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LA RUTA DE LA SEDA DIGITAL

Alejandro Marcó del Pont*

EL TÁBANO ECONOMISTA 5 de septiembre del 2021 ARGENTINA

Desde hace un tiempo se destaca dentro de la batalla Estados Unidos – China sólo una parte de la disputa, la que tiene que ver con el predominio comercial. En general, ésta se subraya como eje principal la Nueva Ruta de la Seda; sin embargo el proyecto del El Cinturón y La Ruta se divide en dos componentes: el componente terrestre –denominado El Cinturón Económico De La Ruta de la Seda – que unirá a China con Asia Central, Rusia, Europa, el Mediterráneo, el Golfo Pérsico, el sud de Asia y el Océano Índico; y el componente marítimo – denominado La Ruta De La Seda Marítima del Siglo XXI – que atraviesa el Sudeste Asiático para unir China con África y Europa.


Sin embargo, hay un tercer componente de la iniciativa, tan central como los anteriores, pero intensamente borroso: “La Nueva Ruta de la Seda Digital”. Por un lado, infraestructura, torres de telecomunicaciones, ferrocarriles, rutas, puertos, embalses y plantas de energía; es decir, inversión en infraestructura como iniciativa geoestratégica. Por otro, no simplemente una iniciativa, sino una mentalidad: la conectividad global y el ecosistema digital conceptos mucho más amplios que sólo la construcción de infraestructuras tradicionales.

La idea de incorporar todas las áreas tanto de sectores digitales como de las telecomunicaciones, el Internet de las cosas o el comercio electrónico, no es una novedad. Lo original aquí es que, en un extremo del mundo tenemos la disputa de las compañías tecnológicas nativas con el Estado americano; y por otro, el mandamiento del partido Comunista Chino a sus empresas tecnológicas privadas con el lineamiento estratégico de un desarrollo mucho más extenso. Tan amplio que, por cierto, tiene más relación con la producción y productividad nacional que con las distracciones o las redes sociales.

Los líderes del Poder Judicial de la Cámara de Representantes presentaron cinco proyectos de leyes bipartidistas destinados a controlar o incluso dividir algunas de las empresas de tecnología más grandes y ricas de los Estados Unidos. En su conjunto apuntan a los imperios tecnológicos más lucrativos del planeta, como la App Store de Apple, el mercado de Amazon, Google y sus productos Android y YouTube y hasta Facebook y sus subsidiarias Whatsapp e Instagram.

Los resultados podrían traer grandes cambios a los productos más conocidos de la industria. Los proyectos mencionados tienen como objetivo eliminar la “autopreferencia” en la que participan los gigantes tecnológicos – en otras palabras, la desmedida promoción de sus productos relacionados y la reducción de capacidad de sus rivales -. Un claro ejemplo es Facebook, quien facilita publicaciones cruzadas entre su sitio madre e Instagram y que también ha trabajado para integrar sus servicios de mensajería en todas sus apps – Instagram, Facebook Messenger y WhatsApp-.

Hasta aquí todo parecería normal, no hay nada que reparar sobre la regulación de las redes sociales o la eliminación de la cuenta en forma discrecional en las mismas redes, hasta la del presidente de Estados Unidos. La discusión se sigue limitando a los beneficios y la forma de obtenerlo. Ya sea como monopolio o inhibiendo el desarrollo de los competidores, sacándolos de juego y/o adquiriendo sus empresas.