REMESAS

Pablo Moctezuma Barragán

El Día Internacional de las Remesas Familiares se celebra el 16 de junio para reconocer la contribución de los trabajadores migrantes al bienestar.

Hay 200 millones de trabajadores migrantes, en 40 países, enviando fondos para apoyar a 800 millones de personas en 125 naciones. Las remesas -los miles de millones de dólares enviados por los trabajadores migrantes a sus países de origen- son parte del sistema financiero mundial y más del 5% del PIB de más de 60 países, más que la inversión extranjera o la asistencia para el desarrollo. En 2019, las remesas a estos países alcanzaron un récord de 554 mil millones de dólares, según el Banco Mundial.


En medio de la pandemia en 2020 las remesas rompieron récord alcanzando 40 mil millones de dólares, superando 17 mil millones de ingresos petroleros y 11 mil del turismo. Tradicionalmente las remesas, el turismo y la exportación del crudo son las principales fuentes de divisas. También superó a la inversión extranjera de la que se recibieron 29 mil millones de dólares y las exportaciones agroindustriales 39 mil millones.

El Banco Mundial había proyectado una caída en el mundo del 20% de las remesas, pero en México no han dejado de crecer. Son producto de la migración, abandono de hogares, separación de familias, peligros, ir lejos a un país que los discrimina y niega todo derecho. La migración en México lo provoca que más del 50% de la población viva en pobreza, en un país de los más desiguales, un 50% en la informalidad, con falta de seguridad social y prestaciones y un deterioro de los salarios contractuales del 80% de poder de compra comparado a 1976, con millones de desempleados en un país donde los salarios representan apenas el 30% del ingreso nacional y las ganancias más del 60%. El neoliberalismo nos empobreció a los mexicanos, la economía nacional creció en un irrisorio 2% desde 1982 incapaz de generar empleos y salarios dignos. Nuestro país en ruinas desde hace 40 años, empujó al extranjero a más de 10 millones de mexicanos. Llegan a un país donde su vida no vale nada, sus familias son acosadas y destruidas, se les criminaliza sólo por el delito de trabajar, se les desprecia. Por ganarse la vida muchos encuentran la muerte. Murieron 3,800 migrantes de 2014 a 2019. Ese año fatalmente murieron más de 810 personas mientras cruzaba desiertos, ríos y áreas remotas de las diferentes rutas migratorias. En este año 2021 en solo cinco meses, 115 migrantes fallecieron en el desierto de Texas o en las montañas de Arizona. Además, sufren la separación de sus hijos. 3 mil 913 menores fueron apartados de sus padres en la frontera en el gobierno de Trump,

En los años del neoliberalismo han emigrado más de 10 millones de mexicanos, la gran mayoría están indocumentados y no les reconocen derechos por lo que trabajan en calidad de esclavos modernos, con condiciones de vida precarias e interminables horas laborales. Se sacrifican, ahorran, viven hacinados y mandan dólares a México. En México hay alegría por la llegada de ese dinero del exterior. Pero es una tragedia que en lugar de generar riquezas gracias al desarrollo nacional sustentable, los mexicanos tengan que emigrar al extranjero, a realizar los trabajos más duros, convirtiéndose en esclavos modernos, para mandar dinero a sus familias.

Y este año el fenómeno aumenta, las remesas que llegaron al país en abril pasado se incrementó 39% comparación con el mismo mes de 2020. Pero siguen en peligro. Joe Biden expulsa a más mexicanos que en la era de Trump. En enero-mayo regresó a 84,826 y se prevé que siga así. Del total de deportados, 12% son niños y adolescentes. En ese grupo, 1,166 fueron devueltos solos, según el INM.

Así como se sacrifican los trabajadores y ayudan a la recuperación económica, deberían hacerlo las grandes corporaciones que adeudan 700 mil millones al SAT. De hecho, hace falta una reforma fiscal progresiva, los grandes contribuyentes pagan el 1.3 de ISR mientras los salarios 11.4. Lo que ha permitido a 10 mexicanos acumular 190,000. Hace falta un impuesto a la riqueza y suspender el pago de la deuda para dedicar recursos a salud, economía y luego negociar quitas. Que el peso de la crisis no la paguen los trabajadores solamente.