“La lucha por el pan y por la paz: recomendaciones para la autosuficiencia”.

Mouris Salloum George (*)

Así se titula el libro emblemático de Frank Tannembaum, uno de los más grandes ideólogos del siglo anterior. Activista austriaco que amó a México y del cual muchas recomendaciones sobre el modelo de desarrollo que debíamos adoptar fueron echadas a la basura por mediocres e ignorantes empoderados en su tiempo.

Como dato anecdótico, el día que Francisco Villa tomó Torreón batalla inmortalizada por el corrido “Siete Leguas” de Graciela Olmos, Tannembaum organiza un grupo de anarquistas para asaltar la iglesia de San Alfonso, ¿al sur de la isla de Manhattan?, en demanda de cobijo y pan.


En 1946, público en Estados Unidos “Esclavo y ciudadano”, una radiografía social del problema obrero y sus implicaciones raciales, y convenció a Branch Rickey, dueño de Los Dodgers de Brooklyn, para que contratará a Jackie Robinson, el primer pelotero negro de las Grandes Ligas.

Llegó a México y se enamoró del país; “Conocer México es una obligación moral”, decía, y bajo ese pensamiento recorrió nuestro territorio hasta a lomo de mula para llegar a conclusiones legendarias sobre sus potencialidades, sus limitaciones y sus clases dirigentes, mismas que le aplicaron el 33 para expulsarlo del país, siguiendo las recomendaciones de Edgar J. Hoover, quien lo acusó de actividades comunistas en el período de la caza de brujas.

Ochenta años antes de que todo el mundo reconociera que los daneses ocupaban el primer lugar en el desarrollo tecnológico, en la economía del conocimiento y como país ejemplar entre las naciones emergentes, Tannembaum nos dijo que nuestro modelo debía ser el danés. 

México.- repetía incesantemente Tannembaum.- no estaba hecho para las grandes aventuras, ni para las obras faraónicas, ni para la competencia trasatlántica, pues tenía una población dispersa y pobre, sino que, apegándose a la mejor tradición, debía tener un sentido de la proporción en su desarrollo. 

Desarrollar sus potencialidades, sus regiones productivas, sus industrias domésticas, incrementando su mercado interno y emparejando sus disímbolas regiones; abastecer sus necesidades urgentes, ser autosuficiente en básicos y procurar su fortaleza a largo plazo frente a los embates de la dominación exterior.

Debíamos centrar el desarrollo en las pequeñas comunidades, dotandolas de todo el acerco científico y tecnológico para producir lo que consumíamos y lograr una economía del conocimiento con base en la educación de prospectiva. La revista Problemas Económicos de México, de Daniel Cosio Villegas, fue la que acogió sus planteamientos, causando estupor en los círculos alemanistas, empeñados en el proceso de industrialización estadounidense a cualquier costo. Así nos fué. 

Manuel Germán Parra, asesor principalísimo de Lázaro Cárdenas, llegó a burlarse de Tannembaum, al responder sobre la autosuficiencia regional: ¿vamos a comprar motores de combustión interna con jícaras de Uruapan? Pablo González Casanova: “es rotundamente falso que el campo sea pobre como consecuencia de la industrialización”, ambos contestaban no con argumentos, sino con sofismas.

Eli de Gortari: “Tannembaum asume los caracteres de una novela difamante”. Emilio Uranga: “tiene una clara estirpe enajenante”. Alonso Aguilar:” es simplemente demagogico”, y así por el estilo, los que hablaban al oído de los poderosos acabaron por intrigar al ideólogo. 

Tannembaum no se cansó de repetir que México necesitaba de una filosofía de las cosas pequeñas, no pensar en que su camino era la industrialización a cualquier precio, y menos siguiendo la ruta del modelo norteamericano, lo que es vigente y cierto como una catedral. Seguimos siendo el mismo país atrasado y sin remedio a la mano que el austriaco quería detener en su carrera hacia el fracaso.

Desafortunadamente, no hicieron caso a uno de los más grandes pensadores políticos del siglo. Desgraciadamente, cada día que pasó, México continuó ahogando sus potencialidades y abandonando la autosuficiencia alimentaria y tecnológica. Ahora tenemos obras faraónicas por todos lados, y coincidentemente, cero productividad. El hambre amenazandonos a toda hora. ¿Qué fue lo que falló?

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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