“Palestina ya no necesita mártires, necesita voces”: delegada mexicana en la Marcha Global por Gaza
- pablomoctezuma
- 10 jul 2025
- 5 Min. de lectura

Radio Red. 3 de julio 2025
Alma Alvarado viajó a Egipto como parte de una delegación civil mexicana que intentó sumarse a la Marcha Global por Gaza. Desde la represión policial hasta el abrazo con las infancias palestinas desplazadas, su testimonio revela las múltiples formas de solidaridad internacional.
En Egipto, a pocos kilómetros de la frontera con Gaza, Alma Alvarado vivió lo que nunca: redadas, detenciones arbitrarias, provocaciones para justificar la represión. “Palestina no necesita mártires, necesita voces”, repite. Y la suya —vocera de la Plataforma Internacional de Solidaridad con la Causa Palestina en México— ha logrado atravesar fronteras. Este es su testimonio.
Alma es también integrante de la Asociación Cívica Mexicanos Unidos. En agosto del año pasado, junto a otros activistas, promovió un amicus curiae —una figura legal de “amigos de la Corte”— para apoyar la demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia. El objetivo: que Israel sea juzgado por genocidio y por apartheid.
“El documento lo entregaron dos compañeros abogados que viajaron a La Haya. Hace poco, el 22 de mayo, estuve en La Haya entregando seis mil firmas más. La intención es seguir respaldando la demanda de Sudáfrica y compartir este trabajo con otros países”, cuenta Alma ya de regreso en la Ciudad de México.
“Queríamos romper el bloqueo, porque sabemos que en la frontera hay toneladas de ayuda que los sionistas no permiten que entren".
Pero su viaje no terminó ahí. Alma formó parte de una delegación mexicana que viajó a Egipto como parte de la Marcha Global por Gaza. “Viajamos doce mexicanos, de distintos estados del país. No representamos a ningún partido político. Somos ciudadanos de a pie, conscientes, solidarios, empáticos con la lucha del pueblo heroico de Palestina.”
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El objetivo era claro: abrir un corredor humanitario hacia Gaza. “Buscábamos reunir fuerzas, corazones, voces de todas partes del mundo”. El plan consistía en encontrarse el 12 de junio en El Cairo y, al día siguiente, partir en autobuses hasta Al Arish, para desde ahí caminar unos 40 kilómetros hasta la frontera de Rafah. “Queríamos romper el bloqueo, porque sabemos que en la frontera hay toneladas de ayuda que los sionistas no permiten que entren. El hambre se está usando como arma de guerra. Usan todas las herramientas a su alcance para seguir perpetrando el genocidio”.
A pesar de los esfuerzos y la voluntad de quienes viajaron para sumarse a la marcha, no fue posible concretarla. “Parafraseando a Hugo Chávez: no fue posible, por ahora”, dice Alma con convicción.
“Desde el aeropuerto había una orden de no permitir esta marcha”
La Marcha Global por Gaza fue concebida como una respuesta civil internacional al sitio impuesto sobre la Franja de Gaza. Convocó a delegaciones de decenas de países con el objetivo de romper simbólicamente el bloqueo humanitario que impide el paso de alimentos, medicinas y ayuda esencial. La ruta original contemplaba partir en caravana desde El Cairo hacia la ciudad de Al Arish, y desde ahí iniciar a pie un recorrido a través del desierto del Sinaí hasta el cruce fronterizo de Rafah. Pero las autoridades egipcias bloquearon el avance desde el primer día.
La represión fue sistemática: hay reportes de activistas detenidos en el aeropuerto, hostales intervenidos, pasaportes confiscados y violencia física en los retenes. Testigos reportaron golpes, amenazas y la participación de fuerzas parapoliciales —conocidas como Baltagiya— para dispersar a quienes se rehusaban a retirarse. A pesar de ello, cientos de personas intentaron reagruparse en la ciudad de Ismailía. Allí, bajo un calor abrasador y en medio de cánticos por la libertad de Palestina, comenzaron las detenciones masivas y el hostigamiento. Fue en ese contexto que la delegación mexicana logró llegar hasta el perímetro de la represión.
