EL PARTIDO Y EL SISTEMA DE PARTIDOS

MEXTEKI

El Partido es la organización superior para la defensa de los intereses de determinada clase social o fracción de clase. Cada Partido tiene un proyecto a realizar en un país y en una nación que corresponde a los intereses de esa clase social. En la sociedad existen dos grandes bloques, el de la minoría que posee medios de producción y la aplastante mayoría que sin contar con medios de producción tiene que vender su mano de obra para vivir.


Las clases propietarias de los medios de producción son muy diversas. Existe la gran burguesía y dentro de ésta, un sector minúsculo de oligarcas que controlan las grandes corporaciones. Hay sectores medios de la burguesía. Estos sectores tienen intereses contradictorios pues los pueden tener en el sector externo o interno, y en diversas ramas de la economía, que a veces se contraponen. La burguesía se une muy sólidamente cuando se trata de explotar a los trabajadores, de dividir a la sociedad, de subordinarse al extranjero con tal de obtener ganancias, de negar derechos tras reconocerlos formalmente. Se une con toda efectividad cuando lo necesita para prevalecer y en varios países lleva siglos de dominio.

Existe una dictadura de clase disfrazada pero la burguesía lo ha sabido ocultar hábilmente. Los propietarios tienen tantos intereses diversos que tienden a organizarse en varios partidos pero siempre todos sus partidos defienden el proyecto capitalista, sólo difieren en la forma, no en el fondo. Establecen una “democracia” de apariencias, para esconder que las grandes decisiones las toman quienes son más poderosos. Es de hacer notar que las cúpulas de la burguesía siempre se someten a un “mercado mundial” que impone su dictado y del cual no pueden ni quieren zafarse. Dividen el poder en tres instancias, legislativa, ejecutiva y judicial y maniobran en las tres para imponer su dictado. La “democracia” que promueven las potencias imperialistas es una fachada que garantiza el poder de la oligarquía global contra los pueblos. Está diseñada para que los representantes que se dicen “populares” se pongan finalmente al servicio de las grandes corporaciones.

El mecanismo que usan es el del sistema de partidos. Los electores no pueden seleccionar candidatos. Los partidos sí, y lo hacen de forma cupular. Las elecciones se ganan con dinero y las corporaciones comprometen a todos los candidatos. Dicen que eso es democracia por existir el pluripartidismo pero todos los partidos defienden de una forma u otra los grandes intereses, algunos de forma descarada y otros utilizan la demagogia pero no se atreven a afectar los intereses de la oligarquía. En el mejor de los casos tan solo limitan sus “excesos”.

La clase obrera no tiene propiedad y labora colectivamente en las empresas capitalistas. Aunque existen distintos trabajos en el campo, en la ciudad y en diversos sectores, sus intereses inmediatos y a largo plazo son los mismos, mejorar su nivel de vida, defender sus derechos y, a la postre, eliminar la explotación y la sujeción nacional.

Su fuerza potencial es enorme pero no se deja sentir porque al trabajador se le divide y se le fragmenta por edad, sexo, preferencia sexual, origen regional o nacional, color de piel, por actividad específica, etcétera pero en realidad el interés colectivo es único y su fuerza está en la unidad. Ningún partido representa a la clase obrera si ella misma no se organiza soberanamente. Todos quieren que el trabajador está a la cola de los intereses capitalistas. Al mismo tiempo se le desalienta de participar en política o de construir su propio partido. Se trata de convencerle que la política es sucia, que todos los partidos son iguales para que no actúe políticamente y así deje que el poder lo tengan los capitalistas.

Por otro lado, el Estado patrocina diversos partidos que se autodenominan de la clase obrera sin serlo, para reclutar y desviar a los trabajadores que se interesan en la política, e impedir que se construya el partido que va a unir a la clase obrera y a representar sus intereses.

