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CONFLICTO EN HONG KONG

Rocío Luna


El presidente de EU, Donald Trump, promulgó el miércoles 27 de noviembre, la norma, llamada "ley de Derechos Humanos y Democracia en Hong Kong" que exige una revisión anual de la situación de la autonomía de Hong Kong para justificar su estatus comercial especial con EU. Si las libertades del territorio se vieran anuladas, EU. revocaría la relación comercial que mantiene con la región administrativa especial de China. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China anunció que tomaría "contramedidas firmes" contra EU. Como es sabido Hong Kong es parte de China. Auspiciados por EU, en Hong Kong, China miles de manifestantes marchan con la bandera de EU y cantando el himno estadounidense. Trump y el Congreso de EU intervienen descaradamente en las protestas. Esto ha causado un enfrentamiento de China con EU que tensa la situación a nivel internacional. China anunció que tomará contramedidas firmes. “Hong Kong es parte de China y los asuntos de Hong Kong son asuntos internos de China, en los que ningún gobierno o fuerza extranjera puede intervenir. Esta ley solo pondrá de manifiesto la naturaleza maliciosa y hegemónica de las intenciones de EU con respecto al pueblo chino incluidos nuestros compatriotas de Hong Kong” A anotado el Ministerio de Relaciones Exteriores de China. China prohibió a los buques y aeronaves militares de Estados Unidos hacer escala en Hong Kong, en respuesta a una ley aprobada la semana pasada por Washington sobre la excolonia británica, que según Beijing fue una interferencia flagrante de Washington en sus asuntos internos por apoyar las protestas en Hong Kong. La portavoz de la Cancillería, Hua Chunying, dijo que también varias organizaciones no gubernamentales (ONGs) con sede en Estados Unidos, incluida la Fundación Nacional para la Democracia para los Asuntos Internacionales, el Instituto Republicano Internacional, Freedom House y Human Rights Watch (HRW), serán objeto de sanciones por parte de China. Según China esas ONGs “apoyan el movimiento anti-China” en Hong Kong y “les animan a comprometerse en actividades violentas y criminales e instigar estas actividades separatistas”, destacó China Daily. Hong Kong es un territorio chino denominado oficialmente una Región Administrativa Especial de la República Popular China. Hong Kong fue colonizado por el Imperialismo Británico en 1842, pero tiene su propia moneda, pasaporte, idioma, bandera y hasta parlamento con sus propios partidos políticos, es una de las ciudades más ricas del mundo. Hong Kong es una anomalía histórica. No solo por sus calles dedicadas a la monarquía británica, pobladas de rostros asiáticos, o sus famélicas construcciones verticales; sino porque Hong Kong es una ciudad occidentalizada pese a ser parte de China. Aunque pertenece a China es considerada una región administrativa especial, para entender el contexto de sus problemas actuales hay que recurrir a la historia. Es tras la Primera Guerra del Opio que instigó Gran Bretaña para promover el narcotráfico en China cuando la isla de Hong Kong fue arrancada con carácter indefinido, a China para ser controlada por Gran Bretaña mediante el Tratado de Nanking de 1842. Que fue un tratado injusto y desventajoso para China. Tras la Segunda Guerra del Opio y por la Convención de Pekín de 1860 se arrancan nuevas cesiones a Gran Bretaña: parte de la península de Kowloon y la isla de Stonecutters. Al pasar los años Hong Kong se convirtió en un puerto capitalista impórtate y moderno, fue uno de los primeros lugares industrializados de Asia y su economía floreció. En 1982, el gobierno británico empezó a sondear a su homólogo chino para dilucidar las intenciones de Pekín respecto al futuro de Hong Kong. Aunque en un principio el Reino Unido sostuvo que de un modo u otro sería posible garantizar la continuidad de la presencia británica en el territorio, la debilidad negociadora del gobierno de Londres chocó con la firmeza de la parte china, que en última instancia se declaró dispuesta a recobrar la soberanía sobre Hong Kong, inmediata y unilateralmente. Por la Declaración Conjunta firmada por China y el Reino Unido el 19 de diciembre de 1984 en Pekín, China prometió que, bajo la política "un país, dos sistemas", el sistema económico socialista de China no se aplicaría en Hong Kong, comprometiéndose a respetar el sistema legal existente en Hong Kong antes del traspaso de soberanía por un plazo de 50 años, hasta el año 