LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO TIENE SU PROPIA AGENDA. 

Pablo Moctezuma Barragán

Vivimos días de incertidumbre, innumerables acontecimientos, problemas, polémicas. Guerra de los videos, desenmascarar ratas, descalificar gente, apoyos y denostaciones. Luchas de posiciones. Denuncias, filtraciones, descalificaciones. Viejos partidos que después de todo siguen arriba “en el candelero” ¡Escándalo! Ataque a tal y cual personaje, guerra en las redes sociales, desinformación en los medios monopolizados. Atención sobre la “última nota”, “el pleito más reciente” los jaloneos en la Cámara de Diputados. 


Está muy bien que se combata a la corrupción. Que se combata a fondo y por supuesto acabar con la impunidad desde los expresidentes para abajo, develar sus corruptelas con grandes corporaciones extranjeras y nacionales. Que se conozca la verdad del actuar criminal del PRIAN, de sus socios y patrocinadores extranjeros, comenzando por Washington; como sucedió con la guerra que le recetaron a Calderón, a quien apoyaron en su fraude de 2006, y con quién coordinaron el envío de armas con “rápido y furioso”, el lavado de dinero del narco en aquel país y su agenda para privatizar PEMEX y el sector energético. 

Necesario enjuiciar a todos los que han vendido a México y se han enriquecido. Está muy bien que se haga justicia efectiva y que no todo quede en propaganda. Llegó el momento de la lucha efectiva contra la corrupción.  

Perfecto. Pero además de la lucha contra la corrupción, tan necesaria, la clase obrera tiene su propia voz, su propia agenda, más profunda aún. No podemos perdernos en los dimes y diretes. Tenemos rumbo, hay una meta, nos enfocamos en avanzar hacia el objetivo y las soluciones. Es importante analizar la información, pero no para perdernos en especulaciones y pleitos personales o de grupos. Exijamos justicia y fin a la impunidad, como también debemos trazar claramente la táctica y la estrategia de la clase obrera así como del pueblo, de la lucha por la soberanía nacional y popular, la construcción de alternativas para la construcción de un nuevo México y un nuevo mundo, que sí es posible y necesario en la era post pandemia y para el que se requiere un pueblo unido y organizado. 

El construir una organización de nuevo tipo es la tarea más importantes de la post pandemia, mejorar los métodos de trabajo y dirección adecuados a los tiempos que corren. Es necesario que sea el pueblo el protagonista y agente activo para los cambios que tenemos que lograr y en la lucha contra el viejo mundo que ya demostró su inviabilidad. No basta que el pueblo se siente a observar a sus “campeones”. Es necesario que se empodere. El sistema capitalista actual se cae a pedazos en el mundo entero en el que todo se complica y convulsiona. Será la clase obrera, así como, todos los sectores constructivos y organizados quienes marquen la salida al abismo en que nos hundieron.  

Vivimos tiempos difíciles y peligrosos, la integración que iniciaron los gobiernos neoliberales a los Estados Unidos de las corporaciones de Norteamérica que someten a México, no se ha detenido. Los pueblos de América del norte, del centro, del sur, del Caribe, sufren una ofensiva sin precedente y están en pie de lucha. El pueblo mexicano debe unirse a todos los pueblos, no someterse a Washington y sus aliados. 

A nivel internacional las contradicciones se agudizan: Estados Unidos se enfrenta a China y también a Rusia. Esos acontecimientos nos afectan y más aún si nos “integramos” para ser parte de la “región norteamericana”, ahora quieren pasar del dominio unipolar al multipolar y dividir al mundo en regiones, encasillándonos a los mexicanos en la “región norteamericana”, pero México no va a ser parte subordinada de una coalición de países, México va a ser Soberano, independientemente de los vecinos que tengamos.  

La clase obrera tiene su propia agenda, más aún cuando se pisotea – con el pretexto de la pandemia – cuanto derecho ha conquistado en 150 años. El empleo, los salarios, las pensiones, la jornada de ocho horas, todo se está negando, como si fuese inevitable, cuando es necesario organizar toda la vida social en torno a la persona, poniendo en primer lugar la garantía de sus derechos, quitando todo poder discrecional a las corporaciones que usan y desechan a los trabajadores.  

En estos tiempos salta a la vista la necesidad de dejar de destinar los recursos – suspendiendo por lo pronto el pago del servicio de la deuda, que es de alrededor de 750,000 millones de pesos – a las corporaciones para dedicar todo el dinero a resolver la crisis de salud y la económica. De resolver el problema del agua, que es acaparada por concesionarios y detener la devastación, la contaminación y abusos de las mineras. Llegó la hora de prohibir el glifosato y los transgénicos; el fracking, como todas las prácticas nocivas heredados del neoliberalismo. Parar la agresión contra las mujeres y los pueblos originarios que son los más afectados en los días que corren.  

