Mujeres y la agricultura.

Rocío Luna


Las mujeres son la columna vertebral de la economía rural, especialmente en los países en desarrollo, ya que ellas representan casi la mitad de los agricultores del mundo, y en las últimas décadas han ampliado su participación en la agricultura. El número de hogares dirigidos por mujeres también ha aumentado a medida que más hombres han emigrado a las ciudades. Como cuidadoras principales de sus familias y comunidades, las mujeres son responsables de proveer alimentos y nutrición, y son el nexo que vincula las explotaciones agrícolas y los comedores de los hogares.



Mientras la comunidad mundial procura alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) −entre ellos, el ODS 2, cuyo propósito es poner fin al hambre y la malnutrición a más tardar en 2030− las mujeres pueden convertirse en los agentes del cambio fundamentales en los ámbitos de la agricultura, la nutrición y el desarrollo rural. Con un mejor acceso a la información, la capacitación y la tecnología, ellas pueden transformar la producción y el consumo de alimentos para que la tierra y los recursos se utilicen de manera sostenible.

La proporción de mujeres en la producción agrícola y las actividades posteriores a las cosechas oscila entre el 20% y el 70%; su participación está aumentando en muchos países en desarrollo, en particular en la agricultura de regadío orientada a la exportación, que implica una creciente demanda de mano de obra femenina, inclusive de trabajadoras migrantes.


Aunque estas dinámicas han resultado, en algunos sentidos, beneficiosas, en general la mayor parte de las mujeres de las zonas rurales en todo el mundo siguen viéndose afectadas por condiciones de salud y trabajo cada vez peores, un acceso limitado a la educación y al control de los recursos naturales, falta de seguridad en el empleo y un nivel bajo de ingresos. Esta situación se debe a diversos factores, como la creciente competencia en los mercados agrícolas, que aumenta la demanda de mano de obra flexible y barata, la creciente presión y los conflictos en torno a recursos naturales, la disminución del apoyo de los gobiernos a las explotaciones pequeñas y la reasignación de los recursos económicos a favor de grandes agroempresas. Otros factores son la creciente exposición a riesgos relacionados con catástrofes naturales y cambios ambientales, el deterioro del acceso al agua y el aumento de los riesgos ocupacionales y sanitarios.


Existen suficientes razones por las cuales una agricultura con equidad de género beneficia a todos, además de cómo las energías renovables y accesibles también pueden ayudar.

Si las mujeres en la agricultura se empoderan a través del acceso a tecnologías y energías renovables, pueden ahorrar tiempo y energía física de las actividades domésticas e invertirlas en sus fincas y en la producción de cultivos. Por ejemplo, hay mujeres que usan los biodigestores y han podido ahorrar tiempo y dinero para invertir en sus propios negocios, ya que eso brinda acceso a una energía limpia llamada biogás, ya no necesitan comprar leña o gas LP, el único recurso que necesitan para producirlo es estiércol animal

Según Value4Women, al empoderar a las mujeres, su bienestar familiar mejora considerablemente. Generalmente viven bajo ciertas normas sociales y culturales de género que reducen el tiempo que pueden invertir en la generación de nuevos ingresos. Al tener acceso y estar en posiciones de mayor valor dentro de la agricultura, las mujeres pueden garantizar un mayor ingreso y seguridad alimentaria y de salud para ella y su familia.

La equidad de género ayuda a distribuir las responsabilidades entre los miembros económicamente activos de la familia, ya que un mayor ingreso familiar puede garantizar el acceso a la educación de sus hijos, evitando la necesidad de que trabajen a una temprana edad. Además, la mayoría de las veces las mujeres desempeñan el papel no remunerado del cuidado de los hijos y el trabajo doméstico, lo que convierte al hombre en el único proveedor económico de la familia. Cuando se comparten responsabilidades, las familias también pueden mejorar su dinámica familiar y la producción de sus granjas en todos los niveles.

Cuando las mujeres tienen acceso a roles de negociación, puede tener un impacto positivo en el aumento del rendimiento económico de las granjas. Para esto, deben tener la oportunidad de desarrollar sus habilidades, además de tener el conocimiento y la capacitación necesaria para elaborar productos con mayor calidad.


La seguridad alimentaria en las comunidades rurales también es un beneficio relacionado con la participación de las mujeres en el mercado laboral agrícola, ya que aminora la pobreza de un gran número de hogares, esto tiene un impacto en la seguridad alimentaria de sus comunidades. Por ejemplo, tan solo en América Latina y el Caribe, las mujeres producen el 45% de los alimentos que se consumen en el hogar.


Estos son solo algunos de los impactos más notables del empoderamiento de las mujeres, sabemos que existen barreras y desafíos que enfrentan las mujeres en el sector agrícola.


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