El desarrollo sostenible y el COVID 19 

Rocío Luna

Actualmente, el mundo enfrenta la pandemia del coronavirus que nos hace darnos cuenta de los efectos de la globalización que impulsan las corporaciones en su beneficio y sus consecuencias locales. Además, no se trata solo de una crisis de salud pública, sino que afecta a todos los sectores de la sociedad, tanto políticos, económicos o de relaciones sociales, el agotamiento de los recursos naturales y la gran contaminación que producimos día a día nos hace reflexionar y nos obliga a poner en marcha un plan de desarrollo sostenible en beneficio de todos los pueblos del mundo.


El tema del desarrollo sostenible tiene antecedentes que se remontan a los años 50 del siglo XX, cuando germinaron las preocupaciones en torno a los daños al medio ambiente causados por la segunda guerra mundial. Sin embargo, es hasta 1987 cuando la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD) de las Naciones Unidas, presidida por la Dra. Gro Harlem Brundtland, presenta el informe “Nuestro Futuro Común”, conocido también como “Informe Brundtland”, en el que se difunde y acuña la definición más conocida sobre el desarrollo sustentable:

“Desarrollo sustentable es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. (CMMAD, 1987:24) 

Y no fue hasta el año 2002 cuando nació la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada el Johannesburgo y en la que se aprobó el “Plan de Aplicación”, basado en los avances realizados y las lecciones aprendidas desde la Cumbre de la Tierra de Río, que incluyó además el establecimiento de medidas concretas y metas a lograr en plazos específicos, tareas que debían tener un completo equilibrio en los aspectos sociales y ambientales, con la vista puesta en un mayor desarrollo económico. 

Hoy la crisis mundial desatada por el virus podría y debería impulsar los esfuerzos para desarrollar acciones que se enfoquen a erradicar la pobreza, crear un mundo más igualitario y pacífico y proteger el planeta. Es necesario romper con las políticas de los organismos financieros internacionales que han sido devastadoras para la salud, educación, medio ambiente, etc. 

Por ejemplo, una de las principales medidas para luchar contra el coronavirus es maximizar las condiciones de higiene, donde el lavado de manos con agua y jabón es crucial. No obstante, el agua es un recurso limitado, manejado a favor de las corporaciones y que no está al alcance de las personas que viven en desigualdad a consecuencia de las políticas e industrias que favorecen a la globalización, aquellas que tienen una visión de explotar los recursos naturales desmedidamente amenazado al planeta teniendo consecuencias como lo es el cambio climático. Todo para que unos cuantos acumulen la riqueza. 

La pandemia del COVID-19 también está impactando fuertemente en la seguridad alimentaria, las medidas de contención del virus han afectado a la producción, distribución y disponibilidad de alimentos. 

Tan solo en México durante decenas, las políticas de desarrollo neoliberal de cara a los mercados mundiales no dieron importancia a los costos económicos y sociales del crecimiento demográfico. La desigual distribución territorial de la población, el impacto de las actividades productivas y la urbanización sobre la calidad del aire, el agua y los suelos, ignorando las implicaciones de la degradación y destrucción de los recursos naturales, provocaron el surgimiento de graves crisis ambientales, especialmente en las zonas metropolitanas, así como, la degradación de los suelos provocada por la deforestación en las zonas rurales, y que hoy se hacen más evidentes a causa de la crisis sanitaria estas malas políticas, como la extractivista que ha dominado. 

Es el momento para abordar los desafíos que la humanidad enfrenta (requiere), se necesita una perspectiva integradora y universal que sitúe a las personas y al planeta en el centro de acción. Lo que requiere de políticas pro sociales y pro ambientales. 

En el aprovechamiento sustentable de recursos no se puede dejar de mencionar al aprovechamiento racional de los recursos forestales a fin de proporcionar soluciones a los habitantes establecidos en las zonas, que derivan su sustento a través de actividades de explotación y transformación de esos recursos. Se debe generar proyectos de uso múltiples de los bosques, por ejemplo, encaminados a la identificación, cuantificación y fomento de especies vegetales que puede además de su función protectora, suministrar una serie de productos forestales distintos de la madera y de importancia comercial para alimentos, forrajes, fármacos, etc., Proyectos que contribuyan a la diversificación y utilización múltiple e integral de los bosques naturales y de las plantaciones, para beneficio de las poblaciones vinculadas a esos ecosistemas. 

También el ordenamiento territorial se podría orientar al proceso de ocupación del espacio para aprovechar racionalmente el potencial de recursos; establecer las normas que permitan minimizar las actividades potencialmente contaminantes; delimitar los fines y usos de la tierra; delimitar los espacios sujetos a protección o conservación, y racionalizar la ocupación del territorio. 

Cómo estos ejemplos existen muchos más, que en este momento podrían estarse impulsando con una nueva visión (regenerando a partir de una Nueva visión) Pensemos que está pandemia puede ser un antes y después en el aprovechamiento de los recursos naturales de una forma sostenible ya que nos hemos dado cuenta que la naturaleza no es débil y que tarde o temprano nos pasará la factura del daño que hemos producido, principalmente por las industrias globales que devastan todo y las políticas que las favorecen. El modelo actual ha fracasado y se requiere de un nuevo modelo político, económico, social y ambiental para un desarrollo sostenible que dé bienestar a las futuras generaciones. 


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