Es el momento de dar un viraje completo a nuestros sistemas de educación y de salud que se han visto rebasados y requieren una transformación. Garantizar todos los derechos para todos- 

Acabar con todo el sistema de las corporaciones que viven de la comida chatarra y de enriquecerse con la atención a la salud que para ellas es un negocio, del consumismo desenfrenado, de la afectación al medio ambiente de empresas que siguen laborando – como las mineras y automotrices – en medio de la pandemia sin cuidar la vida de los trabajadores.  

Todo ha quedado al desnudo. El problema y quienes lo causan está a la vista. Ahora tenemos que organizarnos para solucionarlo. Serán los pueblos quienes lo hagan, fuera de ilusiones de todo tipo, de esperar que mágicamente nos resuelvan lo que solo nosotros mismos, con nuestro poder de decisión, asumiendo nuestra soberanía, podremos solucionar.  

Hay alternativas, soluciones sociales y colectivos a los problemas, cada persona debe desarrollar su responsabilidad social al tiempo que exigir sus derechos individuales. Debemos concentrarnos en construir e impulsar esas alternativas, sin perdernos en la marabunta de los problemas y sin caer en la agenda de las corporaciones, de las fuerzas proimperialistas y antipopulares que nos condenan a vernos encerrados en la “región norteamericana” que es “nuestra jaula” y a olvidarnos por lo pronto de nuestros derechos “hasta que pase esto”.  

Hoy estamos viendo claramente la corrupción sistémica que existe, el sistema de partidos que lejos de organizarnos para las soluciones han provocado divisiones, caos y decadencia. Es preciso que siendo mayoría ya no se siga cogobernando con y financiando al PRI, PAN, PRD, MC, PES, Verde. Son patéticas las degradantes las prácticas de los chapulines y la cooptación en el legislativo de diputados que se venden al mejor postor. Que saltan de partido en partido sin principio alguno y que traicionan a su electorado apoyando a descaradamente a los enemigos de la gente que votó por ellos. Sistema de partidos que con membretes partidarios cobija a verdaderos delincuentes. Y en la que los representantes hacen lo contrario de lo que prometieron en campaña. 

Este viejo sistema es un lastre para la transformación profunda y verdadera de nuestra realidad a favor del pueblo. Las instituciones se exhiben con todas sus contradicciones. Su inoperancia, corrupción, fallas, limitaciones y también develan a quienes sirve este viejo sistema que continúa engordando a los poderosos. Se hace necesaria una transformación a fondo, una renovación democrática para sanear la vida pública, empoderar al pueblo y unificarnos para salir adelante. Hace falta una nueva Constitución a 153 años de la de 1917, para que la sociedad se organice en torno a la garantía de los derechos y éstos dejen de ser formales, pura letra muerta como lo son ahora. Una Constitución en el siglo XXI que reconozca los derechos plenos de mujeres, pueblos originarios, comunidad LGBTTTIQA, migrantes, personas con discapacidad, niños y ancianos.  

Tengamos conciencia de que la lucha entre las corporaciones y los pueblos, las potencias y las naciones oprimidas, se agudiza al máximo y contra los proyectos de los poderosos tenemos que enfrentar el proyecto de los trabajadores, así como, de los pueblos para que el mundo se desarrolle en un nuevo clima de armonía, ayuda mutua, solidaridad e internacionalismo. Esa es la agenda que debemos atender. Es la hora de los pueblos originarios que resisten heroicamente al neocolonialismo y al extractivismo, y defienden sus pueblos, su tierra y al medio ambiente, enfrentando a los megaproyectos depredadores. Es hora de lo nuevo. 

Muestra de que esto es posible nos lo da el ejemplo de lucha contra la hegemonía de las potencias: la resistencia de Palestina, Venezuela, Irán, Siria, la lucha del pueblo de EU que se moviliza y protesta contra la brutalidad policiaca y la negación de sus derechos, de Puerto Rico por su independencia, la de los pueblos en Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Haití. Cuba y de las brigadas médicas cubanas, Henry Reeve, ejemplos de todos los movimientos sociales y colectivos que existen en México que abren paso a una alternativa de vida superior.  

Atendamos nuestra agenda sin desviarnos. Es hora de proponer soluciones al viejo régimen que se cae a pedazos. Necesitamos una renovación democrática que permita que el pueblo unido sea el que mande. Hace falta un nuevo sistema político y electoral, económico, social, un renacer cultural que responda a las necesidades urgentes del momento y del futuro. Es preciso enfocar nuestra atención en la construcción de lo nuevo, no en la grilla sino en la alternativa democrática. La profunda crisis que se enfrenta México deja muy claro que sólo lostrabajadoreshaciendo oír su voz,apoyándoseensuspropiasfuerzasyorganizándoseennombre propiopuedendefenderlosderechosdetodosygarantizaruna salida a lasituaciónque sea favorable a toda la sociedad. Esa es nuestra agenda.

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