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¡Estados Unidos se hunde… a remar lejos!

  • Foto del escritor: Mexteki
    Mexteki
  • 11 sept 2025
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 12 sept 2025


Pablo Moctezuma Barragán


En estos días de septiembre en que celebramos la Independencia de México, la búsqueda de la plena Soberanía Nacional y la de nuestra efectiva autodeterminación, están al orden del día. Sobre todo teniendo en cuenta que el retroceso neoliberal colocó a México en una situación de extrema dependencia de Estados Unidos, al integrarnos de forma subordinada y dependiente al vecino.


Los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari desmantelaron el sector público y privatizaron la mayoría de las empresas del Estado; con las reformas de 1989 y luego de 1993 a la ley de inversión extranjera, primero se eliminaron restricciones para muchas áreas que estaban reservadas a los mexicanos y luego se permitió hasta el 100% de participación en la mayoría de las actividades económicas, salvo en las estratégicas. Además, se sometió a nuestro país a decisiones de tribunales extranjeros dominados por Washington, tras lo que se firmó un Tratado de Libre Comercio que puso a “competir” a México contra una economía 20 veces más grande, resultando un desastre para la economía nacional, mientras las corporaciones extranjeras se beneficiaron. Con estas medidas, la economía del país pasó a ser controlada, en gran parte, por Estados Unidos.


Para lograr someter a México, luego del cardenismo que consolidó grandes logros para el desarrollo y bienestar internos, usaron dos “caballos de batalla”. La deuda y la inversión extranjera. La deuda se disparó de 100 millones de dólares con Ávila Camacho a 1,700 mdd con López Mateos, luego a 19,000 mdd con Echeverría; a 85,000 mdd con López Portillo y a 130,000 mdd con Salinas de Gortari. Este proceso permitió a Echeverría, al servicio de Washington como el agente Litempo 8 de la CIA, atarnos al Fondo Monetario Internacional que condujo el proceso del posterior endeudamiento y la apertura total a la inversión extranjera.


Zedillo privatizó los ferrocarriles, sector estratégico, entregándolos a Kansas City Southern de México y Ferromex.  Luego, las reformas de Peña abrieron también las puertas a la inversión extranjera en las áreas estratégicas como el petróleo y otras, todo en aras de la integración económica con Estados Unidos y Canadá.  Así se perdió el control en sectores clave, se intensificó la desigualdad en el desarrollo regional y se golpeó a las cooperativas, pequeñas y medianas empresas mexicanas que no pudieron competir con las corporaciones.


Ni los préstamos foráneos, ni la inversión extranjera ayudaron al desarrollo, todo lo contrario, mientras más debemos más pagamos, con la deuda “sale más caro el caldo que las albóndigas” y la inversión extranjera no ha ayudado. Se ha normalizado la idea de que cuanta más inversión extranjera mejor, por ser una palanca de desarrollo, una fuente generadora de empleos y vehículo de progreso, esto es falso, la inversión extranjera en 1970 era de alrededor de 5,000 millones de dólares y la economía crecía en promedio al 6% anual, había autosuficiencia alimentaria, desarrollo industrial nacional y un comercio exterior más diversificado.


Actualmente la inversión extranjera acumulada en México es de alrededor de 180,000 millones de USD al cierre de 2024, tan solo en 2025 se ha roto récord al recibir 36 mil millones de dólares. Sin embargo, a mayor inversión extranjera, menor crecimiento económico. Durante la privatización y apertura a la inversión extranjera que caracterizó al neoliberalismo, la economía creció al 2 %, en los últimos años ronda el 1 %, cuando la población crece a 1.3 %. Lo que existe es total estancamiento. La inversión extranjera en minas, agroindustria, y otros ramos del sector primario, secundario y terciario, en muchas ocasiones provocan saqueo, contaminación y abusos contra los derechos de los trabajadores, detiene nuestro desarrollo científico y tecnológico, además de generar una competencia desleal contra la industria nacional pequeña y mediana. Aunado a lo anterior, los capitales extranjeros gozan de una situación fiscal privilegiada.


