes de salir, puesto que Miguel desconfiaba del carácter y determinación de Josefa, para “protegerla”, decidió encerrarla en la parte alta de la casa. Tenía miedo que su esposa se fuese a meterse en líos por su impetuosidad. Ella al verse encerrada en una habitación, golpeó fuertemente la pared para avisarle al alcalde Ignacio Pérez lo que sucedía y le indicó que avisara de inmediato a Allende e Hidalgo. Pérez le dijo que de momento no tenía medios para ir a avisar. Josefa insiste que encuentre el modo de irlos a prevenir y a indicarles que tenían que comenzar de inmediato la insurrección.


Ella dio indicaciones para que se iniciara la lucha. Pérez consiguió un caballo, que estaba amarrado afuera de una cantina y fue a San Miguel a avisar, pero no encontró a Allende, solo a Aldama, quien obtuvo unos salvoconductos del coronel Nicolás de la Canal que estaba al frente de los realistas en San Miguel y simpatizaba con la insurrección para que usaran ese documento para escapar y luego Juan Aldama salió apresuradamente para ir a Dolores e informar a Ignacio Allende, quien se encontraba con Hidalgo.


Aldama, cabalgó rápidamente hasta Dolores para avisar a Ignacio Allende. Lo encontró con Hidalgo y exaltado le insistió que quería dar las malas nuevas, mientras que Hidalgo con toda calma los invitó a tomar un chocolatito y hasta que terminaron de beberlo escuchó los informes. En un primer momento Allende y Aldama estaban considerando por donde escaparse haciendo uso de los salvoconductos que les dio el coronel Nicolás de la Canal.

Fue entonces cuando Hidalgo después de dar varias vueltas alrededor de la mesa exclamó “somos perdidos, no queda otra que ir a coger gachupines”. Aldama gritó: “pero que está usted diciendo, está usted loco”. Y es que los militares Allende y Aldama no se sentían del todo preparados militarmente, pero Hidalgo que era decidido como era Josefa, y como ella confiaba mucho en el pueblo y sabía que una vez convocando a la población, nada los podría detener. Así tomando el mando Miguel Hidalgo y Costilla llamo a los suyos con instrucciones de ir a apresar a los gachupines de Dolores, lo que hicieron durante la noche.


La misma noche del 15 de septiembre de 1810, Doña Josefa y su esposo fueron apresados por el gobierno virreinal. Don Miguel fue recluido en el Convento de la Cruz y Doña Josefa en el Convento de Santa Clara en Querétaro. Estuvieron presos cinco días. Josefa y sus 11 hijos encarcelados eran vigilados en todo momento.


En la madrugada del 16 de septiembre, Hidalgo replicó las campanas, congregó a la población y dio el Grito de inicio de la revolución de Independencia. En su corazón le agradecía a Josefa por avisar e impulsar la idea de confiar en el pueblo e ir hacia adelante con la insurrección, en vez de paralizarse por el miedo y huir del peligro. Josefa prisionera en Santa Clara, ya no pudo impulsar el levantamiento en Querétaro como se tenía previsto, pero llena de satisfacción supo que la conspiración no había abortado y que la gloriosa lucha por la Independencia y la Soberanía de México ya había iniciado. Sus sueños se materializaban Su pensamiento se tradujo en acciones de lucha y ahora luego de tanto trabajo comenzaría a dar frutos.



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