MÉXICO Y CUBA, SIEMPRE HERMANOS
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Pablo Moctezuma Barragán
Hoy más que nunca, México debe redoblar el apoyo a Cuba, en momentos en que el Imperio hace todo por asfixiar a una nación ejemplar. Los pueblos de México y Cuba han sido hermanados por la historia a lo largo de los siglos, por lo que es nuestro deber histórico proporcionar toda la solidaridad posible en defensa de la soberanía, la nuestra y la de la nación hermana. Ambos pueblos se han ayudado mutuamente en las luchas por la independencia, contra el colonialismo y el neocolonialismo.
Cuando el vendepatrias Antonio López de Santa Anna desterró a Benito Juárez, éste se fue a Cuba en 1853 como exiliado y ahí los trabajadores le enseñaron a torcer las hojas de tabaco. Como menciona la investigadora Tatiana Coll, para sobrevivir, trabajó también de lector mientras ellos torcían el tabaco. Ahí desarrolló gran amor por el pueblo que lo acogió en su desgracia. Posteriormente, ese oficio le ayudó en Nueva Orleans a ganarse la vida, mientras regresaba a México a seguir la lucha contra los conservadores.
Después de vencer a los conservadores, el 6 de mayo de 1861, el presidente Juárez prohibió la deportación y venta de indígenas mayas a Cuba, que eran esclavizados por los hacendados yucatecos. Juárez decretó el fin de este vil tráfico y luego persiguió la trata clandestina que en poco tiempo fue erradicada.
Juárez y su gobierno siempre apoyaron la lucha por la independencia y contra el Imperio español de la mayor de las Antillas. Así, el 6 de abril de 1869, el gobierno de Benito Juárez sancionó un decreto que reconocía a los cubanos insurrectos como beligerantes, lo que les otorgaba un estatus internacional para luchar contra España, siendo uno de los primeros en dar tal reconocimiento. Además, durante toda la "Guerra de los Diez Años" (1868-1878), México brindó apoyo logístico y se suministraron armas a las fuerzas independentistas cubanas.
Así Juárez aplicó una política de apoyo a la autodeterminación de las naciones, mostrando solidaridad con los movimientos anticolonialistas, incluyendo la causa de la independencia de Cuba.
Los lazos entre ambos pueblos han sido tan estrechos que se presentan a nivel familiar. Es el caso de Pedro Santacilia Palacios, nacido en Santiago de Cuba, quien por promover la independencia de Cuba de los invasores españoles fue encarcelado y luego exiliado. En Nueva Orleans conoció a Benito Juárez con quien no sólo se hermanó en la lucha, sino que se convirtió en su yerno al casarse con su hija mayor, Manuela Juárez Maza. Durante la Invasión francesa, se encargaba de buscar armas en Estados Unidos para la causa republicana en México, tarea difícil pues el país del norte estaba en plena guerra civil. Fue un apoyo fundamental para Juárez y para la causa de la Reforma en México.
México siempre dio apoyo moral y refugio a los exiliados cubanos. Carlos Manuel de Céspedes, líder de la independencia cubana, agradeció expresamente a Juárez en 1870 por el interés en su guerra y por la sangre generosa de los mexicanos que combatían en Cuba. Hubo muchos combatientes de nuestro país, aproximadamente 50 mexicanos participaron activamente en las campañas independentistas cubanas, destacándose los generales José Inclán Risco y Gabriel González Galván.
José Martí, conocido como el Apóstol de la Independencia cubana, vivió en la Ciudad de México de 1875-1877 y luego en 1894. Su estancia en nuestro país fue clave pues su pensamiento influenció a liberales mexicanos, Tatiana Coll narra que fue: “amigo de Guillermo Prieto, Lerdo de Tejada, Justo Sierra, Matías Romero y tantos otros”. Además de que desde aquí estuvo cerca del movimiento revolucionario de independencia de su patria, el héroe cubano le tuvo gran amor a nuestro país, Tatiana Coll nos recuerda una de sus frases: “México es tierra que todos los cubanos debemos amar como la nuestra; en ella siempre encontró corazón abierto el expatriado triste”.