2047. China se haría cargo de la política exterior y la defensa del territorio. A partir del 1 de julio de 1997 en Hong Kong se daría una constitución que se conocería como Ley Básica redactada por un comité convocado en Pekín al que asistirían representantes de la colonia británica. La ley básica establece que Hong Kong gozará de un “elevado grado de autonomía” (de hecho, similar al actual: tradicionalmente, el gobierno de Hong Kong ha gestionado sus asuntos internos de forma muy autónoma respecto a Londres) y garantiza asimismo la independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial respecto a las estructuras estatales de China. Se menciona explícitamente que “el sistema y las políticas socialistas no se practicarán en la RAE de Hong Kong” y que tanto el sistema capitalista como el estilo de vida del territorio permanecerán inalterados durante un período de cincuenta años. Otros artículos de la ley básica garantizan la independencia económica y fiscal (Hong Kong no deberá transferir ningún tipo de impuesto al gobierno central de Pekín); plenas competencias para formular políticas financieras y monetarias (el dólar de Hong Kong seguirá siendo la moneda de curso legal, libremente convertible como hasta ahora); la protección de la propiedad privada, de las inversiones extranjeras, del libre comercio, de las libertades básicas (de expresión, de prensa, de asociación, de manifestación, sindical, de comunicación y movimiento, etcétera) e incluso el mantenimiento de una cierta autonomía en asuntos exteriores, particularmente en relación con la participación de Hong Kong en acuerdos y organizaciones internacionales de ámbito comercial y económico (como la Organización Mundial del Comercio de la que China aún no forma parte o el Banco Asiático de Desarrollo). De modo que siendo autonomía en estos aspectos, Hong Kon depende de China en Defensa y Relaciones Exteriores. El conflicto actual es que sectores pro occidentales acusan a China de estar violando este acuerdo, hay grupos de Derechos Humanos que acusa a China de entrometerse cada vez más en la vida social y política de Hong Kon, esos fueron los ingredientes que movilizaron en 2014 la “Revolución de los paraguas” una serie de protestas que nació de un movimiento estudiantil, durante esta llamada Primavera Asiática, ciudadanos tomaron las calles de esta ciudad para pedir la retirada de una reforma electoral contra el sistema político occidental ya que en China tienen otro sistema electoral y al final encarcelaron a los lideres de las protesta, siendo juzgados bajo las leyes Chinas. Pero eso no acabo con los conflictos y las acusaciones contra el gobierno chino continuaron. Lo que detono la crisis actual fue la ley de extradición que permitiría enviar a presuntos delincuentes a China continental para ser juzgados. Esto detono protestas masivas que continuaron pese que el proyecto de ley fue congelado. Las imágenes que dieron vuelta al mundo sobre los disturbios violentos, la policía fue criticada por la fuerza excesiva contra los manifestantes, a los que el gobierno chino acuso de terrorismo, como resultados los rebeldes pidieron la renuncia de la jefa ejecutiva, que es la máxima autoridad de la región, y otros incluso piden la independencia total de Hong Kon. Gracias a la movilización que tuvo la ciudadanía en las elecciones que se llevaron a cabo el domingo 24 de noviembre del presente año los partidos pro occidentales lograron una aplastante victoria en las elecciones locales, al conseguir una amplia mayoría de los puestos a concejal de distrito, en unos comicios que sirven de barómetro para comprobar el respaldo político al movimiento detrás de las protestas. Las elecciones se celebraron en un ambiente de calma, sin altercados importantes, lo que se tradujo en una afluencia masiva de votantes a las urnas, con una participación récord del 71.2 %, la más alta de la historia de Hong Kong. El resultado pone en aprietos a la jefa del Ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, próxima a Pekín, ya que una holgada mayoría de los ciudadanos respaldó con su voto a los partidos pro occidentales , cuyas demandas incluyen el sufragio universal, al estilo americano, el voto directo del jefe de gobierno y mayor autonomía para la antigua colonia británica. Esta situación ha sido aprovechada e instigada por Washington para presionar a China en las negociaciones que sostiene con Beijing y para buscar continuar con su predominio mundial.

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