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Honduras: La disputa hacia el 28 de noviembre

Carlos Mauricio Ferolla. OBSAL. Alainet, 26 de octubre, 2021

El oficialista Nasry Asfura y la líder de LIBRE, Xiomara Castro, disputan de cerca la presidencia. Las heridas abiertas a doce años del golpe.

El 28 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Honduras. La campaña electoral se da en un contexto crítico del país centroamericano. El oficialista Nasry Asfura y la líder de LIBRE, Xiomara Castro, aparecen con posibilidad de disputar cabeza a cabeza la presidencia. Dos modelos de país en pugna y una amenaza latente de fraude.


Honduras atraviesa una crisis estructural que se agudizó con la pandemia del Covid 19: 73% de pobreza, 52% de pobreza extrema, 72% de la población en la economía informal y una fuerte crisis migratoria. En estas elecciones presidenciales se condensan las disputas sociales y vuelven a arder las heridas provocadas por el proceso político abierto con el golpe de estado a Manuel Zelaya en 2009, orquestado por Estados Unidos y llevado a cabo por las Fuerzas Armadas, la oligarquía criolla hondureña y la clase política.

A 12 años del golpe, las heridas abiertas

Al respecto, conversamos con Gilberto Ríos, militante y candidato a diputado por LIBRE, quien contó que “el golpe de estado del 2009 fue el cierre del ciclo progresista que se había iniciado en Latinoamérica con la llegada de Hugo Chávez al gobierno de Venezuela. Luego comienza un proceso de reversión de los escenarios políticos para la izquierda en el continente. En Honduras el golpe se sigue perpetuando mediante los fraudes electorales que se sucedieron en 2013 y 2017.”

Tras la ruptura del orden constitucional y la destitución de Zelaya, se abrió un proceso de lucha entre los sectores del poder hondureño y las organizaciones y movimientos populares. Los tres gobiernos que siguieron desde Roberto Micheletti (2009-2010), Porfirio Lobo Sosa (2010-2014) y Juan Orlando Hernández (JOH) (2014-actualidad) buscaron imponer un modelo neoliberal extractivista y extranjerizante a partir del autoritarismo y la represión. Este plan se llevó a cabo a partir de un reforzamiento de la figura presidencial creando estructuras institucionales que debiliten el Congreso y el Poder Judicial, sancionando leyes como la Ley de Escuchas Telefónicas (2011) para ejercer control sobre la sociedad civil, y reforzando el aparato represivo como fueron la creación de la Fuerza de seguridad interinstitucional nacional (FUSINA) y la Policía militar de orden público (PMOP), a esta última la integraron oficiales que fueron entrenados por el Comando Sur de EE.UU.

Se llevó a cabo un programa de privatizaciones promovidas por el Fondo Monetario Internacional en sectores claves como la energía, el agua, la seguridad social, el sector minero, la salud y la educación. Esto vino de la mano de despojos de sus tierras a las comunidades indígenas y afrodescendientes y concesiones a empresas extranjeras —vinculadas a pocas familias ricas de Honduras— para el desarrollo de proyectos hidroeléctricos y mineros.