Martí, como Juárez, era masón, desde joven ingresó en la organización por influencia de José María de Mendive. Se afilió a una logia de la ciudad de Cienfuegos y consta en varios documentos, entre éstos una carta que oficializa su admisión en la organización, que José Martí había escogido el seudónimo “Anáhuac”, mismo que usó para firmar varios de sus artículos. Así rendía homenaje a nuestra tierra y a su extraordinaria civilización ancestral que fue víctima de la invasión española, misma contra la que luchaba el poeta cubano.
El 19 de mayo de 1895, los invasores le dieron muerte al Apóstol en la batalla de Dos Ríos, al oriente de Cuba, cuando montaba su brioso caballo blanco llamado Baconao. Por cierto, la caballería del regimiento compuesto por 800 soldados que acabó con la vida de Martí, se llamaba “Hernán Cortés”. Asombrosa coincidencia.
Juárez y Martí tuvieron en común que lucharon hasta los últimos días de su vida por ver a su patria libre y soberana. Martí, quien siempre manifestó su admiración por el Benemérito de las Américas, escribió en el periódico Patria, el 14 de julio de 1894, un texto titulado “El día de Juárez” que dice: “Juárez, el indio descalzo que aprendió latín de un compasivo cura, echó el cadáver de Maximiliano sobre la última conspiración clerical contra la libertad en el nuevo continente.” Además, escribió: “Él, el tabaquero de New Orleans, el amigo pobre del fiel cubano Santacilia, el padre desvalido de la familia que atendía en Oaxaca la pobre tendera, él, con los treinta inmaculados, sin más que comer maíz durante tres años por los ranchos del Norte, venció, en la hora inevitable del descrédito, al imperio que le trajeron los nobles del país.”
Además, José Martí dijo de Juárez: “Rompió con el pecho las olas pujantes que echaba encima de la América todo un continente; y se rompieron las olas, y no se movió Juárez.” También señaló que “grandes personalidades, luego que desaparecen de la vida, se van acentuando y condensando; y cuando se convoca a los escultores para alzarles estatua, se ve que no es ya esto tan preciso, porque como se han petrificado en el aire por la virtud de su mérito, las ve todo el mundo.”
En el siglo XX se intensificó la relación entre nuestros pueblos y su lucha por la independencia, ahora contra el neocolonialismo encabezado por el Imperialismo yanki. En 1926 llega a México el joven comunista cubano Julio Antonio Mella, importante líder estudiantil, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y organizador de la sección cubana de la Liga Antimperialista de las Américas. Fue expulsado de la Universidad y exiliado de su país por el régimen dictatorial de Antonio Machado. En México participó activamente en las luchas, aquí constituye la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), escribe en el periódico El Machete, apoya luchas obreras y promueve el nacimiento de la Confederación Sindical Unitaria de México (CSUM) que se opondría a la oficialista y charra CROM. El 10 de enero de 1929, mientras caminaba junto a Tina Modotti, su pareja, fue asesinado en la esquina de Abraham González con Morelos.
Es sabido que Fidel Castro tuvo gran apoyo en nuestro país a donde llega exiliado en 1955, funda el Movimiento 26 de julio y fue aquí donde, con el apoyo del mexicano Antonio del Conde “El Cuate”, los revolucionarios cubanos obtienen armamento, se entrenan y consiguen el yate el Granma para partir rumbo a Cuba a liberar al país de la dictadura de Fulgencio Batista.
Fidel, Raúl Castro, Ernesto "Che" Guevara, y otros, fueron detenidos en junio de 1956 en Ciudad de México por la Dirección Federal de Seguridad (DFS) mientras preparaban la expedición en el Granma. Estuvieron presos unos 57 días en una estación migratoria, siendo liberados gracias a la intervención de Lázaro Cárdenas ante el presidente Adolfo Ruiz Cortines. Cárdenas siempre brindó su apoyo a la Revolución cubana.
