MINERALES CRÍTICOS: LA SUBORDINACIÓN
- Mexteki

- hace 18 minutos
- 3 Min. de lectura

Zósimo Camacho Luces del Siglo. 5 de febrero 2026
Estados Unidos sabrá exactamente qué minerales de su interés se encuentran en México: reservas probables y probadas y en qué lugar del territorio. Además, se asegurará de que su vecino del sur y “socio” realice cambios en su normativa en materia de minería. Por si fuera poco, podrá ordenar el establecimiento de “reservas estratégicas”.
¿Cuáles son esos yacimientos objeto de la ambición estadunidense? “Ciertos minerales críticos selectos por determinar”. Podemos adelantar que en su lista incluirá litio, cobalto, níquel, vanadio, platino, tierras raras…
La Doctrina Monroe (relanzada hace unas semanas como “Doctrina Donroe”) toma forma en documentos como el United States-Mexico Critical Minerals Action Plan, firmado por Jamieson Lee Greer, titular de la United States Trade Representative, y Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía de México.
El Plan de Acción Conjunto entre Estados Unidos y México sobre Minerales Críticos –como puede traducirse el acuerdo, revelado ayer por el gobierno estadunidense– se envuelve en un lenguaje diplomático de resiliencia y seguridad compartida. Sin embargo, una lectura atenta del documento revela los contornos de una estrategia geoeconómica que, bajo la premisa de corregir “distorsiones” y vulnerabilidades, plantea una integración regulatoria y comercial que podría significar una completa subordinación de los recursos estratégicos de México a los intereses de seguridad nacional y económica de su vecino del norte.
La implantación de “precios mínimos ajustados en frontera” y su eventual inclusión en un acuerdo plurilateral establecerá un piso de precios para las exportaciones mexicanas. El objetivo es blindar la cadena de suministro estadunidense de las fluctuaciones del mercado global y –en consecuencia–también de la competencia.
Este esquema, presentado como de “beneficio mutuo”, permitirá asegurar para la industria de Estados Unidos la disposición de los yacimientos mexicanos. Mientras, compromete la capacidad de México para negociar en el mercado abierto y hace inviable cualquier negociación con otros países ávidos de minerales como China y Rusia. Además, se podrían fijar precios que no reflejen las condiciones futuras o el verdadero valor estratégico de los recursos.
La ambición del plan va más allá del comercio. Al proponer la armonización de estándares regulatorios para la minería y el procesamiento, la coordinación en mapeo geológico, el acopio coordinado de reservas e incluso la promoción y planeación de inversiones, Estados Unidos busca, más que un proveedor confiable: un territorio políticamente alineado y regulatoriamente asequible.
El riesgo es claro: la política minera, ambiental y de inversión de México podría moldearse progresivamente para cumplir con los parámetros definidos por una agenda diseñada en Washington. La invitación a identificar proyectos en “terceros países” sugiere, además, una visión de bloque que busca extender este modelo de dependencia coordinada.
El plan, que será desarrollado en un plazo perentorio de 60 días por la USTR y la Secretaría de Economía, evoca un proceso técnico y apresurado que deja poco espacio para el escrutinio público y el debate legislativo. Se habla de “respeto mutuo a la soberanía”, pero la arquitectura descrita implica una cesión de facto de elementos clave de la soberanía económica.
La pregunta es si este modelo de relación económica construye una verdadera asociación entre iguales o consolida, con nuevos y sofisticados instrumentos, una relación centro-periferia donde los recursos naturales de México se movilizan fundamentalmente para absorber las vulnerabilidades y asegurar la competitividad de la economía estadunidense. La resiliencia, en este marco, parece ser un concepto asimétrico: mientras fortalece la seguridad de uno, podría debilitar la autonomía estratégica del otro.
En un primer acto de esta obra, hace un mes Ebrard anunció el regreso de la minería “a mayor escala” en México. Luego, su dependencia se ufanó de que en apenas un año se otorgaron 110 nuevos permisos para proyectos mineros. Y ahora se revela que los minerales fluirán hacia Estados Unidos.
La minería en México y en el mundo está al servicio de la acumulación de capital, nunca de los pueblos. Lo que se anuncia son más problemas sociales y ambientales asociados al despojo de comunidades y la destrucción de la naturaleza.
Por la fuerza, América Latina apuntalará a Estados Unidos en su batalla económica final frente a China. Por lo que vemos, la región ha quemado ya sus barcos. Uno a uno, en su soledad, cada país orienta sus políticas “soberanas” al flujo de los recursos con rumbo al norte. Con mayor o menor violencia, la resistencia que pudieron representar naciones como Venezuela, Colombia o México se ha desdibujado.





Comentarios