La experiencia en México indica que la deuda y la inversión extranjera han sido instrumentos de dominación, por lo que deberá transformarse esta situación por medio de una rigorosa regulación para garantizar que la inversión extranjera abone al desarrollo y bienestar, que tenga una justa carga fiscal y respete inflexiblemente los derechos laborales, el bienestar de las comunidades, el medio ambiente, además de pagar por agua y luz lo que es justo, mientras tanto, no se puede presumir que en sí misma, la llegada de inversión extranjera es un buen síntoma.


Tampoco ayuda endeudarse, cuando debíamos 3,600 millones de dólares crecíamos al 6% hoy que se han adquirido 230,000 millones de dólares no crece nuestro Producto Interno Bruto, ni el 1 %.


Tras el proceso de integración económica, siguió la integración política con el PRIAN sujeto a Washington y luego inició la integración militar que sigue en marcha. Es claro que Estados Unidos nos considera su traspatio “integrado” y que toma todas las medidas para que México no tenga un desarrollo autónomo quedando alineado a su bloque, en oposición a sus adversarios, comenzando por Rusia y China. Nos están atando al fatal destino de Estados Unidos, para mal, no para bien.


Actualmente dependemos económicamente de Estados Unidos: un 55 % de la inversión, el 80 % de nuestras exportaciones y el 42 % de nuestras importaciones las obtenemos del vecino. Importamos en un 75 % su gas y más del 50% del consumo de alimentos en México dependen de fuera, principalmente del vecino del norte.


Lo más grave es que desde el gobierno de Fox, con la firma de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, además de la inclusión de México en el Comando Norte de Estados Unidos, ha avanzado la integración militar y la participación de México en maniobras y “capacitaciones”, primero en el extranjero y en años recientes dentro de nuestro territorio.


Si la oligarquía proyanqui gobernara México, ya nos hubiéramos convertido en un Estado “Libre” Asociado como lo es Puerto Rico. Y abiertamente seríamos socios de su pugna por la hegemonía mundial, patio de maniobras militares, proveedor del petróleo y de la sangre de las y los mexicanos para la guerra.


Dicen que debemos estar integrados (atados) a Estados Unidos ¿para qué? Nuestro territorio posee enormes riquezas y potencialidades, millones de personas que laboran con gran capacidad y son de los más trabajadores del mundo, como está plenamente reconocido. Contamos con una naturaleza generosa que nos da múltiples opciones. Tenemos grandes tradiciones históricas en la lucha por la plena soberanía e independencia a lo largo de los siglos y debemos honrar esa historia. Somos un pueblo de paz, opuesto a las intervenciones y al dominio extranjero sobre cualquier pueblo. Además, en México ya conocemos plenamente al vecino porque ya nos arrebató más de la mitad del territorio y ha intervenido violentamente en nuestro país en 13 ocasiones, en 1914 y 1916 por largos meses.


Estados Unidos ha orquestado el asesinato de presidentes como Madero y Carranza, ha comprado a varios mandatarios más como agentes a su servicio. Es conocida su historia de invasiones constantes contra otros países y su apoyo al genocidio, como lo hace actualmente en Palestina. EU es un país que recientemente ha atacado a una decena de países y mantiene en jaque a quien se le opone como Cuba y Venezuela. ¿De veras nos conviene depender de ellos? ¿Es prudente?


Además, es un país en abierta decadencia. ¡¿Nos conviene seguir atados al barco que se hunde?! Estados Unidos tiene gravísimos problemas internos y externos. Ha sido derrotado en sus últimas aventuras bélicas: Afganistán, Ucrania, Irán. No ha podido con Rusia ni con China. Su arma de sancionar a sus adversarios no le ha resultado y, al contrario, dicen que “lo que no mata … engorda” y sus adversarios se fortalecen.


Por tratar de mantener su desgastada hegemonía ha impuesto sanciones a todo el mundo y lo único que ha logrado es aislarse cada vez más, empujando a la India a aliarse con China y Rusia, al mismo tiempo que ya se ha exhibido plenamente ante los pueblos del mundo.


Es el país más endeudado internacionalmente, debe 37 trillones y tiene un déficit récord en su balanza comercial de 1.2 billones de dólares solo de bienes. Una sociedad en putrefacción con aumento de la pobreza, acceso muy limitado a educación y salud, el costo de la vida y la desigualdad se dispara. Un país tan violento que durante cada uno de los últimos cuatro años ha habido más de 600 tiroteos masivos: casi dos al día en promedio, con alrededor de 50,000 víctimas mortales cada año, en promedio. Y una represión interna brutal contra toda disidencia.


