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Trabajo, descanso, salud y ocio: la lucha urgente este 1 de Mayo

Abril 27, 2021. Por Paola Martínez González. Revista Contralínea

La afirmación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es contundente “Algunas de las cuestiones cruciales en materia de tiempo de trabajo en la actualidad son idénticas a las que llevaron a la adopción del primer Convenio de la OIT en 1919 […] el exceso de horas de trabajo y los periodos inadecuados de descanso y recuperación, que pueden ser nocivos para la salud de los trabajadores y aumentan el riesgo de accidentes de trabajo”. Es decir, en lugar de alcanzar la demanda planteada desde finales del Siglo XIX, para que todas las trabajadoras y trabajadores, mínimamente, pudieran tener derecho a 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de ocio, en las últimas cuatro décadas nos hemos alejado de esta aspiración.


Particularmente en México, de acuerdo con especialistas del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM): “las y los trabajadores para tratar de nivelar su calidad de vida, han tenido que aumentar el tiempo para trabajar, rebasando las 8 horas de duración de una jornada de trabajo que por ley se establece, por lo que se normalizaron las jornadas de trabajo de 12 o hasta 16 horas por día”; una situación agudizada por la pandemia, en general, y el teletrabajo en particular.

Por otro lado, como ha documentado el CAM, desde la década de 1970 la pérdida del poder adquisitivo del salario –en más del 70 por ciento–, ha afectado el acceso de los trabajadores a la Canasta Alimentaria Recomendable –fijada hasta el 2018 en 264.84 pesos diarios frente a los 141.7 pesos del salario mínimo nacional actual, pues “para que con un salario mínimo, por cada 8 horas, pudieras alcanzar el mismo poder adquisitivo de los años 70, en los que el salario cubría más que solamente la canasta de alimentos, tendrías que trabajar aproximadamente 67 horas al día (sí, muchas más horas de las que tiene un día), es decir, trabajar 7 veces más de lo que se hacía entonces” (sic).

Mucho trabajo, poco descanso e ingresos insuficientes, sin duda, se han traducido en el deterioro de la alimentación y salud de los trabajadores y sus familias, con los resultados dramáticos que hemos podido constatar durante el desarrollo de la pandemia en el país. Según datos proporcionados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en México sólo el 20 por ciento de la población está bien nutrida, pues los altos índices de pobreza y trabajo informal predominantes van de la mano con una población carente de alimentos o subalimentada.

Trabajar hasta el último aliento

La explotación y la precariedad romantizadas se suelen nombrar, también, como “amor al trabajo”, “libertad para emplearse en donde cada uno decida” o “you can do it, ¡sé un exitoso emprendedor!”; aunque, en términos llanos, podría ser trabajar hasta el último aliento. Para los trabajadores formales en edad de jubilación, a menudo, significa no poder jubilarse, pues su salario se reduciría sustancialmente o porque no alcanzan a completar las semanas de cotización (por una variedad de circunstancias ajenas a ellos); entre los trabajadores informales suele traducirse en que, luego de décadas de