La teoría y práctica que guía a un partido proletario es el marxismo-leninismo que se ha desarrollado y enriquecido a través de la historia logrando grandes avances, así como lecciones aprendidas de las derrotas. El marxismo-leninismo postula la necesidad de contar con un partido de la clase obrera que debe unificar en una sola organización a quienes defienden los intereses no sólo del proletariado sino los de todo el pueblo y del país, y también los de todas las naciones y pueblos del mundo. Ese partido de la clase obrera representa, tanto los intereses de los trabajadores como los de todo el pueblo porque el proletariado no puede triunfar si no transforma la vida de todo el pueblo, si no une y organiza a toda la población.

Los países en los que los trabajadores y el pueblo han logrado hacer triunfar el inicio de la construcción del socialismo han establecido un sistema de partido único y no admiten la organización de partidos burgueses frente a un enemigo tan poderoso como es el imperialismo mundial, las corporaciones, la burguesía, la pequeña burguesía trepadora. La única forma posible de que el pueblo trabajador pueda triunfar, en medio de la compleja situación actual, es unificando todas sus fuerzas, sus propósitos, su proyecto y luchar en la misma dirección.

Por eso es vital la construcción del partido de la clase obrera, y hacerlo bajo sus propios intereses, principios, línea de acción, organización y métodos de dirección. El partido marxista-leninista es responsable por sí y ante sí de sus propias decisiones de manera completamente soberana. No puede bajo ningún concepto colocarse bajo el control de tribunales externos. El partido debe regirse por sus propios estatutos, sin injerencias externas.

Lo que promueven las potencias imperialistas y sus organismos internacionales es el pluripartidismo diciendo que esa es la única democracia posible. Es el sistema político que ellos pueden controlar en beneficio de las grandes corporaciones y los países imperialistas. Establecen un sistema en el que se divide a la población, sus organizaciones y sus objetivos. Se fragmenta y pulveriza la organización política. Promueven el pragmatismo y la total falta de ética en la vida interna de los partidos. Pero además se somete a todos los partidos al control del Estado sujetándolos a instituciones y tribunales estatales por medio de los cuales controlan a cualquier partido que tome decisiones que no les gustan a los poderosos.

En México la injerencia del Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Judicial Electoral de la Federación en la vida interna de los partidos es total, a tal grado que violan los estatutos internos, desconocen congresos e imponen dirigentes. Todo partido que se sujete a esta situación ha fracasado de antemano si pretende una transformación verdadera del país.

De modo que la unificación en el partido de la clase obrera, su programa, acción, organización y lucha son la clave para solucionar los graves problemas actuales. Es necesario que el pueblo le dé la espalda al sistema de partidos y a la aparente democracia y que promueva y defienda la verdadera organización del pueblo trabajador en contra de los partidos de la burguesía sometidos al imperio norteamericano. Esto es absolutamente necesario para contar con una verdadera organización que construya la ruta de salida al podrido sistema actual.

La coyuntura actual en México muestra, en toda su magnitud, la descomposición del sistema de partidos, las alianzas perversas, el descarado “chapulineo” de políticos sin principios y de partidos que parecen agencia de colocaciones. Es evidente la arbitrariedad de institutos y tribunales electorales. Estamos viviendo las situaciones más patéticas, estamos contemplando alianzas y traiciones casi imposibles de creer. Por encima de escándalos, dimes y diretes, denuncias, buenos deseos, ingenuidades y personajes impresentables debemos tener claro que, en el fondo de todo, el problema es el sistema mismo, el sistema de partidos y la ideología que promueve.

La clase obrera aspira a contar con el poder político pero no para sus propios intereses sino para desarrollar una verdadera democracia en la que el pueblo decida, establezca sus programas, levante las demandas de todos los sectores, postule candidatos, mandate a los representantes, escoja a los mejores, y defienda los intereses generales. Para ello es necesaria la renovación democrática que termine con el sistema de partidos y establezca el poder popular y la completa liberación nacional y social.