Si bien sigue siendo la primera economía del mundo, ya China le pisa los talones. Para sobrevivir a costa de las personas trabajadoras, con la represión de los migrantes, busca criminalizarlos para no reconocer sus derechos, hacerlos trabajar como esclavos modernos para aumentar así la explotación de toda la clase obrera.


Sufren una guerra civil interna soterrada, que se agudiza, así como los enfrentamientos que cada vez se profundizan entre demócratas y republicanos, federación y estados, entre agencias de inteligencia, el ejército y la armada.


Mientras, su población responde y resurge el movimiento obrero en Estados Unidos, aumentan las huelgas y se crean sindicatos en empresas como Amazon y Starbucks. Y en los días que corren, la juventud es protagonista en el auge de las movilizaciones en todo el país que van creciendo, para apoyar a Palestina, a los migrantes, oponerse a la militarización de Washington, defender la educación y la salud.


En esas condiciones, Estados Unidos se enfrenta al declive, con amenazas de fuertes crisis, de implosión, división interna, con el peligro de que escalen sus intervenciones en América Latina, en primer lugar en Venezuela y Panamá, además de sus ataques a Irán y eventualmente a Rusia y China. A esto se añaden sus contradicciones con sus propios aliados: Canadá y Europa. Todos estos elementos contribuyen al naufragio de un imperio que sólo aceleraría su decadencia si continúa con su apuesta bélica.


En México seguirán profundizando su intervención de forma abierta y violenta, o soterrada, aprovechando las concesiones que les vaya cediendo el gobierno. A nuestro vecino le espera un negro futuro, y como el que se está ahogando de quien se va a agarrar es de quien esté más cerca, es decir de México. El modelo global que impuso Estados Unidos se está derrumbando, no nos quedemos “entre las patas de los caballos”. Su hegemonía comienza a desmoronarse. Es tiempo de romper los lazos de dependencia neocoloniales.


Es hora de que México asuma su plena soberanía y que cuide el futuro de las generaciones venideras, transformando el modelo económico, social y político, para lo cual, es fundamental dejar de actuar de acuerdo a los intereses de las corporaciones norteamericanas y tomar todas las medidas necesarias de cara a los intereses populares.


Debemos romper las cadenas y alejarnos de quien se hunde irremediablemente, hay que mirar el mediano y largo plazo para evitar que nuestro país sea arrastrado por la caída del gigante herido.


Como país soberano, debemos tomar todas las medidas para ser autosustentables y comenzar por el cambio del modelo económico, político y social actual. Lograr la soberanía económica: en primer lugar la energética y la alimentaria. Desarrollar la industria, la ciencia y la tecnología. Fortalecer el sector público para que ocupe su lugar como impulsor de la economía, revertir completamente todas las privatizaciones sobre empresas estratégicas, apoyándose en la clase obrera, nacionalizar la banca para tener control del financiamiento e impulsar el desarrollo productivo. Aumentar la inversión pública, generar empleos y lograr salarios constitucionales para así fortalecer el mercado interno y no depender del mercado externo. Para tomar estas medidas debemos romper con todo tratado nocivo que nos someta a decisiones de Washington.


Hará falta que el gobierno cuente con muchos recursos para emprender grandes inversiones productivas, además de construir la infraestructura necesaria para lograr el despegue económico y ello solo se logrará con una reforma fiscal progresiva para que pague más quien más gana y que las corporaciones contribuyan con impuestos justos, así como con el impuesto a las grandes fortunas. También se requiere suspender el pago de la deuda pública para auditarla y renegociarla. Con estas tres medidas habrá un presupuesto mucho mayor para cubrir las necesidades y con el desarrollo potente del mercado interno habrá más riqueza no solo en el bolsillo de la población sino en el arca del gobierno.  Miremos a mediano plazo: o nos volvemos soberanos o nos hundimos junto con el monstruo decadente. ¡Soberanía, independencia y libertad para México … es el camino!

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