La fraterna relación diplomática ha sido relevante en varios episodios históricos de ambas naciones. Fue el embajador de Cuba en México, Manuel Márquez Sterling quien, en 1913, intercedió para intentar salvar la vida del presidente Francisco Madero víctima del complot del embajador de EU en México, Henry Lane Wilson. Antes, otro embajador cubano que estrechó lazos con México fue Carlos Manuel de Céspedes, hijo del “Padre de la Patria” de su país. Por el lado mexicano Gilberto Bosques fue embajador de 1953 a 1964 y apoyó en todo a la Revolución cubana, siendo muy cercano a Fidel y al Che, defensor de los presos y revolucionarios perseguidos.
Considera Tatiana Coll que Lázaro Cárdenas y Gilberto Bosques son dos mexicanos que sintetizan lo difícil de los embates de la guerra fría entre tres países fronterizos: México nacionalista, Cuba revolucionaria y Estados Unidos, potencia intervencionista; el 26 de julio de 1953, día del asalto al cuartel Moncada contra Batista; fue el día en que Bosques recibió en Estocolmo su nombramiento de embajador de México en Cuba. Permaneció 11 años; bajo la dictadura de Batista ayudó a salvar a muchos; rescató secuestrados, como lo hizo en Francia enfrentando a los nazis; luego, con la Revolución cubana triunfante, enfrentó las constantes intervenciones de 1960-61, la expulsión de la OEA; la invasión a Playa Girón de abril de 1961, la crisis de los cohetes en 1962; el embajador mexicano Bosques buscó siempre la mediación diplomática en defensa de Cuba.
En 1961 frente a la invasión a Playa Girón, Lázaro Cárdenas llamó a la movilización por Cuba, intentó volar a la Isla, pero el presidente López Mateos lo impidió, encadenando el avión y reteniendo al piloto, entonces Cárdenas se dirigió al Zócalo, repleto de manifestantes y sobre un automóvil dio su discurso de defensa de la Revolución cubana. Ni en la etapa más cruenta e irracional de la guerra fría, México le dio la espalda a Cuba. Durante estos 60 años nuestros pueblos han mantenido relaciones de hermandad, respeto y cooperación.
Otro mexicano que dio su vida por la isla hermana fue Juan Noyola Vázquez, un economista de los más destacados de México, quien fue funcionario de la CEPAL de 1950 a 1960 , estaba en Cuba al triunfo de la Revolución y valientemente decidió quedarse a apoyar la Revolución, se quedó a vivir allá fungiendo como asesor del comandante Che Guevara, cuando era Ministro de Industrias e impulsó la nacionalización, la planificación centralizada y la industrialización rápida, buscando diversificar la economía y reducir la dependencia de Estados Unidos. Juan F. Noyola participó en la creación de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) en la que se desempeñó hasta su muerte como director de Planeación, Inversiones y Balances. Fue asesinado, luego de asistir a la reunión de la FAO (organización de la ONU para la Alimentación y Agricultura) en Río de Janeiro, el avión en que viajaba con la delegación cubana fue objeto de un atentado de la CIA en el que perdió la vida el 27 de noviembre de 1962 al estallar el avión. Juan F. Noyola, todo un héroe, la Facultad de Economía de la Habana lleva su nombre.
Muchos artistas y poetas estrecharon lazos con nuestro pueblo, como Nicolás Guillén y Silvio Rodríguez y qué decir de los cientos de médicos y médicas que han estado apoyando la salud en México en los últimos años. De modo que la solidaridad entre nuestros pueblos tiene un hito histórico innegable.
Cuba y México están hermanados por la resistencia, sus grandes héroes hicieron causa común en la lucha por la soberanía y la independencia, ambos pueblos han mostrado en momentos decisivos su capacidad de llevar a la victoria los anhelos de los pueblos y de ser solidarios con todos los pueblos y naciones del mundo.





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