“La situación fue muy difícil. Desde el aeropuerto ya se notaba que el gobierno egipcio tenía la orden de los sionistas de no permitir esta marcha”, relata Alma. “A algunos compañeros de otros países ni siquiera los dejaron salir del aeropuerto, los deportaron desde ahí. A quienes logramos entrar, hubo varios a quienes se les retuvo, se les quitó el pasaporte.”
La delegación mexicana, junto con otros internacionalistas, alcanzó a llegar a Ismailía, a 90 kilómetros de la capital. “Ahí fuimos encapsulados por la policía militarizada. Estábamos rodeados. Había infiltrados, golpeadores vestidos con túnicas blancas, que caminaban sobre nuestras mochilas, sobre nuestras manos, para provocarnos. Querían que gritáramos, que nos levantáramos, para generar conflicto y así justificar una represión.”
Los momentos de tensión fueron constantes. “Éramos alrededor de mil quinientas personas. Cuando alguien se levantaba porque lanzaban botellas o porque no entendía qué pasaba, no podíamos ver lo que ocurría del otro lado del círculo. Después vimos videos. Ahí supimos que estaban golpeando a compañeros con mangueras. A otros se los llevaron.”
“Claro que hubo miedo”
Alma habla con determinación y aclara quiénes fueron los responsables: “Fue un acto de intimidación, sí. Y fue un acto de represión. El mundo tiene que saberlo: el gobierno de Egipto se prestó a esa violencia. Pareciera que olvidan que también han sido agredidos por los sionistas. Pero los intereses son muy grandes.”
Tras las agresiones, fueron subidos a vehículos sin saber a dónde los llevaban. “Claro que hubo miedo. No sabíamos si nos deportaban, si nos arrestaban. Yo no hablo inglés ni árabe. Era una incertidumbre total. A la delegación mexicana no nos agredieron físicamente, pero nos subieron a una Suburban y nos regresaron a El Cairo. Nos dejaron cerca de una estación del metro.”
“Me pidieron el pasaporte y el teléfono. Me sentí secuestrada. Lo primero que pensé fue: ¿cómo les aviso a mis compañeros? La advertencia fue muy clara: nada de política. Solo turismo.”
En los días siguientes, las redadas continuaron. Alma fue detenida por más de tres horas en una habitación del hotel donde se hospedaba. “Me pidieron el pasaporte y el teléfono. Me sentí secuestrada. Lo primero que pensé fue: ¿cómo les aviso a mis compañeros? La advertencia fue muy clara: nada de política. Solo turismo.”
Y entonces repite una idea que la atraviesa: “Palestina no necesita mártires. Palestina necesita voces que hablen en el mundo. Por eso estamos aquí. Para seguir levantando la voz por los niños, por las mujeres, por el pueblo de Gaza.”
Tres días con las infancias palestinas
Entre los días 16 y 18 de junio, Alma pasó tiempo en el Centro multidisciplinario Meera Wejdan, un centro comunitario para huérfanos palestinos en El Cairo. Ahí, madres sin hijos cuidan a niños sin familia. Viven en comunidad. “No solo son niños: también hay mujeres que han perdido todo. Se cuidan entre ellas. Los niños reciben clases de pintura, de inglés, hacen juegos. Las mujeres bordan, pintan, tejen. Venden sus productos ahí mismo, porque llegan personas del extranjero a acuerpar.”
Durante tres días, Alma jugó con los niños, llevó fruta, galletas, jugo. “No llegué con las manos vacías. Lo poco que uno puede dar se convierte en algo grande allá. Me comuniqué con ellos no desde el idioma, sino desde la empatía. No me permitieron hacer la marcha, pero pude abrazar a esos niños huérfanos. Y eso es muy valioso.”
La experiencia le dejó una certeza. “A veces la gente quiere ayudar a Gaza, pero no sabe cómo. Este centro en El Cairo es una opción muy concreta, muy real. Son unos 40 niños y alrededor de 25 mujeres. Ahí está la posibilidad de brindar apoyo inmediato.”
“Palestina somos todos”
Alma Alvarado no habla desde la teoría. Habla desde la práctica, desde el activismo, desde los ojos que vieron la violencia y la ternura en un mismo viaje. “Palestina está en todas partes. Palestina somos todos. Defender al pueblo palestino es defender a la humanidad”, dice. Y su mensaje irradia como eco a los distintos territorios. “Sigamos haciendo lo que nos corresponde”, concluye.





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